Mostrando entradas con la etiqueta oración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oración. Mostrar todas las entradas

23.1.21

Meditación sobre "buscad mi rostro" (Salmo 26) y "buscarme has en ti" (Sta. Teresa de Jesús)

 

Meditación sobre buscad mi rostro (Sal 26) y buscarme has en ti (Sta. Teresa de Jesús)



Texto 1º: «Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro"» (Sal 26,8)

Texto 2º: «"Buscarme has en ti"» (Sta. Teresa de Jesús, poema 4)




Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro" (Sal 26,8). Y en el evangelio del II domingo escuchamos a Jesús sus primeras palabras (según S. Juan): ¿Qué buscáis? (Jn 1,38). Y podemos responder, con el salmista: Tu rostro buscaré, Señor (Sal 26, 8). A esa respuesta, todavía podíamos proponer una pregunta más: "¿dónde?". Y para responderla viene en nuestra ayuda santa Teresa de Jesús, con los versos de su poema: Alma, buscarte has en Mí, / y a Mí buscarme has en ti (Poesía 4, según EDE).


Ya tenemos los textos fundamentales de nuestra meditación. Y ahora ¿qué? Ahora pensar un poco para poder entenderlo bien ("entender estas verdades" es un ritornelo de Teresa a lo largo y ancho de sus obras, "porque importa muy mucho"). Entonces pensemos: ¿por qué buscar primero el rostro de Dios, que es el rostro de Jesús, en nuestro interior? Porque todo lo verdadero, realmente, nace del interior. Todo lo que surja del exterior, en el exterior se quedará y, al fin, se lo llevará el viento. Lo observamos una y otra vez; y en nuestra sociedad científica, acostumbrada al prueba-error, prueba-acierto, no acabamos de entender que también eso sirve para la vida espiritual: '¿que no funciona tal camino?'. 'Pues busquemos otro'..., que para algo nos dio Dios esa inteligencia que tenemos (y que algunos tienen impoluta, por no usarla apenas mas que en casos excepcionales...). Por tanto, buscar a Cristo en nuestro interior sería lo primero y principal. Porque así, descubriendo que somos morada del Espíritu Santo, que Él habita en nosotros, entonces podemos salir de nosostros mismos, como los misioneros desde hace siglos, y compartir con los demás ese tesoro de nuestro campo, esa perla preciosa que hemos descubierto sorprendentemente y que no nos la podemos guardar para nosotros.


Por eso tiene todo el sentido el doble mensaje (uno sálmico y el otro teresiano): buscad mi rostro; buscarte has en mí. Buscas mi rostro --nos podría decir Jesús-- en tu interior y descubres que yo soy el rostro del Padre y que tú estás hecho a imagen y semejanza nuestra y, por tanto, por participación eres reflejo del rostro de Dios. Así, todos los humanos (que además de ser humanos son también o están llamados a ser hermanos en Cristo: humanos y hermanos; y no deshumanizados y enemigos), todas las personas son rostro de Dios, porque reflejan esa impronta que tenemos desde el inicio de la creación, porque Dios lo quiso así y porque eso nos hace reconocernos (conocernos y reconocer al otro también como hermano mío), de modo que entonces ya no serán dos sino una sola cosa (que aunque esto está dicho para el matrimonio, sirve igual para la conciencia y vivencia de lo humano).


Hay muchas presencias de Dios; es algo que solemos escuchar o leer. Cierto. Pero la primera y más cercana presencia de Dios es la que tengo o llevo o guardo en vasijas de barro... en mi interior. Es la interioridad la que está deseando ser descubierta, conquistada, compartida, misionada y misionera... Y desde la interioridad, todo el mundo, el exterior, la otra persona, especialmente la necesitada, las otras cosas, la creación, nuestro planeta..., cada pequeña cosa (que tengo a mano) y cada gran cosa (que me excede): Piensa globalmente, actúa localmente (lema de Manos Unidas en 1995). Esto nos sirve para entender que primero hemos de empezar por lo cercano, íntimo, interno y luego proseguir con lo prójimo (sea próximo o lejano), para poder llegar a colaborar en lo global y globalizado.


Así, desde el descubrimiento del Señor en nuestro interior, las demás presencias podrán ser mucho mejor descubiertas y aprovechadas que si no hubiéramos buscado ni conocido la interioridad. Así, la misa se vive más conscientemente, se experimenta la comunión entre unos y otros (comunión de los santos), se toma en serio el credo y se va haciendo experiencia de cada una de sus frases; así, el otro siempre quedará mucho más cercano (prójimo y próximo) de lo que nunca hubiéramos soñado. Y así, en definitiva, el reino de Dios estará mucho más cerca, o bien entre nosotros: ¡en nuestro interior!



10.12.20

Figuras de Adviento: María II: la Buena Esperanza

María, la Virgen de la Buena Esperanza

Si ya vimos la primera advocación mariana del Adviento, esto es, la Inmaculada Concepción de María, ahora nos toca pasar revista a la segunda y más constante advocación: María está en cinta, embarazada, por obra del Espíritu Santo, de Jesús, el que va a ser el Salvador.

A la Virgen embarazada, que no se suele ver mucho o hablar mucho de ella, se la ha llamado, tradicionalmente, la Virgen de la Buena Esperanza.
(Fuente: aquí)

En la tercera semana de Adviento se celebra la festividad de la Virgen de la Esperanza, ya que es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto. Eso es lo que se quiere expresar con «La Expectación del Parto», o «El día de Santa María» como se le llamó también en otro tiempo, o «Nuestra Señora de la O» como popularmente también se le denomina hoy.

La representación de la Virgen en la espera del parto, denominada con el nombre de Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, se volvió frecuente a fines de la Edad Media, cuando se instituyó la fiesta de la Expectación de la Virgen, celebrada el 18 de diciembre.

En las diversas culturas hallamos diferentes representaciones de la Virgen de la Esperanza, o de la Buena Esperanza, o Virgen del Parto, o Virgen de la Expectación (las variaciones y connotaciones de cada título son extensísimas). Y así la vemos ataviada con los ropajes costumbristas de cada región, país o zona subcontinental (especialmente en ámbito latino), o bien una Inmaculada Concepción pero con barriguita, es decir, indicando que la Virgen (misterio de la virginidad de María) se ha quedado embarazada "sin conocer varón" (que está en el origen del misterio de la inmaculada concepción de Jesús). Y así las representaciones se multiplican.

En Oriente, se habla del Icono de la Virgen del Signo, o Virgen del Adviento, la cual lleva en su seno a Jesús (como normalmente no se representan las tres dimensiones en los iconos, el Niño aún sin nacer aparece dentro de una circunferencia, a la altura de la barriga de María):

Dos mode-los de iconos de la Virgen del Signo o de la Virgen del Advien-to.


(Fuente: aquí, con muchos otros iconos de la Virgen, identificados en el título o pie de foto)

A veces se "carmelitaniza" la Virgen del Signo o del Adviento y la vemos como en el icono de la Virgen de la Contemplación o Virgen del Desierto de Las Palmas (Castellón, España), compuesto en la escuela iconográfica que tienen las monjas Carmelitas Descalzas de Harissa (Líbano).

Este icono representa a la Virgen del Signo con todo tipo de contenido y detalles carmelitanos: viene a ser la Virgen del Carmen, válida para todo el año litúrgico, aunque con evidente inspiración en la Virgen del Adviento, como vemos por el gesto de la Virgen y por la incrustación de la circunferencia con el Niño en el medio superior del cuerpo de María. Abajo y detrás quedan signos tan carmelitanos como la nubecilla de Elías (sobre el mar, que significaría aquí lo desconocido, el lugar de las bestias y del mal, etc., que es vencido por el advenimiento del Salvador, nacido de María Virgen), el monte Carmelo o monte de la perfección, coronado por la Cruz, con una caverna en medio, que podría ser la gruta de Elías (en la ladera del monte Carmelo) o la gruta de San Eliseo (en otra parte de ese monte) o "las cavernas oscuras del sentido" que canta san Juan de la Cruz en su Cántico espiritual; caverna que se ve enmarcada por las tres estrellas del escudo carmelitano, dos fuera de la caverna, de plata, porque indican las dos virtudes pasajeras de la fe y la esperanza, que solo nos sirven en este mundo, y una estrella de oro en medio de la caverna o cueva o gruta, que indica la virtud del amor o caridad, que es virtud eterna, también actuante en el cielo, pues dice san Pablo que el amor no pasa nunca o nunca se acaba (cf. 1Cor 13,8). De la misma manera, el árbol de la vida (o de la sabiduría), al inicio del ascenso al monte referido; el escapulario en la mano derecha de María; el escapulario que viste la misma Virgen María, con el sayal del hábito y la capa blanca-hueso, con cuatro pliegues a la izquierda y tres pliegues a la derecha (cuatro virtudes cardinales, tres virtudes teologales, siete virtudes = María, la mujer perfecta); y las inscripciones griegas de todo icono mariano en la parte superior.

Recursos para niños sobre la Virgen de la Buena Esperanza: aquí.
«Oración para el embarazo a la Virgen de la Dulce Espera» (ojo con ese blog, en que se mezclan cosas católicas, cristianas, con diversas supersticiones, amuletos y demás)
Fecha de la memoria de la Virgen de la Buena Esperanza: 18 de diciembre, justo al comenzar las ferias mayores de Adviento (por lo cual no se celebra exactamente del común de santa María, sino de los textos litúrgicos propios de esas ferias mayores, los cuales tienen presente siempre la figura protagonista de la Virgen María, que está encinta, a punto de dar a luz).
 

10.5.20

Los abrazos papales

Ya que no podemos abrazarnos a causa del coronavirus (Covid-19)
retomo la reflexión sobre "los abrazos papales", de gran significado
para el diálogo ecuménico o diálogo entre las Iglesias cristianas
(sobre todo entre cristianos católicos y cristianos ortodoxos)
que Oriente y Occidente se sigan abrazando mutuamente
aunque, por el confinamiento, aún no podamos...


En el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos... (comenzado por Paul Watson en 1905 y continuado hasta hoy -2020- en todo el mundo...), ofrezco esta breve reflexión:
 
(Reflexión sobre los abrazos entre Papas y Patriarcas ortodoxos en los siglos XI-XXI)
 
Abrazo entre el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Atenágoras I, y el Papa (Patriarca de Roma, Occidente), Pablo VI
Jerusalén ("Tierra Santa"), 1964
(910 años después del Cisma de Oriente, en 1054, en que Roma y Constantinopla se alejaron definitivamente;
previamente al abrazo, ambos líderes cristianos revocaron las sendas excomuniones que se habían dado en 1054)

Abrazo entre el Papa Francisco (Patriarca de Occidente) y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé
Jerusalén ("Tierra Santa"), 2014
Encuentro acordado por ambos, a los 50 años del abrazo entre sus predecesores, Pablo VI y Atenágoras I, respectivamente

 
1. La Ortodoxia, de acutalidad [1]
 
De todas las Iglesias orientales, la Iglesia Ortodoxa es la más importante y la que cuenta con más miembros[2]. Los últimos datos publicados dicen que las Iglesias ortodoxas cuentan, en conjunto, con unos 250 millones de fieles, siendo la Iglesia Ortodoxa Rusa, con 165 millones, la más numerosa[3].
 
La Ortodoxia oriental tiene una Iglesia especial, la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, cuya cabeza es el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (antes Bizancio, hoy Estambul), representante, cabeza simbólica, espiritual y en cierto modo organizativa de toda la Ortodoxia oriental.
 
Es una Iglesia no muy grande en número, pero sí que fue antiguamente la 2ª Roma, la Roma de Oriente...
De hecho, a partir del siglo XVI, la otra gran Iglesia, la Ortodoxa Rusa, quiso hacer de Moscú la 3ª Roma... (porque la Roma italiana era la primera, estaba claro; y la 2ª Roma era Constantinopla —todos lo sabían—; y, por tanto, la otra gran sede eclesial, la 3ª Roma, querían o quisieron que fuera Moscú...)
 
 
2. El reciente abrazo entre Francisco y Bartolomé I
 
El abrazo del Patriarca ortodoxo de Constantinopla con el Papa de los católicos representa el reencuentro de los apóstoles y hermanos Andrés (en la persona del actual patriarca Bartolomé I) y Pedro (en la persona del papa Francisco)[5].
 
Esto es tanto como decir: el reencuentro de las dos grandes Iglesias —la ortodoxa y la católica—. Ambas Iglesias fueron hermanas durante el primer milenio de la cristiandad (podríamos decir: desde el año 30, por ejemplo, [aproximado de la muerte y resurrección de Jesús] hasta el año 1054, cuando el cisma de Oriente).  
  
Encuentro y abrazo entre Francisco y Bartolomé I en el Vaticano (2013), un año antes de ir a Tierra Santa.
Este abrazo no fue tan sonado, evidentemente, pero preparó el reciente abrazo en Tierra Santa (2014).
   

3. Un milenio desde aquella separación...
  
Pero al comenzar el segundo milenio (en 1054) sobrevino la separación (como a veces ocurre entre hermanas..., pero, precisamente por ser hermanas, esa separación dura poco... y a los pocos días o a las pocas horas, alguna de ellas, si no ambas a la vez, después de reflexionar, se levantan, se ponen en camino hacia su hermana y le piden perdón: porque son hermanas y tienen un mismo Padre, que es el Dios de las misericordias, Dios del consuelo, Dios del perdón...).
 
Pero... está a punto de pasar el segundo milenio desde entonces —o sea: 1054-2054—, estamos de camino al año 2054 (total quedan 40 años hasta entonces: 2014-2054), de camino a esa fecha simbólica..., parece que ambas Iglesias se apresuran a reencontrarse, a perdonarse, a curarse las heridas producidas por la incomprensión, por el alejamiento, las sospechas, la falta de caridad...
 
Y por eso, hoy, vuelve a ser noticia la Ortodoxia.
Y vuelven a estar de moda los abrazos papales y patriarcales.


4. El valor de los abrazos

El abrazo entre un papa católico y un patriarca ortodoxo (y, en general, entre dos grandes lídderes o jefes de Iglesias) va más allá de un simple signo: supone un marcado compromiso por la unidad, la misma que Cristo quiso para los que estaban llamados a la salvación.

El papa Francisco y el patriarca Bartolomé I han puesto de actualidad a la Ortodoxia, con sus abrazos, sus gestos en Tierra Santa[6] y el mensaje conjunto que ambos hicieron público[7] con ocasión del 50º aniversario del primer abrazo entre el Papa de Roma y el Patriarca de Constantinopla, 910 años después del cisma de Oriente (1054-1964): el que se dieron Pablo VI y Atenágoras I en 1964, un año antes de finalizar el Concilio Ecuménico Vaticano II; abrazos reproducidos por los sucesores de ambos hasta hoy[8].

El Papa Benedicto XVI ya se encontró y se abrazó con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I (ver aquí). Como tantas otras cosas del pontificado de Benedicto XVI, ésta pasó desapercibida para la opinión mediática, pero no para los verdaderos observadores de la marcha de las Iglesias, y para los cristianos comprometidos de Oriente y de Occidente.

 
5. Los abrazos papales ecuménicos[9]

Los abrazos papales tiene gran significado e importancia. Hay que huir de las poses y tácticas político-estratégicas[10]; hay que evitar el «ecumenismo romántico», que podríamos llamar sentimental, traducido en un abrazo: «¡Si todo fuera tan simple como darse un abrazo!»[11]. A salvo todo ello, los abrazos papales facilitan el posterior diálogo teológico, precedido por un acercamiento de afectos, de posturas, de entendimientos[12].

Los abrazos entre los representantes de las respectivas iglesias tienen su misión, pues «nosotros jamás podremos llegar a la unidad en un congreso de teología. Hay que caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos», como ha afirmado el papa Franciso en la rueda de prensa informal que tuvo con los periodistas a bordo del avión que le llevaba de vuelta a Roma, tras el reciente viaje a Tierra Santa[13], en el que han sido muy llamativos sus abrazos con judíos y musulmanes (así como los abrazos con los líderes políticos de Israel y Palestina[14], en el Vaticano, en el encuentro realizado posteriormente a dicho viaje, siendo fruto del mismo).

Abrazos no sólo ecuménicos, sino también interreligiosos: el gesto de un abrazo papal..., viene a ser el símbolo del abrazo de 3 religiones: cristianos, judíos y musulmanes, las tres grandes religiones monoteístas, presentes en Tierra Santa (Israel, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, Egipto...): el siempre conflictivo Oriente Próximo... Un abrazo por la paz...


Como muestra, un botón. Uno de los mejores cronistas españoles del Concilio Vaticano ii, habiendo desestimado los abrazos (ubicándolos en el “ecumenismo romántico”) en su crónica de unos días antes, ahora se corrige a sí mismo con gallardía y aboga por ellos:

«La mejor noticia del día: también la Iglesia griega de Constantinopla tendrá en esta tercera sesión observadores oficiales. Hoy se ha sabido que, aparte del archimandrita Scrima, representante personal de Atenágoras, vendrán dos observadores oficiales: los profesores Romandis y Radopoulos. ¿Quién dijo que el abrazo de Jerusalén [entre Pablo vi y Atenágoras] había resultado un gesto estéril?[15] Nunca ha habido un amor estéril. Y nunca sopló el viento sin que la barca avanzase unas pulgadas. Hoy registramos con gozo el nuevo avance. Dios sea bendito. Y muchos ojos comienzan a ponerse en la reunión de Rodas, dentro de mes y medio[16]. ¿Veremos llegar ya en esta sesión a los representantes de todas las otras Iglesias ortodoxas que aún faltan?»[17]. Según el cálculo del P. Congar, hubo en el Vaticano ii hasta 98 observadores[18].
 
 
 
 




[1] La relación ortodoxo-heterodoxo, en Edward G. Farrugia (dir), Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano (en adelante: DEOC), Editorial Monte Carmelo, Burgos 2007, p. 321.
[2] Christopher O’Donnell – Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiología, Editorial San Pablo, Madrid 2001, p. 513.
[3] Ecclesia 74 (2014), p. 406.
[5] VV. AA., «Andrés y Pedro: reencuentro en Jerusalén», en Ecclesia 74 (2014), pp. 745, 747, 750-751, 773, 779. (Incluye: reportaje, varias noticias, comentarios y documentación diversa al respecto.)
[6] Cf. Ecclesia 74 (2014), pp. 825, 827, 829, 846-861; Vida Nueva n. 2.897 (7-13 de junio de 2014), pp. 1, 6, 32-33, 36-37, 40; Ecclesia 74 (2014), pp. 785, 787, 789-793, 816-822; Vida Nueva n. 2.896 (31 de mayo al 6 de junio de 2014), pp. 1, 5-6, 8-15; Ecclesia 74 (2014), pp. 745, 747, 750-751, 773, 779; Vida Nueva n. 2.895 (24 al 30 de mayo de 2014), pp. 1, 5, 23-30, 42-43.
[7] Francisco y Bartolomé I, «Peregrinación a Tierra Santa con ocasión del 50 aniversario del encuentro en Jerusalén entre el papa Pablo vi y el patriarca Atenágoras (24-26 de mayo de 2014). Declaración conjunta» (25.5.2014), mensaje publicado con otro título en el semanario religioso madrileño Ecclesia 74 (2014), pp. 847-848. A éste, ha seguido un discurso (tras el encuentro) a Su Santidad Aram I, Catholicós de la Iglesia Armena Apostólica de Cilicia, el 5 de junio pasado (sobre el título de katholicós, cf. DEOC, p. 376). Los encuentros se suceden con normalidad; y, tras ellos, los mensajes, discursos y declaración de intenciones por ambas iglesias en pro de la reconciliación, de la unidad y de la justicia (justicia-paz).
[8] «A partir del 1054 el nombre del papa dejó de mencionarse en la liturgia [ortodoxa], como signo evidente de la ruptura de la comunión (...). A pesar de los intentos de unión llevados a cabo en el concilio de Lyon ii (1274) y en el concilio de Florencia (1439), a mediados del siglo xv el cisma era total. Esta ruptura suponía un vivo contraste con la situación del primer milenio, descrita así por el Vaticano ii (...) (UR 14)» (Diccionario de Eclesiología, p. 513). Hubo una breve unión (8 años) bajo el emperador Miguel Paleólogo: cf. DEOC, p. 445. Un breve perfil necrológico del Papa Juan Pablo II (al poco de morir en 2005) redactado por el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I, aquí.
[9] También el ecumenismo se entiende como conversión; por ejemplo, la obra colectiva editada por P. Sgroi – R. Giraldo (a cura di), Ecumenismo come conversione. Omaggio a Tecle Vetrali. I.S.E. “S. Bernardino” (Quaderni di Studi Ecumenici), Venezia 2007.
[10] Cf. Hans Küng, Verdad conquistada. Memorias, Trotta, Madrid 2007 (4ª ed.), pp. 538-539.
[11] José Luis Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio. Segunda Etapa (t. 2), Propaganda Popular Católica (colección "Cosas de Dios", 19), Madrid 1963 (3ª ed.), p. 211.
[12] Sobre el ecumenismo, las Iglesias ortodoxas y otras Iglesias orientales: cf. Diccionario de Eclesiología, pp. 381-384 (cf. ib., pp. 373-392). Ver DEOC, p. 141 (monasterio de Chevetogne), 163-164 (concilios ecuménicos); 165-167, 496-497 (Congregación vaticana para las Iglesias orientales, creada en 1917), 207-209 (diálogos entre ortodoxos y católicos), 216-217 (presencia de los dominicos en Bari), 223-225 (eclesiología), 226-229; 342-343 (revista Irenikon), 347-348 (revista Istina), 488-490 (término griego "oikonomia", para entender el origen etimológico, teológico, espiritual y pastoral del "ecumenismo"), 552-555 (asociación o movimiento Pro Oriente, impulsado por el cardenal Franz König, arzobispo de Viena y gran protagonista del Concilio Vaticano II).
[13] En la revista semanal madrileña Vida Nueva n. 2.896 (31 de mayo al 6 de junio de 2014), p. 14.
[14] Sobre Palestina, cf. DEOC, pp. 516-520; y sobre Jerusalén, ver ibíd., pp. 355-359.
[15] Acerca de Pablo vi, cf. DEOC, pp. 512-513; sobre Atenágoras, ver ibíd., pp. 90-92.
[16] La I Conferencia Panortodoxa fue en Rodas, 1961; luego, la II y la III se celebraron también en Rodas, coincidiendo curiosamente con los tiempos de preparación y de celebración del Concilio Vaticano II; véase Diccionario de Eclesiología, p. 382. Sobre los ortodoxos: ver DEOC, pp. 165, 327, 449 (cuestión del catecismo ortodoxo); 43-44, 249-250, 605-606, 631 (ortodoxos en América); 80-82, 98-99, 464-465 (Asiria, Iglesia Asiria); 92 (Monte Athos); 121-122, 454-456 (ortodoxos en Bulgaria); 138-139 (en la República Checa y en Eslovaquia); 141-142 (en Chipre); 182-183, 456-458 (ortodoxos coptos); 245-246 (ortodoxos en Eritrea); 264 (en Estonia); 265-266, 294-296, 301 (en Etiopía); 283-284 (en Finlandia); 302-305, 407-408, 409-411, 458 (en Georgia); 273-277, 308-310, 458-460 (en Grecia); 325-326 (en Hungría); 351-352 (en Japón); 418-419 (en Macedonia); 438-439 (Iglesia Melquita); 540-541 (ortodoxos en Polonia); 575-576 (en Rumanía); 285, 360-361, 378, 460-461, 463-464, 576-579, 607-608, 656-658 (en Rusia); 608-9 (en Serbia); 616-617 (en el Monte Sinaí); 502-507, 612-613, 620-623; 625-626; 631-632, 655-656 (teología ortodoxa); 378, 576, 677-680 (ortodoxos en Ucrania); 691-692 (cuestión del Viejo Calendario en el seno de la Ortodoxia); 321 (la corriente espiritual ortodoxa del hesicasmo); 92, 449-461 (monaquismo ortodoxo); 54-55, 204-207 (relaciones de los ortodoxos con los anglicanos); 207-209 (relaciones de los ortodoxos con los católicos); 209-210, 508-509 (relacines de los ortodoxos con los luteranos).
[17] J. L. Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio. Tercera Etapa (t. 3), Propaganda Popular Católica (colección "Cosas de Dios", 26), Madrid 1965, p. 54.
[18] Yves Congar, Diario de un teólogo [1946-1956], ed. de É. Fouilloux, Trotta, Madrid 2004. Sobre Congar: Diccionario de Eclesiología, pp. 225-228; Juan Bosch (dir.), Dominicos que dejaron huella. A propósito de los 700 años de la Provincia Dominicana de Aragón, Edibesa, Madrid 2000; Id., A la escucha del cardenal Congar, Edibesa, Madrid 1994. Ver también La Vie Spirituelle 92 (2012), pp. 221-242. Finalmente, sobre el Concilio Vaticano II, ver DEOC, pp. 686-688.

Más información: aquí (fuente de la 2ª foto) y aquí (otro encuentro de Benedicto XVI y Bartolomé I).
 

21.4.20

Intento de diálogo con el dichoso bichito...


Bichito, la que has liao... Has puesto el mundo patas arriba, literalmente. La economía mundial se ha paralizado (no digo nada de la nacional, claro, que la has dejado temblando y ya veremos cuándo se recupera o se reanima del paro cardíaco en que ha entrado). La cifra de infectados (que, para que no suene tan mal, los llaman contagiados o, aún mejor, 'positivos') es astronómica; y la cifra de los muertos (que eso suena más fuerte y se los llama fallecidos o aún 'finados') es..., ¿cómo encontrar adjetivo para describirla? Inmensa, desorbitada, excesiva... (es que has matado diez veces más que la gripe común y en un tiempo récord, que es lo que ha dejado a todos pasmados); cifra intolerable.

Ay, bichito, la que has liao... A base de agua y lejía y de lavarse las manos continuamente, que no hay otra cosa en el día que se repita tanto. Y todos confinados o encerrados o sin poder salir de casa; que para muchos eso es lo peor. Pero, claro, hay cosas mucho peores, como ser 'positivo' o ingresar en una UCI o no salir de ella... bueno, salir sí, pero ya no volver a ningún otro sitio más, nunca...

Y entre la muerte en soledad y la vida encerrada, ¿qué hacer? ¿qué decir? ¿qué orar? Sin entender...

Resulta que te has colado en nuestro mundo, en nuestras vidas, en nuestras muertes, en todo...
Ya no hay famosos, ya no hay deportistas endiosados, todos igual de humanos e igual de débiles.
Solo quedas tú dando la murga a todo el mundo, movilizando ejércitos, sanitarios, voluntarios...
Solo tú, que andas de acá para allá, en las mucosas, en los contactos, en el aire, en las gotitas...
Y seguimos restregando fuerte las manos con jabón, alcohol, desinfectante, con... ¿Con qué más?

Te has colado de manera insidiosa, sin permiso, sin previo aviso, sin autorización...
En el siglo de la globalización sin fronteras, has creado más fronteras, más temor entre unos y otros.
Desde ya los españoles ya no podremos viajar a 150 países del mundo. O sea, más encerramiento.
Y todo esto ¿de qué va?, ¿tiene algún sentido?, ¿tiene sentido que tenga algún sentido? O sinsentido

Creo que nos has puesto delante de nuestras narices (sin permiso, sin autorización, y eso molesta) el sentido de las cosas esenciales, que son pocas y muchas veces las olvidamos por ser tan esenciales:
- la soledad: nacemos, vivimos y morimos solos (¿quién nos llama a la vida, quién a la muerte?)
- el cuidado: cuidarse uno, cuidar de otros, cuidar el planeta (¿quién nos dio la tierra?)
- la creatividad: que, en los peores momentos, se llama 'resiliencia' (sobreponerse a la fatalidad)
- el encuentro: crear ámbitos de encuentro los que viven juntos (no es lo mismo juntos que unidos)
- la aceptación: aceptarse (y quererse) uno mismo, para así poder aceptar (y querer) a los otros...
- la espiritualidad: practicar la fe en espíritu, sin actos externos-públicos; experiencia de encuentro.

En realidad, bichito, puedes servir (de lo poco que puedes servir, vaya) para purificar nuestra fe.
Si nuestra fe se quedó anclada en el pasado, la azuzas para que se ponga rápidamente al presente.
Si nuestra fe se quedó en solo actos, sin experiencia de encuentro, nos quitas los actos: fe desnuda.
Si nuestra fe se ablandó en su experiencia, se enmoheció, descubres el moho y el polvo acumulado.
Si nuestra fe se tambalea ante lo inexplicable, nos redescubres el valor del milagro (¡descreídos!).

Y a los que nos sobra la palabra, nos la quitas, nos enmudeces (¡no hay derecho!)...
Para recordarnos que hay una sola Palabra y habló en eterno silencio y en silencio ha de ser oída...
Mucho ruido teníamos. Tú nos has dejado en silencio. Tanto silencio agobia. Aunque sirva para los geodestas, científicos y los que miden la tierra, el planeta, porque ahora apenas hay vibraciones en todo el planeta, y sus medidas resultan mucho más exactas ahora más que nunca...
Tampoco hemos contaminado durante estos meses. Ruido es polución. Silencio es sanidad, salud.
No sabemos qué hacer con tanto silencio. Fe silenciosa. Oración silenciosa. Sentido de la vida.
Queríamos seguir como siempre, cada uno en lo suyo, pero te colaste, bichito, y la que has liao...


19.12.17

Figuras del Adviento: el "resto" de Israel

Ya nos avecinamos al final del Adviento. En realidad estamos en el IV Domingo de Adviento, pero al tener esta 4ª semana de Adviento pocos días hábiles (sábado 23, domingo 24), y ya entrar de lleno en la Navidad (vigilia del domingo 24 al lunes 25, lunes 25...), viene a ser como un preludio de la Navidad, una especie de 'larga víspera' de la Natividad.

Por eso, propongo ahora una curiosa figura de Adviento, que en realidad no es una figura sino un colectivo de ellas: unas cuantas, unas muchas, bastantes..., quizá innumerables. Es el grupo englobado bajo la expresión "el resto de Israel".

¿Y quiénes formaban parte de ese resto de Israel? Los piadosos, los devotos, los temerosos de Dios, los que escuchaban la Palabra de Dios y la cumplían, los que esperaban al Mesías (aunque con ideas muy distintas y, aún, muy dispares y contrapuestas)... Entre ellos se encuentran María la Virgen, su esposo José, la pariente de María llamada Isabel, el esposo de ésta: Zacarías, el niño de ambos: Juan (luego llamado el Bautista); también, otros personajes que no aparecen ahora y que aparecerán en el tiempo litúrgico de Navidad, como el anciano Simeón, y la anciana Ana; o los pastores (aunque quizá no fueron previamente tan conscientes de la espera-venida del Señor, y solo lo fueron más tarde, cuando el anuncio del ángel... o tal vez, por ser sencillos, estaban más predispuestos...).

¿Cómo formar parte hoy de ese 'resto de Israel'? Cronológicamente hablando es imposible, claro está. Pero si 'el nuevo Israel' viene a ser la Iglesia de Cristo (la universal, toda unida), así como la Jerusalén de entonces es la Jerusalén de hoy (ciudad histórica, geográfica), pero la Jerusalén celeste es la "ciudad santa" en que viviremos en la vida eterna..., entonces, de algún modo misterioso y no del todo explicable, podemos formar parte hoy del 'resto del nuevo Israel', de la Iglesia que peregrina y que espera a su Señor (la misma que ha repetido durante todo el Adviento: «Ven, Señor Jesús» (en himnos y responsorios).

Como el Señor Jesús ya vino (venida histórica -1ª), viene cada día (venida existencial y dinámica o espiritual -2ª) y vendrá al final de los tiempos (venida teológica -concretamente 'escatológica' en cuanto que habla del 'ésjaton', que en griego viene a ser el final de este tiempo y el inicio del tiempo no cronológico sino del tiempo eterno de Dios -que llamamos 'vida eterna'-, y que mientras tanto, andamos en el tiempo cronológico, que también puede ser salvífico ['kairós'] -3ª- mientras peregrinamos en fe por el tiempo concreto de nuestra vida/existencia en la tierra y nos dejamos salvar por Dios). Como esas tres venidas se dan o se darán en nuestra Historia, podemos abrirnos en la 2ª venida, que es la más cercana para nosotros, con el fin de que espiritualmente venga Jesucristo a nuestra vida, casa, trabajo, grupo, movimiento, comunidad, ciudad, espíritu, iglesia...

Por tanto, imitando las actitudes de espera esperanzada, de paciente espera, de activa espera, como tuvieron todos y cada uno de esos mencionados personajes de Adviento que conforman el grupo del resto de Israel, imitándoles, pues, nos convertimos en el nuevo resto de Israel, que sigue esperando a su Señor, aun sabiendo que ya vino y que vendrá definitivamente; pero, por eso mismo, durante el 'mientras' (el ya pero todavía no) nos pertrechamos con las armas del Adviento (fe, alegría, esperanza, paciencia, misericordia, servicio, silencio, escucha, oración, entrega, aceptación,...). Todas estas 'armas' espirituales las hemos ido viendo o percibiendo a lo largo de las diversas 'figuras del Adviento' (desde Isaías hasta Juan -de Zacarías-, pasando por las varias perspectivas de la Virgen María). Ahora nos toca a nosotros, cada uno en particular, decidir si estamos dipuestos a ser parte...


(Fuente de la última imagen: "Oración para la víspera de la Navidad")

11.4.17

Jueves Santo (por la noche): sinopsis de los 4 Evangelios

 Aquí presento (en continuación con la entrada anterior -Jueves Santo por la tarde-), los textos concordados de lo que celebramos en la Hora Santa del Jueves Santo por la noche: el tiempo que va del final de la Última Cena hasta el prendimiento en el monte de los Olivos.


 

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

SEGÚN LOS CUATRO EVANGELISTAS

(momento histórico: desde el final de la Última Cena hasta el prendimiento en el monte de los Olivos)
 

La Oración de Getsemaní
(jueves santo por la noche)


Salieron hacia el monte de los Olivos

(Mt 26,30 – Mc 14,26 – Lc 22,39)

Después de haber cantado los himnos, salieron [del cenáculo]. [Jesús] fue, según su costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo acompañaban.


Jesús se había retirado allí muchas veces

(Jn 18,1-2)

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, al otro lado del torrente Cedrón. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también aquel lugar, porque Jesús se había retirado allí muchas veces con sus discípulos.


“Yo seré para vosotros ocasión de caída”

(Mt 26,31-35 – Mc 14,27-31 – Lc 22,33-34)

[De camino,] Jesús les dijo: “Yo seré para vosotros esta noche ocasión de caída, pues así lo dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después resucitaré e iré delante de vosotros a Galilea”. Pedro le dijo: “Aunque fueras para todos ocasión de caída, para mí no. Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y hasta a la muerte”. Jesús le dijo: “Te aseguro que esta misma noche, antes que el gallo cante, negarás tres veces que me conoces”. Pedro insistió: “¡Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré!”. Y lo mismo dijeron todos los demás.


“Quedaos aquí y velad conmigo”

(Mt 26,36-46 – Mc 14,32-42 – Lc 22,41-46)

Jesús fue con ellos y llegaron al huerto llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: “Quedaos aquí mientras voy más allá a orar”. Se llevó consigo a Pedro y a Santiago y Juan, los dos hijos de Zebedeo; y comenzó a sentir tristeza, terror y angustia. Y les dijo: “Me muero de tristeza. Quedaos aquí y velad conmigo”. Avanzó unos pasos más, apartándose de ellos como un tiro de piedra, cayó de bruces y pidió que, si era posible, pasara lejos de él aquella hora. Se puso a orar y decía: “Abba, Padre mío, todo te es posible, aleja de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”. Y se le apareció un ángel del cielo reconfortándolo. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y dijo a Pedro: “¡Simón!, ¿duermes? ¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para que no caigáis en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. De nuevo, por segunda vez, se alejó y fue a orar, diciendo: “Padre mío, si no es posible que este cáliz pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”. Volvió otra vez y los encontró dormidos, vencidos por el sueño; y no sabían qué responder. Los dejó y volvió a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Entró en agonía, y oraba más intensamente; sudaba como gotas de sangre, que corrían por el suelo. Se levantó de la oración, fue a sus discípulos y los encontró dormidos por la tristeza. Al volver por tercera vez les dijo: “¡Dormid ya y descansad! ¡Se terminó! ¡Ha llegado la hora! El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! El que me entrega llega ya”.



“¿A quién buscáis?”

(Mt 26,47 – Mc 14,43 – Lc 22,47 – Jn 18,3-9)

Aún estaba hablando [Jesús], cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él un gran tropel de gente con espadas y palos, enviados por los sumos sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos del pueblo. Judas, al frente de la tropa y de los guardias de los sumos sacerdotes y fariseos, [había ido] allí con linternas, antorchas y armas. Y Jesús, que sabía todo lo que iba a sucederle, salió y les dijo: “¿A quién buscáis?”. Respondieron: “A Jesús Nazareno”. Jesús les dijo: “Yo soy”. Judas, el traidor, estaba también con ellos. Así que les dijo “Yo soy”, retrocedieron y cayeron en tierra. De nuevo les preguntó: “¿A quién buscáis?”. Ellos dijeron: “A Jesús Nazareno”. Jesús respondió: “Os he dicho que yo soy. Si me buscáis a mí, dejad que éstos se vayan”. Para que se cumpliera la palabra que había dicho: “No he perdido ninguno de los que me confiaste”.


“Habéis venido a prenderme como a un ladrón”

(Mt 26,55-56a – Mc 14,48-49 – Lc 22,52-53)

Jesús dijo a aquel tropel de gente, a los sumos sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que habían venido a prenderlo: “Habéis venido a prenderme como a un ladrón, con espadas y palos. Todos los días estaba con vosotros [enseñando sentado] en el templo, y no me echasteis mano; pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas. Todo esto sucede para que se cumpla lo que escribieron los profetas”.


Judas lo besó

(Lc 22,47b-50a – Mc 14,44-45)

El llamado Judas, uno de los doce, se acercó a Jesús para besarlo. El traidor les había dado esta señal: “Al que yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo bien seguro”. Se acercó a Jesús y dijo: “¡Maestro!”, y le besó. Jesús le dijo: “Amigo, ¡a lo que vienes!”. [Y añadió]: “Judas, ¿con un beso entregas al hijo del hombre?”.


“Mete la espada”

(Mt 26,51-54 – Mc 14,47 – Lc 22,49.51 – Jn 18,10-11a)

Los que estaban con [Jesús], viendo lo que iba a ocurrir, le dijeron: “Señor, ¿les damos con la espada?”. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, dio un golpe al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El criado se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: “Mete la espada en la vaina, que todos los que manejan espada a espada morirán. ¿O crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre, que me mandaría ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así? ¿Es que no tengo que beber el cáliz que me da el Padre?”. [Y añadió:] “¡Basta ya! ¡Dejad!”. Y tocando la oreja lo curó.


Lo prendieron y se lo llevaron

(Mt 26,50b.57 – Mc 14,46 – Jn 18,12-13)

Entonces, la tropa, el oficial y los guardias de los judíos se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo prendieron; lo ataron y [se] lo llevaron, primero a Anás, por ser suegro de Caifás. Éste era sumo sacerdote aquel año. [Luego], los que prendieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, donde los maestros de la ley y los ancianos estaban reunidos.


Todos lo abandonaron

(Mt 26,56b – Mc 14,50-52 – Lc 22,54b)

Todos lo abandonaron y huyeron. Pedro lo seguía de lejos. Un joven, cubierto sólo con una sábana, seguía a Jesús. Le echaron mano. Pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo.