Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas

23.2.18

Figuras del Adviento y de la Cuaresma: JUAN, el hijo de Zacarías - JUAN, el Bautista


Juan, hijo de Zacarías


1. Una forma antigua de llamar a las personas
 
Sabemos que la sociedad judía del siglo I a.C. era machista (mucho más lo eran las sociedades de su entorno); y que la mujer no contaba mas que como una posesión de su marido, que era quien en realidad contaba: el padre, cabeza de familia agrícola o ganadera de signo patriarcal («Tu esposa será como parra fecunda en la intimidad de tu casa; tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa. Así es bendecido el varón que teme al Señor»: Salmo 128[127],3).

Esto se denotaba al llamar a las personas: se llamaba a los varones (no a las mujeres, mas que en excepciones), que eran conocidos por su filiación paterna, eran “hijos de su padre”, no “de su madre” o “de su padre y de su madre”. Por ejemplo: los apóstoles Santiago y Juan, hermanos, vienen designados como “de Zebedeo” o “los de Zebedeo”, nombre del padre de ambos, pero nunca se les llama “los de su madre” (de hecho, no se dice el nombre de su madre, ya que la única vez que aparece [Mt 20,20-21] se la denomina “madre de los hijos de Zebedeos”: solo cuenta en función de haber engendrado a 2 varones, hermanos entre sí e hijos de Zebedeo, marido de ella). Solo los exegetas dicen que era Salomé (Mc 15,40-41; 16,1), de las 3 mujeres seguidoras de Jesús.


2. Juan, el de Zacarías
 
Figura del Nuevo Testamento. Es el primer personaje humano que aparece como protagonista en algunos Evangelios, como el de Marcos (Mc 1,4) o el de Juan (Jn 1,6). (Mateo antecede la genealogía jesusana; Lucas se dirige primero a Teófilo, luego habla de Juan: Lc 1,5-25; 41.44.57-80; 3,1-22: es quien más datos da de él: nombre de su padre, Zacarías; nombre de su madre, Isabel –dar el nombre de la madre es, pues, aquí, la excepción que confirma la regla).

Pero es que Lucas se fija en especial en las mujeres: tanto en su evangelio de la infancia (Lc 1-2) como en el resto. En aquél habla de: mujer 1, mujer 2 (Isabel y María); varón 1, varón 2 (Zacarías y José); niño 1 y niño 2 (Juan y Jesús). Responde a un esquema ‘típico’, basado en varios typos, en función de la fe en Dios de cada una de esas personas (tipos de fe, modelos de fe). Centrémonos en el ‘niño 1’: Juan, el hijo de Zacarías.
 
Juan (el de Zacarías, el Bautista) es una figura de Adviento
(pero también es una figura de la Cuaresma)


Juan, el Bautista
 
3. Juan, el Bautista 
 
Normalmente es éste el nombre que le damos, el que nos es más conocido y agradable a los oídos. Pero no era su función primordial; solo es ésa la función que aparece primera en los evangelios (repetida en los cuatro), y por eso la tradición le puso ese sobrenombre: el bautista.
Pero hay “otro” Juan, el el que nació y creció sin haber nunca bautizado a nadie. Era el Juan, hijo de Zacarías. Volvamos, pues, al hilo del discurso que dejamos en el apartado anterior.


Juan (el bautista, el hijo de Zacarías), pintado por Leonardo Da Vinci

 

4. Dos Juanes (que son el mismo): el de Zacarías (Adviento) y el Bautista (Cuaresma) 
 
Digamos que la liturgia actual (postconciliar) ha creado dos personajes distintos o un mismo personaje pero diferenciado según los momentos litúrgicos. Es nuestro Juan, como vemos.
 
Para Adviento los liturgistas seleccionan unos textos donde sale Juan, pero no se hace hincapié en su función de bautizar; eso se deja para después.
En la Cuaresma –el 'después'– sí que aparece este personaje en su función más conocida, la de bautizar, para la conversión. Porque bautismo y conversión van unidos íntimamente: el de Juan es un bautismo de conversión. El de Jesús lo será en el Espíritu.

Y en Adviento ¿qué? En Adviento, Juan predica, amonesta, da testimonio; pero antes, mucho antes de eso, en Adviento Juan nace del seno de Isabel, otro personaje del Adviento, al igual que su padre Zacarías (cobra menos importancia que su mujer); Juan es niño –por un lado– y es mayor –por otro–.

Juan es anunciado, es nacido, es crecido... Juan se marcha de casa (suponemos) y se pone a predicar. Parte de eso lo tenemos en Adviento y parte lo tendremos en Cuaresma.

Los dos Juanes: Juan el de Zacarías y Juan el Bautista; uno para Adviento y otro para Cuaresma (al gusto del consumidor litúrgico).
Juan de Adviento y Juan de Cuaresma. En Adviento: nos quedamos con el Juan de Adviento: el hijo de Zacarías. Y en Cuaresma: nos quedamos con el Juan de Cuaresma: el Bautista.

 

19.12.17

Figuras del Adviento: el "resto" de Israel

Ya nos avecinamos al final del Adviento. En realidad estamos en el IV Domingo de Adviento, pero al tener esta 4ª semana de Adviento pocos días hábiles (sábado 23, domingo 24), y ya entrar de lleno en la Navidad (vigilia del domingo 24 al lunes 25, lunes 25...), viene a ser como un preludio de la Navidad, una especie de 'larga víspera' de la Natividad.

Por eso, propongo ahora una curiosa figura de Adviento, que en realidad no es una figura sino un colectivo de ellas: unas cuantas, unas muchas, bastantes..., quizá innumerables. Es el grupo englobado bajo la expresión "el resto de Israel".

¿Y quiénes formaban parte de ese resto de Israel? Los piadosos, los devotos, los temerosos de Dios, los que escuchaban la Palabra de Dios y la cumplían, los que esperaban al Mesías (aunque con ideas muy distintas y, aún, muy dispares y contrapuestas)... Entre ellos se encuentran María la Virgen, su esposo José, la pariente de María llamada Isabel, el esposo de ésta: Zacarías, el niño de ambos: Juan (luego llamado el Bautista); también, otros personajes que no aparecen ahora y que aparecerán en el tiempo litúrgico de Navidad, como el anciano Simeón, y la anciana Ana; o los pastores (aunque quizá no fueron previamente tan conscientes de la espera-venida del Señor, y solo lo fueron más tarde, cuando el anuncio del ángel... o tal vez, por ser sencillos, estaban más predispuestos...).

¿Cómo formar parte hoy de ese 'resto de Israel'? Cronológicamente hablando es imposible, claro está. Pero si 'el nuevo Israel' viene a ser la Iglesia de Cristo (la universal, toda unida), así como la Jerusalén de entonces es la Jerusalén de hoy (ciudad histórica, geográfica), pero la Jerusalén celeste es la "ciudad santa" en que viviremos en la vida eterna..., entonces, de algún modo misterioso y no del todo explicable, podemos formar parte hoy del 'resto del nuevo Israel', de la Iglesia que peregrina y que espera a su Señor (la misma que ha repetido durante todo el Adviento: «Ven, Señor Jesús» (en himnos y responsorios).

Como el Señor Jesús ya vino (venida histórica -1ª), viene cada día (venida existencial y dinámica o espiritual -2ª) y vendrá al final de los tiempos (venida teológica -concretamente 'escatológica' en cuanto que habla del 'ésjaton', que en griego viene a ser el final de este tiempo y el inicio del tiempo no cronológico sino del tiempo eterno de Dios -que llamamos 'vida eterna'-, y que mientras tanto, andamos en el tiempo cronológico, que también puede ser salvífico ['kairós'] -3ª- mientras peregrinamos en fe por el tiempo concreto de nuestra vida/existencia en la tierra y nos dejamos salvar por Dios). Como esas tres venidas se dan o se darán en nuestra Historia, podemos abrirnos en la 2ª venida, que es la más cercana para nosotros, con el fin de que espiritualmente venga Jesucristo a nuestra vida, casa, trabajo, grupo, movimiento, comunidad, ciudad, espíritu, iglesia...

Por tanto, imitando las actitudes de espera esperanzada, de paciente espera, de activa espera, como tuvieron todos y cada uno de esos mencionados personajes de Adviento que conforman el grupo del resto de Israel, imitándoles, pues, nos convertimos en el nuevo resto de Israel, que sigue esperando a su Señor, aun sabiendo que ya vino y que vendrá definitivamente; pero, por eso mismo, durante el 'mientras' (el ya pero todavía no) nos pertrechamos con las armas del Adviento (fe, alegría, esperanza, paciencia, misericordia, servicio, silencio, escucha, oración, entrega, aceptación,...). Todas estas 'armas' espirituales las hemos ido viendo o percibiendo a lo largo de las diversas 'figuras del Adviento' (desde Isaías hasta Juan -de Zacarías-, pasando por las varias perspectivas de la Virgen María). Ahora nos toca a nosotros, cada uno en particular, decidir si estamos dipuestos a ser parte...


(Fuente de la última imagen: "Oración para la víspera de la Navidad")

20.8.17

Profecía de Zacarías: paz en Jerusalén

 La lectura primera del Oficio de Lecturas de ayer (jueves de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario -en el oficio coral católico-) traía un largo pasaje: todo el capítulo 8 del Libro del Profeta Zacarías o Profecía de Zacarías (que encontramos en el Antiguo Testamento, entre los llamados "Profetas Menores", libro que se halla entre el del Profeta Ageo y el del Profeta Malaquías -éste es el último libro de la Biblia hebrea; por tanto Zacarías es el penúltimo, tanto de la Biblia hebrea como del Antiguo Testamento para nosotros).


Para entender mejor quién es el autor y su época, qué dice en su profecía y porqué, copio dos párrafos de una introducción al Profeta Zacarías (que se hallará en la Biblia editada por la editorial San Pablo, a cargo del biblista Evaristo Martín Nieto y su equipo de colaboradores).

«Zacarías ("el Señor se acuerda") nació probablemente en el seno de una familia sacerdotal (cf. Zac 1,1; Neh 12,4.16), y ciertamente sus vaticinios tienen un marcado sello levítico. Comenzó su carrera profética unos dos meses después que Ageo (cf. Zac 1,1 y Ag 1,1.15), con el que coincidió un mes, durante el que se apoyaron mutuamente en la exhortación a reconstruir el templo. Él continuó su ministerio dos años más, entre el 520-518 a.C., durante el reinado de Darío de Persia, sucesor de Cambisés (Zac 1,1.7). Tiene, como Ageo, la preocupación por la restauración del templo; pero su preocupación principal fueron los valores morales, la pureza y santidad de vida (cf. Zac 7,5s.9s; 8,19). Se considera a sí mismo como continuador de los profetas anteriores (cf. Zac 1,4; 7,7.12).
Cronología del período del Profeta Zacarías (520-518 a.C.)
»Los autores están de acuerdo en que la primera parte del libro es del profeta Zacarías (capítulos 1 al 8). (...). En la primera parte la preocupación está en la restauración del templo (...).
»El contexto histórico de la primera parte es el de Ageo, bajo el dominio persa y con no pocas dificultades para llevar a cabo la reconstrucción del templo. (...).
»La primera parte (caps. 1-8) contiene una introducción (1,1-6), ocho visiones con sentencias proféticas a modo de comentario, (...), y un apéndice mesiánico (7,1-8,23). En ella el profeta trata de llevar un mensaje de fe y esperanza a la comunidad ante las adversidades que sufre: Dios dará la salvación, pero exige previamente la conversión. El contenido fundamental es el anuncio de la era mesiánica, que vendrá con seguridad y pronto. Se caracterizará por la reconstrucción del templo y de Jerusalén (1,16; 8,3), la vuelta de todos los dispersados (2,8; 4,5; 6,15; 7,7s), la venida de Dios a la ciudad reconstruida (8,3), el aniquilamiento de las naciones opresoras de Judá (2,1-4), la conversión de las naciones (2,15; 8,20-23), la destrucción del pecado (3,9; 5) y el establecimiento de la paz (3,10; 8,12)».
    
«Pedid la paz para Jerusalén:
"Que vivan tranquilos tus amigos,
que reine la paz dentro de tus muros
y tranquilidad en tus palacios".
Por mis hermanos y compañeros,
diré: "La paz esté contigo".
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo la felicidad»
(Sal [122] 121, 6-9)

(Jerusalén, en hebreo Yerushaláyam, tiene dentro de sí la raíz de la palabra shalom, paz; por eso es llamada también Ciudad de paz o Ciudad de la Paz) 

  
Profecía de Zacarías
Capítulo 8 (versículos 1-8)

Perspectivas de salud mesiánica
1 El Señor todopoderoso m dirigió esta palabra:
Esto dice el Señor todopoderoso:
2 «Estoy enamorado de Sión
con un amor lleno de celos,
y una gran cólera se enciende en mí a favor suyo».
3 Esto dice el Señor omnipotente:
«Vuelvo a Sión
y habitaré en Jerusalén.
Jerusalén será llamada
de nuevo ciudad fiel,
y la montaña del Señor omnipotente,
montaña santa».
4 Esto dice el Señor omnipotente:
«Ancianos y ancianas
se sentarán todavía
en las plazas de Jerusalén;
tendrán un bastón en su mano
a causa de sus muchos años,
5 y las calles de la ciudad
estarán llenas de niños y niñas
que jugarán en sus plazas».
6 Esto dice el Señor omnipotente:
«Si el resto de este pueblo juzga
que esto es imposible,
¿lo tendré yo que juzgar también
como imposible?»,
palabra del Señor omnipotente.
7 Esto dice el Señor omnipotente:
«Libraré a mi pueblo
del país de oriente
y del país de occidente;
8 yo los traeré
para que habiten en Jerusalén.
Ellos serán mi pueblo,
y yo seré su Dios
en la fidelidad y en la justicia».


¡Qué bellas imágenes utiliza el profeta Zacarías!:
    
1) los ancianos -que se sirven ya del bastón, por la muy larga edad y los achaques- que hablan tranquilamente en las puertas de las casas, en las plazas del pueblo, de la ciudad;
2) los niños que juegan en las plazas, en las calles de la ciudad y del pueblo...

Si los ancianos siguen viviendo es que ha habido un tiempo largo de paz, en el cual han perseverado pacíficamente las personas hasta llegar a su ancianidad, en paz, y pueden compartirlo con otros ancianos -llegar a la ancianidad no sería una excepción, sino la regla- y compartir tranquilamente el tiempo vivido, las vivencias de un tiempo pasado...

Si los niños juegan en la calle es que las calles y las plazas de la ciudad no están ocupadas por los ejércitos en guerra o por los bandidos o por los francotiradores... Si las calles están llenas de niños y de niñas, es que las calles están limpias de guerra, llenas de paz, y los niños las llenan de su alegría, de su jolgorio e inocencia, de su algarabía, que alegra la ciudad y da esperanza a los mayores: esos niños jugando muestran la paz de la ciudad...



«Los hijos son un regalo del Señor;
el fruto de las entrañas, una recompensa.
Como flechas en manos del guerrero,
así son los hijos de la juventud;
dichoso el que llenó de ellos su aljaba»
(Sal [127] 126, 3-5a)

 Bibliografía recomendada:
Un sencillo folleto para leer y entender el libro del Profeta Zacarías,
junto con otros profetas menores:
Cuadernos bíblicos, nº 90 - Ediciones Verbo Divino, Estella (Navarra)

27.1.14

Espiritualidad de la empresa (en 13 preguntas-respuestas, con recursos, blog, conceptos y bibliografía)

Haciendo un juego o cambio de palabras, se podría decir que lo que hizo Jesús de Nazaret fue una excelente empresa, que involucró a su familia y a sus amigos (como en algunas franquicias) y se extendió por todo el mundo; y a partir de ahí, se podría tirar del hilo y elaborar algo con tintes espirituales, sin salirse de la doctrina católica.

Pero no es de eso de lo que pretendo tratar al hablar de “espiritualidad de la empresa”. Es de otra cosa…

 
Empresa, negocio, administración y dirección de empresas
Trabajadores, empresarios, patronal, sindicatos...
 
Derecho laboral, riesgos del trabajo, médico de empresa...
Recursos humanos, capital humano, sector servicios...
 
Publicidad y relaciones públicas, comerciales, consultores, formación para empresas, márketing, liderazgo, competitividad...
 
Gestión, mercado, accionariado, bolsa, movimientos empresariales, fusiones, transferencias, opas, absorciones, compras, ventas, préstamos, cesiones, donaciones...
 
Empresa solidaria, ecológica, empresa local, familiar
 
Multinacionales, empresa privada, pequeñas y medianas empresas (pymes), empresas públicas (funcionarios), empresas sociales...
 
Un sinfín de conceptos, de ideas, de realidades… tan cotidianas como la vida misma.
 
Todo ello nos habla y nos recuerda la vida de la empresa y todo lo que tiene relación con ella.
Muy bien; hasta aquí, de acuerdo.


Ahora, unas preguntas, con respuestas breves:
 
1) ¿Tiene algo que ver la espiritualidad con todo ello? Sí que tiene que ver. Veámoslo:
 
2) ¿Es útil? Sí, y mucho.
 
3) ¿Para qué sirve? La labor empresarial desde el punto de vista espiritual (y al reves: la espiritualidad desde el punto de vista de la empresa) es utilísima para crecer y para afianzarse con importantes cuotas de mercado; además es altamente competente.

4) ¿Qué se necesita? Precisa sólo de un fuerte esfuerzo en sensibilización, en formación y mantener los índices de compromiso espiritual.
 
5) ¿Aporta ganancias? Al decir "ganancias" pensamos en el resultado de la inversión: ¿aporta, pues, ganancias? Depende del riesgo que se corra en la inversión, especialmente en el I+D+i (que es la sigla para decir: Investigación + Desarrollo + innovación): directamente proporcional, cuanto más, más; pero ha de tenerse en cuenta la ley de oro: discreción, que es la que atempera todas las virtudes (para evitar burbujas inmobiliario pseudo-espirituales, vanos paraísos fiscales-religiosos y demás zarandajas pseudo-profundas y pretendidamente comprobadas).

6) ¿Cuánto cuesta? Cuesta algo, porque -según el dicho- lo bueno algo cuesta.
 
7) ¿Tiene seguridad social? Sí que tiene seguridad, más que social, trascendental, que incluye lo social y llega más allá.

8) ¿Qué tiene que ver la espiritualidad con la empresa? Es un modo cristiano por el cual la empresa puede sobrevivir al mercado, a las leyes de mercado (intervenido o no por el gobierno), a las ideas económicas, a las fluctuaciones y, especialmente, a las crisis más profundas (las que matan el espíritu).

9) ¿Y cómo es ese “modo”? Muy sencillo: un ramillete de virtudes, afianzadas en una moral de máximos (no de mínimos) y apoyadas en la fe en Dios (que es comunidad de amor) y en la Iglesia (que es asamblea de creyentes).

10) ¿Puedes decir algunas de las características de la empresa, desde la espiritualidad? La empresa, desde esta orilla, es familia, lugar donde se da el discernimiento, la confianza y el afianzamiento, lugar donde se personalizan los valores y las virtudes; se potencia a la persona. Por eso, se incluye la conciliación laboral, la justicia en la distribución de tareas y bienes, se vela por la dignidad de la persona, previendo los riesgos de la deslocalización y de otras técnicas de mercado.

11) ¿Con qué medios? Con unos medios sencillos: el buen hacer y el apoyo mutuo, el servicio como máxima principal (servir para regir: liderazgo; servir para co-crear: cadena de montaje; servir para comunicarse y comunicar el producto: márketing; etc.).

12) ¿Cuál es la finalidad? Es el modo de deconstruir Babel (el símbolo bíblico de la confusión completa entre los hombres y la desunión de éstos con Dios) y, en cambio, construir o reconstruir la Jerusalén futura (imagen bíblica de la ciudad santa), la que bajará vestida de novia, cuando se instaure el reino de Dios en la tierra.
La finalidad, por tanto, es construir el reino de Dios, también desde el ámbito de la empresa.

13) ¿Y en qué tiempo? Es algo lento, la verdad, y el resultado final quizá no se alcance a ver en vida del empresario ni en la de la misma empresa: sólo resultados parciales; pero el convencimiento que da la esperanza, hará trabajar a todos con fe y con amor, que es otro modo de llamar al servicio; recordemos: He venido para serviros.

Así se pone en práctica la espiritualidad de la empresa.

Otro día veremos más. Hasta entonces, sed felices.
Y recuerda: busca, compara y si encuentras algo mejor, cómpralo o adquiérelo (ver los pasajes evangélicos de Mateo cap. 6, versículo 33 y cap. 7, versículo 7; y también la 2ª Carta de S. Pablo a los Corintios, capítulo 13, versículo 11). Porque ese lema comercial y empresarial (muy famoso en la España de los 90) es como decir: Examinadlo todo, y quedaos con lo bueno (frase de la 1ª Carta a los Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 21).

EMPRESA
Recursos en internet para la formación permanente:
1) Definiciones de "empresa", con explicaciones escritas y vídeos pedagógicos: ver aquí. 
2) Fases del desarrollo de una empresa: ver aquí (fuente de la cuarta imagen del doctor auscultando).
3) Para ver las partes que tiene o de que se compone una empresa de consultoría de empresas: aquí.
4) Otro artículo interesante (sobre los servicios): ver aquí. 

ECONOMÍA
Para entender la economía (y, dentro de ella, la empresa) desde una clave cristiana, recomiendo muy encarecidamente visitar el blog de mi amigo y profesor Enrique Lluch Frechina:
 
Por una economía más humana

CONCEPTOS
- la Doctrina Social de la Iglesia,
- el comercio justo,
- la justicia distributiba y la redistribución de la riqueza,
- las ONGD (organizaciones no gubernamentales para el desarrollo),
- la caridad fraterna y la comunión de bienes,
- la ecología y la espiritualidad, junto con el cuidado de la tierra,
- la dignidad de la persona, en torno a sus derechos y obligaciones,
- la necesidad de realizar un trabajo y la co-creación del hombre en el mundo,
- el servicio a los hermanos, (por medio de la actividad empresarial y económica),
- la austeridad (gastar y consumir lo necesario, no lo superfluo)
- no crear necesidades ficticias para el enriquecimiento egoísta,
- no acumular capital innecesariamente sino distribuirlo para crear mayor riqueza,
- la misericordia y la justicia con los excluídos de los sistemas económicos y empresariales,
- el apoyo a los emprendedores,
- los riesgos de la deslocalización, del despido libre, de los minijobs, de los sobresueldos...
- la comunicación intraempresarial, y la comunicación del producto (publicidad, márketing),
- la conciliación familiar-laboral, la igualdad de salarios entre varón y mujer, y zonas geográficas
- la formación y el apoyo a los trabajadores y a los empresarios...

BIBLIOGRAFÍA
Muchas de estas ideas están reflejadas en las diversas encíclicas papales y documentos pontificios, por ejemplo la encíclica del beato papa Juan Pablo II, Laborem exercens, o también la del papa emérito Benedicto XVI, Caritas in veritate [una introducción en pdf aquí] o la exhortación apostólica del papa Francisco Evangelium gaudium. Son documentos muy importantes.

Y todo ello se ve resumido en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado en la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos), Madrid, tomo de la BAC maior 79. (Aquí, índice y presentación.)

Consultable ese Compendio en internet, dentro del sitio web del Vaticano, clic aquí. O también, lo mismo, pero viendo el índice en pantalla y luego descargándoselo en formato PDF, clic aquí. Y una síntesis de dicho compendio, en formato PDF, realizada por un equipo de trabajo chileno: aquí. 
 

12.11.13

La muerte compañera

La muerte compañera

Ésta es la profunda reflexión de una carmelita descalza española, tras la muerte de su padre.
(Está publicada en su blog llamado «Juntos andemos» [frase de Sta. Teresa de Jesús])

Me uno a ella y a sus sentimientos, a su vivir y experimentar la muerte tan cercana...

Me hace recordar (y revisar) lo dicho sobre la muerte (en 2 entradas del 2012 [1] y [2]).
Mejor hablar por experiencia que solo por idea o intuición...

Fray Palabra

12.10.13

Apoyo a «Menudos Corazones»



Hay una ONG en Madrid que da soporte a familiares y niños con enfermedades congénitas del Corazón, se llama «Menudos Corazones».

Han grabado un video especial, de 1 min. y 1/2 con mucho cariño, en el que han participado muchos amigos sin pedir nada a cambio.

Tienen un reto: conseguir cuantas más visitas al vídeo con visionado completo en 24 horas.

Si conseguimos las visitas, la Fundación Telefónica donará una cantidad de dinero para ayudarlos… a seguir ayudando.

Cuento contigo y con todas las personas a las que puedas mandárselo, comunicárselo y reenviárselo.

Se trata de difundirlo y sumar visitas. Cuanta más difusión, mayor impacto y mayor contribución solidaria.

La URL del vídeo es: http://www.youtube.com/watch?v=OM5e6G9KaAY 
Y si lo quieres colgar en tu blog, es: http://youtu.be/OM5e6G9KaAY 

Lo acabo de recibir por correo electrónico; lo he visto y a continuación he decidido ayudarles, subiéndolo en mi blog.
Ayudar es bueno y saludable...
 
Firmado: Fray Palabra (el bloguero)
 
 

La actriz española Ana Fernández (de la serie Los Protegidos) 
 leyendo el cuento a una linda niña, sobre un corazón un poquito roto




12.7.12

¿Mostrar u ocultar la muerte?

Mostrar la muerte con cadáveres (en las series de TV) u ocultar la muerte (en los tanatorios)

Hace casi un mes [de 2012], escribí una entrada titulada: «Criminología por TV», en donde destacaba la cantidad de series televisivas cuyo contexto es el crimen y en las que aparecen cadáveres constantemente, muertes de personas, casos antiguos de asesinatos, criminales y crímenes en serie, etc. Sin decirlo, quedaba patente que el tema de la muerte está a la orden del día.

En una entrada anterior, recuperando un texto escrito hace varios años, reflexionaba sobre “la muerte”, tratándola con cariño, con amistad incluso, de una manera algo curiosa y sorprendente para muchos; esa reflexión se me ocurrió escribirla tras ver la película titulada «¿Conoces a Joe Black?», en donde el personaje de Joe Black es “la Muerte”, y en un modo moderno se va llevando a la gente (se les aparece de manera natural y eso significa que la hora de la muerte ha llegado para esas personas). Sin embargo, ocurre que Joe Black se enamora de cierta chica y pide ser mortal (y por tanto, llegado el tiempo, morir), sólo por experimentar el amor de los humanos. Se le es concedido este deseo y, sin cambio aparente de su persona, reaparece el mismo Joe Black en escena, siendo esta vez mortal y comenzando una vida de amor junto a la chica coprotagonista.

Bien, como vemos, la muerte ha estado presente en varias colaboraciones mías, expuestas aquí al público lector, muy variopinto (internacional y de diversas religiones y confesiones).

Ahora bien, hay algo que me hace pensar: la existencia de los cómodos “tanatorios”. En muchas ciudades europeas (supongo que también americanas) existen los tanatorios; lugares fríos (por más que se quieran hacer cálidos, siguen siendo fríos y algo deshumanizadores), donde se tapa de diversos modos la muerte. La sociedad de consumo, la sociedad líquida, nuestra sociedad occidentalizada… quiere tapar la muerte. Ya no se mueren nuestros seres queridos en casa, sino en el hospital; y quien se encargan de todo (trasladar y embalsamar el cadáver, colocarlo en el féretro contratado, entrerrarlo o incinerarlo, etc.) son los empleados de los tanatorios.

La palabra “tanatorio” viene del griego, “thánatos”, que significa muerte; el nombre de “Atanasio”, en griego “athánatos” (con la “a-” privativa), significa, por tanto, “inmortal”. El tanatorio, en conclusión, sería el lugar donde ver la muerte, cara a cara; y, por el contrario, la muerte se nos esconde, porque es dolorosa, porque es un sinsentido, porque causa dolor y por un millón de razones más, que molestan a nuestra sociedad; de ser la muerte algo cotidiano y aceptado en todo vivir, se ha vuelto -la muerte- en algo excepcional y maldito, que va llamando a la puerta de los desdichados, haciéndoles desaparecer toda alegría, causándoles dolor y preguntas incómodas (existenciales tal vez), cuestiones que durante mucho tiempo fueron pospuestas…

La reflexión que me venía en mente es: si es algo criticable que las series de TV en horario infantil muestren sin pudor cadáveres continuamente y el tema de la muerte esté siempre presente, sin embargo resulta que quizá pueda equilibrar el sinsentido de nuestra sociedad que oculta con los tanatorios la muerte. Los niños no irán al sepelio, al funeral, no verán enterrar a un familiar en la realidad…, pero lo están viendo constantemente (incluso en la versión más tortuosa, que es la forense: con huesos y cadáveres en descomosición) en la televisión, cosa que por un lado los padres y cuidadores intentan que no vean (en la realidad), pero los niños se salen con la suya y lo acaban viendo de muchas formas (en la ficción). De algún modo curioso y sorprendente, la televisión acaba teniendo el papel de “formadora” de los niños. Parece increíble, pero así es. Luego nos quejaremos de que la tele no forma sino deforma; pero es que antes abandonamos la función paterna/materna, familiar y social de formación de nuestros niños y jóvenes. Ésta es nuestra paradoja. Echamos la culpa a un aparato (y a las empresas que lo sustentan), cuando lo propio sería que, anteriormente, los valores pudieran ser aprehendidos y aprendidos, aceptados y asumidos (con normalidad) en casa, en el núcleo familiar, en los grupos sociales y sociabilizadores... No es pedir demasiado. ¿O tal vez sí?



 

(Escrito y publicado el 30 de julio de 2012)

16.6.12

El desasimiento (virtud teresiana)


El desasimiento

Ahora es cuando podemos entrar con valentía y sin miedos a este valor de la renuncia, del «desasimiento», como capacidad que tiene toda persona para alcanzar aquello que quiere. No se confunde, así, con el otro sentido de la renuncia: cuando está motivada por la carencia o por la necesidad de lo que no se puede tener. El «desasimiento» en la espiritualidad y en la vida del Carmelo Teresiano, nos lo deja bien claro la vida y obra de Sta. Teresa de Jesús; una mujer que, con su sabiduría y su experiencia, gustó de lo que quería porque tuvo la lucidez de «renunciar» a todo lo que le impedía ser libre. Y nos viene a decir que sólo se puede renunciar como consecuencia de una profunda experiencia de encuentro con Jesucristo. ¿Qué significan estas bonitas palabras? La necesidad de tener un ideal o, dicho de otra manera más entendible, una meta para alcanzar; en los distintos momentos o etapas de nuestra existencia, tender a un estilo de vida que nos llene, que nos sintamos contentos de cómo vivimos.

De esta manera, nuestra vida se hace creíble por lo que hacemos. Estamos dispuestos a ser como somos, con un modo de vida tantas veces no entendido como seguidores de Jesús; pero no estamos dispuestos a vender o negociar con nuestra libertad. Y parar ser libres o para que nuestra vida u «obras» sean creíbles o incluso como fuente de satisfacción personal, «ayuda mucho tener altos pensamientos, para que nos esforcemos a que lo sean las obras» (Teresa de Jesús, Camino de perfección, cap. 4, nº 1). Si somos cristianos de a pie, de los normalitos, pensemos que la renuncia, el «desasimiento», es practicable en todo lo que se nos ofrece para disfrutar de la vida. Cuando tengo que vivir con el trabajo de todos los días, con calidad de vida —que significa “trabajar para vivir” y no “vivir para trabajar”—, pensemos la cantidad de renuncias o desasimientos que debo hacer para no entrar en el engranaje del trabajo competitivo de nuestra sociedad, para no renunciar a la vida de pareja, al sentido de la familia, a los hijos, los amigos, a disfrutar de un paseo, etc. Si me atrevo a revisar mi vida, tengo que pensar dónde está mi corazón, qué ideal o meta es más importante: el trabajo, el dinero, los amigos, Internet, la familia, el fútbol... Jesucristo, como cristiano. Tú dirás: “es mi vida y de esta decisión puede depender la felicidad de los que me rodean".

No basta con el ideal (“tener las cosas claras”), sino que todo cambia cuando se saben tomar decisiones para elegir. La toma de unas decisiones puede significar renunciar a otras. Aquí está la palabra clave: «elegir» para saber renunciar. El «desasimiento» significa saber renunciar a todo lo que se opone a lo que quiero de la vida. Si elijo que lo más importante de mi vida es mi familia, significa que el trabajo, los amigos, el tiempo libre están en segundo plano, cuando se da el conflicto entre familia y demás “intereses”. No pocas familias se han dividido cuando han antepuesto, con muchas justificaciones, el trabajo, los amigos, etc., a la misma vida familiar.

La espiritualidad carmelitana pone la necesidad siempre de Jesucristo como la elección o decisión de seguirle como cristiano, en primer lugar, dado que conlleva los valores del Evangelio. Y, por tanto, un estilo de vida interior, social, familiar, de amistad, etc. Saber renunciar, vivir desde esta virtud teresiana del «desasimiento», significa saber decidir. No valen medias palabras o sentimientos tibios ante las continuas provocaciones de la vida, de las dificultades, problemas, contradicciones. La radicalidad del desasimiento, del saber renunciar para vivir el ideal: aquello que nos conviene para ser personas con «determinación», personas decididas a todo por conseguir aquellos «altos pensamientos». Recordemos cómo Teresa de Jesús tiene bien claro que «ha querido su Majestad mostrar el amor que nos tiene en dar a entender a algunas personas hasta dónde llega», y esto es lo que nos da la posibilidad de «llegar» hasta donde nuestras capacidades puedan. Ni más ni menos. El desasimiento nos dispone para saber hasta dónde podemos llegar a ser libres y hacer libres a los demás. Te propongo que reflexiones: en qué no me siento libre (algún acontecimiento, bien sea pasado o actual; algunas personas o problemas o, tal vez, responsabilidades, etc.); si puedo «desasirme» (¡ser libre!); a qué tengo que renunciar para ser libre y si estoy dispuesto (¿cuándo?: ahora mejor que nunca).