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2.11.16

En el día de difuntos: preparar el castillo interior

2 de Noviembre. Día de Difuntos. Conmemoración de todos los fieles difuntos. En la liturgia, tradicionalmente, 3 misas diversas en el día de hoy. Evangelio de la 1ª misa:  «En la casa de mi Padre hay muchas moradas...».

Precisamente ese pasaje inspira a Santa Teresa de Jesús (1515-1582) para escribir su obra cumbre, el libro titulado: Las Moradas o Castillo Interior. 

¿Qué nos dice al principio de ese libro santa Teresa? Leámoslo:

«Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí, porque yo no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia [de escribir este libro], se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento donde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues Él mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza.
 
»Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad [=Jesucristo] que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima.

»No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos. ¿No sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es, y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra? Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qué cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así, a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas. Mas qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la grosería del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos.

»Pues consideremos que este castillo tiene -como he dicho- muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.

»Es menester que vayáis advertidas a esta comparación. Quizá será Dios servido pueda por ella daros algo a entender de las mercedes que es Dios servido hacer a las almas y las diferencias que hay en ellas, hasta donde yo hubiere entendido que es posible; que todas será imposible entenderlas nadie, según son muchas, cuánto más quien es tan ruin como yo.

»Pues tornando a nuestro hermoso y deleitoso castillo, hemos de ver cómo podremos entrar en él. (...)

»Porque, a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no digo más mental que vocal, que como sea oración ha de ser con consideración; porque la que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios; (...)».


2 preguntas:

1) ¿Cómo vivimos? Es decir: ¿vivimos "dentro" de nuestro castillo interior o dando vueltas alrededor de él, sin saber que "estamos habitados" por Dios?

2) ¿Nos acordamos de Dios solo cuando "la muerte" (de nuestros parientes o allegados) nos golpea, o tal vez el día de difuntos, como hoy; o bien nos acordamos de Dios en todo momento: en las alegrías -dándole gracias- y en las penas -pidiéndole consuelo-?

Por eso es bueno que "nos tomemos la temperatura espiritual": ¿qué tal va nuestra relación con Dios? Hoy que nos acordamos de nuestros difuntos, ¿cómo va nuestra vida? ¿Vivimos con plenitud o se nos pasa la vida sin enterarnos? Porque morir, moriremos. Pero ¿y vivir?
Aprovechemos el tiempo que nos queda -no sabemos cuánto- para vivir desde Dios, desde dentro del castillo, tratando con Dios -en la morada principal- de las cosas más importantes.

Bibliografía: Las páginas más bellas de Santa Teresa. Selección de textos: Tomás Álvarez, O.C.D., Editorial Monte Carmelo, Burgos 2008. 190 páginas. (Páginas citadas: 127-130.)

8.12.15

Soltar amarras y madurez espiritual (esquema)

(Esquema para posible desarrollo del tema "soltar amarras" para la "madurez espiritual")


 
 
 


Soltar amarras y madurez espiritual

 

1. Soltar la idea: dejar al pensamiento pensar

    De auto/heterocensura hasta lluvia de ideas (brainstorming), pasando por librepensamiento

    (un filósofo o metafísico o científico; un teólogo-sistemático: teología fundamental, dogmática...)
 

2. Soltar el sentimiento: dejar al corazón latir

    De no-sentir a opción fundamental, pasando por sentimentalismo y crisis de voluntad

    (un psicólogo o psiquiatra o médico especialista o forense; un teólogo-moral: moral sexual, familiar...)

 
3. Soltar la actitud: dejar a la vida actuar

    De inactividad e indiferencia a acción comprometida, pasando por poses y posturas

    (un activista o voluntario o abogado defensor o fiscal; un teólogo-moral: moral social, bioética...)

 
4. Bajar a lo profundo, tocar hueso, espesarse en experiencia y emerger madurando

        (cf. Sta. Teresa de Jesús, Castillo interior o Moradas: 'entrar en el castillo', 'el cuerpo es la cerca del castillo'...)
       
(cf. S. Juan de la Cruz, Memoria de lo creado...; 'noches' y 'salida' sanjuanistas: salí sin ser notada...)

    De la cerca y merodear el castillo a adentrarse en la espesura, pasando por salidas nocturnas

    (un guía espiritual; un teólogo-espiritual: fenomenología religiosa, mística comparada, dinámica espiritual)

 

Fuente de las imágenes: primera (aquí), segunda (aquí) y dos últimas (aquí).

14.2.14

Déjame (poema enamorado: de un poeta a su poesía)



 

Déjame
 

Si no puedo besarte,
déjame, al menos, decirte...
Si no puedo tocarte,
deja que pueda escribirte:
“mis miradas furtivas,
y mis anhelos soñados
-apresado en tus risas 
o en tus pasos perdidos-,
te acechan suaves
mas me brotan zaheridos...”
En esta plaza lúgubre,
déjame, al menos, decirte  
que lo que en mí robaste
no son mis verbos raídos...
...es mi corazón sangrante... 
Si huyes con las musas...
y me obligas a olvidar...
o te escondes en las nubes...
y desmemorias las artes...
acuerda el tiempo al pasar
que alguien osó decirte...:
“Déjame, al menos, amarte”.

(26.3.2004)
 




(Fuentes de las imágenes: 1ª, manos de agua intentando agarrar el corazón en llamas, aquí; 2ª, corazón de tiza pintado, aquí; 3ª, corazón rodeado de tinta y alado, aquí.)

18.1.14

La soledad del Desierto como encuentro

(esquema posible de disertación o profundización en el polisémico concepto de desierto-encuentro)
 
La soledad del Desierto como encuentro

 
Perspectiva histórica


1. Significados de “desierto”

1.1     En el pueblo de Israel:

a) Desierto como puesta en camino: libro del Éxodo

b) Desierto como llamada al corazón: libro del profeta Oseas


1.2     En el tiempo de Jesús: el 'desierto' de Jesús / Jesús en el desierto
 


 
1.3     En la vida religiosa cristiana:

a) El monaquismo y el eremitismo: éxodo de la ciudad al desierto
 

b) Los Padres del Desierto y las Madres del Desierto (apotegmas)

c) La idea de “ciudad”, “ciudad santa”

http://www.montecarmelo.com/apotegmas-los-padres-del-desierto-p-164.html?osCsid=ef652fo627op4avmjnq6dn4ck5http://www.bohindra.com/libros/la-voz-del-desierto/9788441401891/





Perspectiva existencial

 
1. Significados de “desierto”

1.1     Desierto natural (arena, roca, agua/hielo)

1.2     Desierto humano (humano, urbano, apostólico)

1.3     Desierto espiritual (búsqueda, inicio, desarrollo [noches], salida)




2. Soledad en “los desiertos”:

2.1     En el desierto natural:

a) Carlos Pedrós-Alió: Desert d’aigua: «fui inmensamente feliz»

b) Vicente Serrano: (desierto de roca) viajes a Tierra Santa y al desierto de Israel

c) Carlos de Foucauld: (desierto de arena) el hombre santo en el desierto norteafricano


2.2     En el desierto urbano:

a) Carlo Carretto: El desierto en la ciudad

 
b) Madeleine Delbrêl: Nosotros, gente de la calle; el desierto del apóstol
 
c) Pierre-Me Delfieux: las Fraternidades Monásticas de Jerusalén


2.3     En el desierto espiritual:

a) Juan de la Cruz: díptico Subida-Noche (noches activas/pasivas del sentido/espíritu)  
 
http://www.montecarmelo.com/espiritualidad-del-desierto-seminario-desierto-las-palmas-p-436.html

b) Thomas Merton: la búsqueda espiritual (justicia y paz) de un monje poeta-eremita (los Salmos, pan en el desierto) 
 
http://www.bac-editorial.com/ficha.php?id=13632
 

3. El Desierto espiritual como encuentro  (ver posible esquema aquí)

3.12.13

[La ciudad llora] (poema)

  
                          La ciudad llora
                          La barra está libre
                          El escalofrío perdura
 
                         
                          Los leones se fueron
 
  
                         A los lados, nada…
 
 
                          Al medio, también
                          Y más allá, vacío
 
 

                          Alguien llora…








 

6.11.13

Meditaciones del Salmo 104 (103)




Oh Señor, nuestro buen Dios,
Padre querido y anhelado,
Buen Jesús grande y poderoso,
Espíritu Santo creador...

Oh Señor, tú lo sabes todo,
Me conoces y me sondeas hasta
lo ínfimo de mi intimidad;

No hay nada oculto a tus ojos,
Mis pensamientos y mi sentir
tú los conoces, Señor.
 

Todo es tuyo, la creación toda,
mi cuerpo, mi alma y mi espíritu,
mi ser, mi actuar, mi callar
y mi palabra, que no es
nada sin la tuya.
 

Yo quiero, Señor Jesús, presentarme
hoy todo yo, toda mi persona,
(decir el propio nombre) tal y como tú me ves,
pues tú me ves en espíritu y verdad
tal como soy realmente.

Acógeme, Tú que todo lo puedes,
Tú que me amas;
a ti, que te amo,
que quiero amarte más y mejor...
 

Preséntame al Padre,
intercede por mí ante nuestro Abbá,
Señor, Dios misericordioso...

Y tú, Espíritu Santo, santifícame,
quémame como al madero.................................(ver San Juan de la Cruz, "Noche Oscura", 2º libro, capítulo 10)
para transformarme en ti del todo
(no sólo cada vez más, sino del todo).


San Juan de la Cruz
Espíritu Santo, abrásame con tu amor,
 con el amor del Padre y del Hijo,
del Abbá y de Jesús Amigo...
Renuévame, hazme una persona,
y una persona nueva,
luz de tu Luz
amor de todo Amor
que eres Tú...
hazme buena noticia para los demás,
 naciente de la única Buena,
de toda Buena Nueva que es Jesús.
 

Ámame infinitamente para poder
amar infinitamente a los hombres,
a las mujeres, a los niños, a los jóvenes, a los adultos, a los ancianos,
a las esposas, a los maridos, a los abuelos, a los hijos y a las hijas,
a los hermanos, a las hermanas, a las madres, a los padres, a los solteros,
a los casados, a los sacerdotes, a los consagrados, a las consagradas,
a las viudas, a los peregrinos, a los forasteros, a los caminantes,
a los huérfanos, a los pobres, a los ricos, a los mediocres,
a los sabios, a los tontos, a los listos, a toda persona,
a los enfermos, a los débiles, a los tristes, a los alegres,
a los guapos, a los feos, a las guapas, a las feas, a los altos y a los gordos,
a los bajos y a los delgados, a los deformes, a los que tienen taras (mente, corazón),
a los de movilidad reducida, a los enfermos (físicos, mentales y espirituales),
a los soberbios, a los humildes, a los poderosos,
a los que tienen autoridad, a los que no la tienen,
a los charlatanes, a los tristes, a los olvidados,

a los que no tienen voz porque nadie se la escucha,
a los que no tienen boca porque nadie se ha fijado en sus labios,
a los que no ven porque nadie los ha mirado,
a los que no tienen nombre porque nadie ha pronunciado el suyo (“¡María!”)...


A los animales, a las plantas, a las rocas, las aguas y la tierra,
los truenos y relámpagos, el frío y el calor, la lluvia, el granizo, la nieve,
el sol, las nubes, el arco-iris, los montes, valles, ríos, collados, llanuras, cuestas,
caminos, senderos, mares y océanos, el cielo y el fondo del mar,
los volcanes y las islas, los continentes y las penínsulas...


Todo cuanto ha sido creado
por la mano de mi Señor
sea alabado y bendecido con Él,
sea amado por tener su huella,
por llevar su impronta en
el rostro imperecedero.


Amén.

Meditación (1º) y sueño (2º) del abad san Virila...

(Oración o meditación inspirada al leer y meditar el salmo 104 [103], durante la mañana del miércoles 15 de abril de 1998, en medio de unos Ejercicios Espirituales en el Centro de Espiritualidad "Santa Teresa de Jesús" del Desierto de Las Palmas, Benicàssim, Castellón, España, ejercicios predicados por el P. Antonio Viguri, ocd; meditación escrita a la sombra de la Ermita de Nuestra Señora de Montserrat, distante del convento del Desierto a un cuarto de hora caminando...)

17.10.13

El ánimo..., Dios y el testimonio

(en el día de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir [†107])
--lectura de laudes del 'Común de un mártir'--
«¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo» (2 Cor 1, 3-5).
1) El ánimo...

       «Tengo el ánimo por los suelos», decimos a veces; «Estoy muy animado», decimos otras; «No me siento con ánimo, la verdad...», confesamos en algunas ocasiones; y, en otras, exclamamos admirados ante ciertos congéneres nuestros: «¡Qué ánimo que tiene, estoy asombrado! Hasta espabila a los muertos». Parece que es cuestión de ánimo; el ánimo...
       ¿Y qué o quién es el ánimo para que nos agarre sin soltarnos -como a presos- y nos suba o nos baje o nos traiga y nos lleve, e incluso nos arrastre, por los tortuosos laberintos de la afectividad -recordando un título del pensador José Antonio Marina-, o para que nos convierta en poderosos baluartes contra la desesperanza o nos hunda en lo más recóndito de los abismos, allá en donde nadie osa pronunciar palabra alguna, por incapacidad de pronunciarla o por temor a no ser escuchado siquiera...?

       El ánimo, esa poderosa arma o herramienta o elemento constitutivo de nuestro ser como humanos. ¿Los seres animales tendrán ánimo? No estoy muy seguro. Lo que sí sé es que los seres humanos sí que lo tenemos y que nos ocasiona cuantiosos problemas si no sabemos manejarlo o educarlo o amaestrarlo; o bien, por el contrario, nos proporciona innumerables y constantes experiencias de 'éxtasis' -tomando el significado que le da el profesor Alfonso López Quintás- cuando está centrado o parte -en su recorrido vital- desde el centro de nuestra persona, desde el núcleo (corazón-mente, en latín: cor,cordis + mens,mentis), hasta los extremos de nuestro ser (sean éstos los dedos de las extremidades o bien sus prolongaciones -siguiendo la sugestiva interpretación del sociólogo de la comunicación Marshall McLuhan según el cual "el medio es el mensaje..., el medio es el masaje", por lo que las prolongaciones vendrían a ser: el ratón [mouse] o puntero la prolongación para el dedo de la mano; y la rueda del automóvil o del tren de alta velocidad, para el pie...-).
       En medio de esta aparente paradoja -ánimo sí, ánimo no; ánimo bajo, ánimo alto; etc.- acaece el acontecimiento «Dios»: Dios acontece, se hace presente de manera salvífica, restauradora, misericordiosa y transformante. Veamos cómo.

2) Dios

       En el epígrafe anterior -con toda la intención- no he citado una sola vez la Biblia; en él no hay sombra de Dios -en principio- sino solo del hombre; y ya sabemos que cuando al hombre se le deja solo ("solo de la mano de Dios", decimos en expresión popular), no termina de distinguir su mano derecha de la izquierda..., como los ninivitas del tiempo de Jonás (cf. Jon 4, 11), y como Jonás mismo, que no distinguía lo suyo de lo de Dios, puesto que todo era una sola cosa y no podía haber distinción: Dios le alimentaba, Dios le animaba, Dios le mandaba a profetizar, Dios le protegía del sol, Dios le daba la sombra del ricino, Dios se la quitaba -para que aprendiera el valor de las cosas, valor desde Dios-, Dios le... Dios era el centro, y Jonás no acababa de aceptarlo en la práctica: si Dios es el centro, el pecado no tiene importancia absoluta, acaba por ser una anécdota -amarga, ciertamente, pero anécdota al fin y al cabo-; y eso no lo podía tolerar Jonás, tan apegado a las formas y a la ley, y sabedor al mismo tiempo de la misericordia infinita de Dios y de su ser inabarcabale y omnipotente. Jonás, buen conocedor de Dios... ¡Por eso huye de Él! Porque no hay quien resista en su presencia si su centro (corazón-mente) no está centrado en Él; y Jonás andaba centrado en sus cálculos y cábalas de cómo tendría que ser la salvación: éstos sí, y aquéllos no; y a los ninivitas, que les parta un rayo: ¡por haber sido malos y desleales a Dios! Y ya está, sin vuelta de hoja (qué gracioso era este Jonás). Pero es que la salvación -gracias a Dios- es de otra manera; ¿acaso Jonás hubiera resistido un juicio divino como el del justo Job? A lo mejor, a lo mejor... Pero quizá se hubiera quedado solo en el mundo; solo él y Dios; y ya dice el Génesis que «no es bueno que el hombre esté solo» (Gén 2, 18); ¿qué sentido tendría un mundo con Jonás y Dios solo? Jonás es profeta -ha recibido esa vocación de parte de Dios- no para sí mismo, sino "para los otros". Y si elimina a "los otros", ¿con qué se queda? ¿Consigo mismo solamente? ¡Pues vaya un aburrimiento! La cosa no funciona así; y Jonás, en el fondo, lo sabe; por eso huye, porque no halla solución a esta paradoja, ¡la gran paradoja! Dios es potente y justo, terrible y temido... pero también «es clemente y misericordioso», «lento a la cólera y rico en clemencia», como nos recuerda el salmista y de él se hace eco Jonás (cf. Jon 4, 2b); o el mismo Pablo: «Padre de misericordia y Dios del consuelo» (2 Cor 1, 3). Jonás viaja de acá para allá, llevado por ese ánimo descontrolado de querer controlar el destino (el propio, el ajeno). Pero sabe que antes o después tendrá que sucumbir y dejarse 'animar' por Dios. Hasta que, por fin, lo hace: se pone en pie, se sacude la modorra espiritual, va a Nínive, predica la conversión, profetiza el oráculo divino -en verdad y desde la verdad-, y obtiene su fruto. Claro, eso ya lo sabía Jonás: «toda palabra tendrá su fruto» (cf. Is 55, 10-11); y por eso se había desanimado en su oficio, porque -según sus cálculos- los ninivitas habían pecado y tenían que pagar por ello (el que la hace, la paga) y el cortocircuito que significaba la misericordia de Dios... eso no estaba en sus planes, porque daría con éstos al traste... ¡y eso no podía ser de ningún modo!
       ¿Pero de qué 'ánimo' estamos hablando cuando nos referimos a que Jonás se dejó 'animar' por Dios? Y sacó el ciento por uno de fruto...

3) El testimonio

       O "martýrion", aposición al testimonio; el testigo, el mártir. Para testimoniar con la vida o con la existencia humana, hace falta recibir el suficiente 'ánimo' como para no desfallecer a medio camino o incluso antes de haber comenzado a testimoniar... ¿De dónde viene ese ánimo? ¿Por qué nos viene? ¿Para qué lo recibimos?
       «Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios». De Dios viene y a Dios va; de Él nos viene y va dirigido a nuestros hermanos, viva imagen de Dios, del Cristo sufriente, martirial en carnes propias. Quizá nosotros no debamos sufrir en directo, sino solo animar a los que sufren de verdad; ése ya es un testimonio, ése ya es un válido martirio, el de ser cauce del 'ánimo martirial' con el único fin de animar a los siervos del Señor, a los servidores de la Palabra, a los apóstoles de la caridad, a los diáconos del servicio a la comunidad, a los pobres de Yahvéh... El ánimo no es propio ni para uno mismo. El ánimo es para darlo, para servirlo en raciones o a tutiplén, según sean las circunstancias. Las de Ignacio de Antioquía fueron los leones, que lo convirtieron en «trigo de Dios» (palabras textuales del propio Ignacio en una de sus cartas a las Iglesias).
       Pero uno puede pensar que si el 'ánimo' no es de uno ni para uno, ¿entonces qué? ¿Qué pasa conmigo, si al final, no me queda ánimo para animar o ni siquiera para estar o para ser...? En realidad, ese 'ánimo' que nos viene de Dios tiene la propiedad distributiva en sí: se distribuye según la necesidad del momento; una parte va para el mártir, el testimonio fiel; otra parte va para el mediador de ese ánimo (que ahí puede encontrarse uno mismo); otra parte va para los que ven, presencian o tienen noticia de todo el asunto (a ellos les llega también el testimonio, por vía indirecta); y otra parte permanece en la escena de todo este auténtico 'teodrama' -recordando la serie teodramática del gran teólogo y creativo Hans Urs von Balthasar- para cualquier viandante, transeúnte o pasante incircunstancial; es decir, para todo aquel que, por las ruecas del destino, haya de pasar por aquí..., también para él hay una parte de 'animo'. Recordemos: «repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios»; partes hay para todos; el 'ánimo' llega para todos y aún sobra...

       'Ánimo' para la experiencia de vida cristiana; 'ánimo' para los momentos cruciales de testimonio especial; 'ánimo' para lo cotidiano y 'ánimo' para lo extraordinario; 'ánimo' para dar y 'ánimo' para tomar; alimentarse de este 'ánimo' es beber en las fuentes de vida eterna: que hacen que lo de hoy sea poco (el presente) y haga falta también el mañana (el futuro) y aún el ayer (el pasado), para purificarlo y que sea fuente -él también- de ánimo salvífico.

*                    *                    *                    *                    *

Responsorio de la lectura propia del Oficio de Lecturas de S. Ignacio de Antioquía:
     
«Nada os es desconocido si mantenéis de un modo perfecto, en Jesucristo, la fe y la caridad, que son el principio y el fin de la vida: El principio es la fe, el fin la caridad.
»Revestíos de mansedumbre y convertíos en criaturas nuevas por medio de la fe, que es como la carne del Señor, y por medio de la caridad, que es como su sangre. ---El principio es la fe, el fin la caridad.»

12.10.13

Apoyo a «Menudos Corazones»



Hay una ONG en Madrid que da soporte a familiares y niños con enfermedades congénitas del Corazón, se llama «Menudos Corazones».

Han grabado un video especial, de 1 min. y 1/2 con mucho cariño, en el que han participado muchos amigos sin pedir nada a cambio.

Tienen un reto: conseguir cuantas más visitas al vídeo con visionado completo en 24 horas.

Si conseguimos las visitas, la Fundación Telefónica donará una cantidad de dinero para ayudarlos… a seguir ayudando.

Cuento contigo y con todas las personas a las que puedas mandárselo, comunicárselo y reenviárselo.

Se trata de difundirlo y sumar visitas. Cuanta más difusión, mayor impacto y mayor contribución solidaria.

La URL del vídeo es: http://www.youtube.com/watch?v=OM5e6G9KaAY 
Y si lo quieres colgar en tu blog, es: http://youtu.be/OM5e6G9KaAY 

Lo acabo de recibir por correo electrónico; lo he visto y a continuación he decidido ayudarles, subiéndolo en mi blog.
Ayudar es bueno y saludable...
 
Firmado: Fray Palabra (el bloguero)
 
 

La actriz española Ana Fernández (de la serie Los Protegidos) 
 leyendo el cuento a una linda niña, sobre un corazón un poquito roto