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23.1.21

Meditación sobre "buscad mi rostro" (Salmo 26) y "buscarme has en ti" (Sta. Teresa de Jesús)

 

Meditación sobre buscad mi rostro (Sal 26) y buscarme has en ti (Sta. Teresa de Jesús)



Texto 1º: «Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro"» (Sal 26,8)

Texto 2º: «"Buscarme has en ti"» (Sta. Teresa de Jesús, poema 4)




Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro" (Sal 26,8). Y en el evangelio del II domingo escuchamos a Jesús sus primeras palabras (según S. Juan): ¿Qué buscáis? (Jn 1,38). Y podemos responder, con el salmista: Tu rostro buscaré, Señor (Sal 26, 8). A esa respuesta, todavía podíamos proponer una pregunta más: "¿dónde?". Y para responderla viene en nuestra ayuda santa Teresa de Jesús, con los versos de su poema: Alma, buscarte has en Mí, / y a Mí buscarme has en ti (Poesía 4, según EDE).


Ya tenemos los textos fundamentales de nuestra meditación. Y ahora ¿qué? Ahora pensar un poco para poder entenderlo bien ("entender estas verdades" es un ritornelo de Teresa a lo largo y ancho de sus obras, "porque importa muy mucho"). Entonces pensemos: ¿por qué buscar primero el rostro de Dios, que es el rostro de Jesús, en nuestro interior? Porque todo lo verdadero, realmente, nace del interior. Todo lo que surja del exterior, en el exterior se quedará y, al fin, se lo llevará el viento. Lo observamos una y otra vez; y en nuestra sociedad científica, acostumbrada al prueba-error, prueba-acierto, no acabamos de entender que también eso sirve para la vida espiritual: '¿que no funciona tal camino?'. 'Pues busquemos otro'..., que para algo nos dio Dios esa inteligencia que tenemos (y que algunos tienen impoluta, por no usarla apenas mas que en casos excepcionales...). Por tanto, buscar a Cristo en nuestro interior sería lo primero y principal. Porque así, descubriendo que somos morada del Espíritu Santo, que Él habita en nosotros, entonces podemos salir de nosostros mismos, como los misioneros desde hace siglos, y compartir con los demás ese tesoro de nuestro campo, esa perla preciosa que hemos descubierto sorprendentemente y que no nos la podemos guardar para nosotros.


Por eso tiene todo el sentido el doble mensaje (uno sálmico y el otro teresiano): buscad mi rostro; buscarte has en mí. Buscas mi rostro --nos podría decir Jesús-- en tu interior y descubres que yo soy el rostro del Padre y que tú estás hecho a imagen y semejanza nuestra y, por tanto, por participación eres reflejo del rostro de Dios. Así, todos los humanos (que además de ser humanos son también o están llamados a ser hermanos en Cristo: humanos y hermanos; y no deshumanizados y enemigos), todas las personas son rostro de Dios, porque reflejan esa impronta que tenemos desde el inicio de la creación, porque Dios lo quiso así y porque eso nos hace reconocernos (conocernos y reconocer al otro también como hermano mío), de modo que entonces ya no serán dos sino una sola cosa (que aunque esto está dicho para el matrimonio, sirve igual para la conciencia y vivencia de lo humano).


Hay muchas presencias de Dios; es algo que solemos escuchar o leer. Cierto. Pero la primera y más cercana presencia de Dios es la que tengo o llevo o guardo en vasijas de barro... en mi interior. Es la interioridad la que está deseando ser descubierta, conquistada, compartida, misionada y misionera... Y desde la interioridad, todo el mundo, el exterior, la otra persona, especialmente la necesitada, las otras cosas, la creación, nuestro planeta..., cada pequeña cosa (que tengo a mano) y cada gran cosa (que me excede): Piensa globalmente, actúa localmente (lema de Manos Unidas en 1995). Esto nos sirve para entender que primero hemos de empezar por lo cercano, íntimo, interno y luego proseguir con lo prójimo (sea próximo o lejano), para poder llegar a colaborar en lo global y globalizado.


Así, desde el descubrimiento del Señor en nuestro interior, las demás presencias podrán ser mucho mejor descubiertas y aprovechadas que si no hubiéramos buscado ni conocido la interioridad. Así, la misa se vive más conscientemente, se experimenta la comunión entre unos y otros (comunión de los santos), se toma en serio el credo y se va haciendo experiencia de cada una de sus frases; así, el otro siempre quedará mucho más cercano (prójimo y próximo) de lo que nunca hubiéramos soñado. Y así, en definitiva, el reino de Dios estará mucho más cerca, o bien entre nosotros: ¡en nuestro interior!



25.12.20

Las "no-figuras" del Adviento: los que deberían haber estado y no estuvieron

Según las crónicas oficiales, los documentos conservados, los manuscritos y códices más antiguos, cuyas copias y extractos nos han podido llegar... hubo muchas personas que no estuvieron en el advenimiento más importante de la Historia de la Humanidad.

Faltaron los notarios y escribanos, 
muy ocupados en levantar otras actas y tomar otras notas;

huyeron despavoridos reyes y emperadores
(quizás temiendo por sus cetros y derechos adquiridos);

se ausentaron los tribunos, jueces y legistas,
tal vez para seguir dando largas a alguna viuda insistente
(antes de que alguien naciera para defenderla en una parábola);

se despistaron los falsos profetas 
(precisamente porque conocían que eran falsos
pero no deseaban que eso saliera en las noticias de la sobremesa...);

no acudieron a la cita los grandes ni medianos ni pequeños empresarios
(antes de que nadie se inventara 'la Patronal' ni las asociaciones de 'Pymes';
como también secundaron su ausencia los técnicos en turismo y peritos en proyectos 
lo cual fue una lástima, pues unos y otros perdieron la oportunidad de haber hecho
   un gran negocio: ya que acudieron los representantes de las culturas orientales
   con gran fasto, exhibición y notoriedad en todo el trayecto -tanto de ida como de vuelta-
   y pudieron haber aprovechado la ocasión para darse a conocer positivamente en todo el
   Oriente -Próximo o Cercano, Medio o Intermedio, y Lejano o Extremo u Olvidado-);

no tenían previsto en agenda el atender a cierta familia algo desestructurada
los encargados de la sanidad pública de Galilea ni de Judea
ni siquiera los del centro de salud o, al menos, dispensario de Belén de Judá
(como tampoco lo preveyeron los centros privados de atención primaria,
   secundaria o terciaria -por lo que tampoco fueron expedientados ni avisados
   ni siquiera se depuraron responsabilidades en otros niveles de la toma de decisiones-) 

desaparecieron los gobernadores, los centuriones, los centinelas del Imperio,
pues -como el Ojo de Mordor- tenían puesta toda su atención en cierto anillo de poder...

se desanimaron finalmente -y, por eso, tampoco acudieron- los ilusionistas, los adivinos,
los futurólogos, los visionarios, los nigromantes, los média (plural de médium),
los expertos en acertijos, los astrólogos, los embaucadores de la pobre gente,
no fuera que se diera cuenta la pobre gente de que, en verdad, era solo medio y no fin per se;

se escabulleron rápidamente los perseguidores, los martirizadores, 
los apagafuegos espirituales (apagan todo fuego espiritual),
los relativizadores extremos y reductores extremos (que todo lo reducen a nada)

así como también se ausentaron los fotógrafos, los pintores, los retratistas,
los juglares, los coplistas, los poetas, los cronistas, los bufones, los payasos,
los creativos, los ideadores, los expertos en márketing y gestión de imagen,
porque se ve que andaban agradando, reproduciendo y representando a otros... intereses...

No estuvieron,
se ausentaron,
se autodesinvitaron,
desparecieron,
se desentendieron...

¡Qué pena!
¡No sabían que iba a tocar el gordo!
¡Desconocían que llevaban todos los boletos ganadores!...

¡Qué lástima!
Ahora estarían alegres, contentos, satisfechos, abrumados de gozo...

Pero andan desnortados,
sin bajar al Sur,
enrocados en su Norte,
que perdió el norte
y no lo encontrará
jamás
nunca

...

hasta que amanezca
el Justo
y cuide el pábilo vacilante
y acoja a la caña cascada
y retome al perdido en la vía
y recoja al tirado en el camino

...

pero primero ha de anochecer

...

y ser más profunda
la tiniebla

...

escondeos

...

ocultaos

...

porque ha de pasar
esta generación
sin saber
ni ver
ni conocer
ni entender
...
no sea que se convierta
y se salve
y...

no sea...

no
 
...

Porque debieron estar...
...pero no estuvieron...

Y no lo podemos evitar...
...ni volver atrás...
...ni rehacerlo...


Solo

...
 
solo


















...

acudamos

a Belén

 

10.12.20

Figuras de Adviento: María II: la Buena Esperanza

María, la Virgen de la Buena Esperanza

Si ya vimos la primera advocación mariana del Adviento, esto es, la Inmaculada Concepción de María, ahora nos toca pasar revista a la segunda y más constante advocación: María está en cinta, embarazada, por obra del Espíritu Santo, de Jesús, el que va a ser el Salvador.

A la Virgen embarazada, que no se suele ver mucho o hablar mucho de ella, se la ha llamado, tradicionalmente, la Virgen de la Buena Esperanza.
(Fuente: aquí)

En la tercera semana de Adviento se celebra la festividad de la Virgen de la Esperanza, ya que es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto. Eso es lo que se quiere expresar con «La Expectación del Parto», o «El día de Santa María» como se le llamó también en otro tiempo, o «Nuestra Señora de la O» como popularmente también se le denomina hoy.

La representación de la Virgen en la espera del parto, denominada con el nombre de Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, se volvió frecuente a fines de la Edad Media, cuando se instituyó la fiesta de la Expectación de la Virgen, celebrada el 18 de diciembre.

En las diversas culturas hallamos diferentes representaciones de la Virgen de la Esperanza, o de la Buena Esperanza, o Virgen del Parto, o Virgen de la Expectación (las variaciones y connotaciones de cada título son extensísimas). Y así la vemos ataviada con los ropajes costumbristas de cada región, país o zona subcontinental (especialmente en ámbito latino), o bien una Inmaculada Concepción pero con barriguita, es decir, indicando que la Virgen (misterio de la virginidad de María) se ha quedado embarazada "sin conocer varón" (que está en el origen del misterio de la inmaculada concepción de Jesús). Y así las representaciones se multiplican.

En Oriente, se habla del Icono de la Virgen del Signo, o Virgen del Adviento, la cual lleva en su seno a Jesús (como normalmente no se representan las tres dimensiones en los iconos, el Niño aún sin nacer aparece dentro de una circunferencia, a la altura de la barriga de María):

Dos mode-los de iconos de la Virgen del Signo o de la Virgen del Advien-to.


(Fuente: aquí, con muchos otros iconos de la Virgen, identificados en el título o pie de foto)

A veces se "carmelitaniza" la Virgen del Signo o del Adviento y la vemos como en el icono de la Virgen de la Contemplación o Virgen del Desierto de Las Palmas (Castellón, España), compuesto en la escuela iconográfica que tienen las monjas Carmelitas Descalzas de Harissa (Líbano).

Este icono representa a la Virgen del Signo con todo tipo de contenido y detalles carmelitanos: viene a ser la Virgen del Carmen, válida para todo el año litúrgico, aunque con evidente inspiración en la Virgen del Adviento, como vemos por el gesto de la Virgen y por la incrustación de la circunferencia con el Niño en el medio superior del cuerpo de María. Abajo y detrás quedan signos tan carmelitanos como la nubecilla de Elías (sobre el mar, que significaría aquí lo desconocido, el lugar de las bestias y del mal, etc., que es vencido por el advenimiento del Salvador, nacido de María Virgen), el monte Carmelo o monte de la perfección, coronado por la Cruz, con una caverna en medio, que podría ser la gruta de Elías (en la ladera del monte Carmelo) o la gruta de San Eliseo (en otra parte de ese monte) o "las cavernas oscuras del sentido" que canta san Juan de la Cruz en su Cántico espiritual; caverna que se ve enmarcada por las tres estrellas del escudo carmelitano, dos fuera de la caverna, de plata, porque indican las dos virtudes pasajeras de la fe y la esperanza, que solo nos sirven en este mundo, y una estrella de oro en medio de la caverna o cueva o gruta, que indica la virtud del amor o caridad, que es virtud eterna, también actuante en el cielo, pues dice san Pablo que el amor no pasa nunca o nunca se acaba (cf. 1Cor 13,8). De la misma manera, el árbol de la vida (o de la sabiduría), al inicio del ascenso al monte referido; el escapulario en la mano derecha de María; el escapulario que viste la misma Virgen María, con el sayal del hábito y la capa blanca-hueso, con cuatro pliegues a la izquierda y tres pliegues a la derecha (cuatro virtudes cardinales, tres virtudes teologales, siete virtudes = María, la mujer perfecta); y las inscripciones griegas de todo icono mariano en la parte superior.

Recursos para niños sobre la Virgen de la Buena Esperanza: aquí.
«Oración para el embarazo a la Virgen de la Dulce Espera» (ojo con ese blog, en que se mezclan cosas católicas, cristianas, con diversas supersticiones, amuletos y demás)
Fecha de la memoria de la Virgen de la Buena Esperanza: 18 de diciembre, justo al comenzar las ferias mayores de Adviento (por lo cual no se celebra exactamente del común de santa María, sino de los textos litúrgicos propios de esas ferias mayores, los cuales tienen presente siempre la figura protagonista de la Virgen María, que está encinta, a punto de dar a luz).
 

20.9.20

Perfiles psicológicos muy castizos

Presento aquí varios perfiles psicológicos o bien momentos de una misma psicología, a modo de "clichés" (a medio camino entre lo humorístico, lo ensayístico, lo psicológico y lo reflexivo).
 



¿Seré yo un poco de todo esto;
o un poco de esto y un poco de aquello;
o tal vez sea solo uno de estos caracteres
pero pueda caer en el resto de ellos,
si no me voy autoconociendo y
autocorrigiendo para no perderme?

 
Don Afeitado: trata los temas y las cosas y a las personas como trata su barbilla al afeitarse: pasa por encima quitando lo que sobresale, pero la raíz siempre queda debajo, a la que nunca consigue -ni pretende- llegar.

Don Astuto: se suele salir con la suya en las circunstancias más variopintas; tiene altas titulaciones experimentales en estas prácticas "astutas", tanto en el plano dialéctico como en el de la acción. Es muy difícil penetrar en alguna parcela de su personalidad que previamente haya decidido no mostrar o esconder o maquillar. Está hecho -casi- a prueba de balas dialécticas. Nunca se sabe del todo con quién se está.

Don Bostezo: cualquier cosa le produce hambre, sueño o aburrimiento (las tres causas del bostezo), pasando de manera intermitente -y sin aparente concierto- de un estado a otro, sin por ello comprometerse verdaderamente con algo; no llega a ser el eterno dormilón, pero poco le falta.

Don Camaleón: estar en su presencia resulta agradable en los primeros momentos, dada su gran adaptabilidad a todo tipo de situaciones, caracteres y posturas; siempre busca agradar a todo el que lo rodea, cueste lo que cueste, incluso si ha de sacrificar su propia personalidad, adaptándose a la forma de hablar y de comportarse de aquellos con los que se encuentra en cualquier momento; su mimetismo es tan perfecto que nunca se llega a saber de verdad cómo es o quién es o qué desea realmente en cada momento; es decir, su individualidad desaparece en la colectividad en aras de pasar desapercibido o bien no ser interrogado o bien dar salida a la imperiosa necesidad de agradar a todos (y a ninguno en el fondo) para sentirse bien. 


Don Clorato: deja siempre un sabor raro: las cosas que dice, las que hace, cómo se comporta, etc. (Tomado de Don Clorato de Potasa, novela humorística del cómico español Edgar Neville.)

Don Entusiasta: en toda empresa en la que se embarca pone mucho entusiasmo; logra contagiarlo a los que se le acercan y a sus colaboradores.

Don Eterno: (a) todo lo que hace se eterniza en el tiempo (positivo); (b) todo lo que dice se eterniza en el tiempo (positivo): es el primo hermano de Don Sabio; (c) toda acción que emprende ahora se eterniza hasta no se sabe cuándo (negativo); nunca acaba de hacer algo del todo, porque le lleva una eternidad...; (d) toda explicación suya se eterniza de manera inconsciente o consciente, pero nunca justificable, de modo que se torna una mezcla entre Don Pesado, Don Infumable, Don Plúmbeo y Don Idílico, mezcla que resulta absolutamente letal para sus interlocutores, que mueren en el intento de comunicarse o huyen de él atemorizados de muerte.

Don Exquisito: trata a todas las personas (y temas de que habla) con mucha exquisitez; en negativo: le falta "normalidad" (que no mediocridad); puede acabar siendo Don Sibarita.

Don Famoso: siempre es conocido por unos aquí y por otros allá; siempre es foco de atención, protagonista; quizá no sabe vivir sin ello.

Don Fulano: es conocido por muchos, pero de manera utilitaria y más bien superficial.

Don Guay: es un primo segundo de Don Perfecto y primo hermano de Don Exquisito, aunque por rama materna. Tiene propio vocabulario -diferente, por supuesto, de Don Exquisito. y siempre necesita sentirse él mismo, y hacer que los demás se sientan como él -en caso negativo, toma las de Don Idílico y se autoengaña con que todo y todos son guays o superguays-. En este sentido es familiar también de Don Famoso, solo que no es necesariamente tan famoso como él.

Don Idílico: es una mezcla de Don Sibarita y Don Exquisito (en negativo éste); también es una radicalización negativa de Don Entusiasta, de modo que se evade de la realidad o la niega para construirse un idílico paraíso, lamentablemente inexistente.

Don Infumable: todo lo que dice, lo que hace, cómo se explica o cómo afronta las cosas -especialmente en relación con otros- se torna infumable y acaba por ahogar a sus correligionarios o a aquellos que trabajan en equipo con él o incluso a colaboradores secundarios y hasta algún que otro conocido... Es una radicalización negativa de Don Pesado.

Don Instantáneo: primo de Don Afeitao. Para todo lo que hace y dice sigue siempre una de sus múltiples fórmulas -que suelen ser variaciones de la misma-: tomar la vía rápida e instantáneamente salir del atolladero; por tanto, su compromiso aparente es en verdad menos que superficial, pues no le interesa más que salir de las cosas, situaciones, relaciones, asuntos, etc., con fáciles soluciones instantáneas (fáciles de disolver y más fáciles de consumir).

Don Mengano: un paso más de Don Fulano; a él sólo llegas por segundas personas, nunca directamente.

Don Pesado: tiene tendencia a hacerse pesado o inconscientemente se torna pesado.

Don Plomo: primo de Don Pesado; más pesado que éste, aunque no tanto como Don Infumable. Sus insistencias "plúmbeas" sobre los temas que le interesan o apetecen o simplemente los pocos que sabe..., resultan en ocasiones positivas en cuanto que consigue aquello que se propone, por medio de su pesadez plúmbea; el resto de veces resulta lo que es: un auténtico plomo.

Don Perfecto: todo lo que hace le ha de salir bien; si no es así, se irrita hasta límites insospechados. Es pariente lejano de Don Idílico, por eso no se evade en un automontaje de la realidad -en caso de que ésta no responda a sus expectativas (a priori) o a sus requerimientos (a posteriori)-, sino que intenta cambiar el sino de las cosas, hasta forzarlas irremediablemente o hasta forzarse él mismo, de modo que, en un caso y en otro, lo que falta es la
naturalidad y, aún más, la libertad.

Don Positivo: aquel que cree que, de todo lo bueno, aún lo mejor está por venir.

Don Preciso: tiene muchos dones y muchas personas precisan de él; de hecho, en la lengua española existen expresiones (con sus variantes) referidas a "Don Preciso", tales como "Don Preciso ya nació" o "Don Preciso ya murió" o "Don Preciso ya se marchó" (según las circunstancias aconsejen una u otra...).




 
Don Prudencio: denota un exceso de prudencia adonde va.

Don Sabio: su sabiduría en los temas de su dominio (o en muchos otros que inicialmente uno no se imaginaría que los domina) produce que sea consultado constantemente por propios y ajenos; su pedagogía para comunicar esa sabiduría hace que no se convierta, normalmente, en Don Plúmbeo o en Don Eterno, aunque nunca está del todo exento en caer en una de esas exageraciones o radicalizaciones, como también en la de Don Famoso, etc.
 
Don Sibarita: radicalización negativa de Don Exquisito... hasta límites insospechados de refinamiento exacerbado.
  
Don Sincero: es el caso contrario a Don Astuto, del que es vecino pero nunca pariente -ni siquiera lejano-. Necesita contar siempre la verdad, sea propia o ajena, sin atender a circunstancias, pormenores, agravantes o atenuantes. No en pocas ocasiones resulta -lo que dice- con un sabor semejante al que deja Don Clorato, pariente lejano suyo. A veces, de tal exceso de sinceridad se torna algo parecido a Don Infumable, de quien es amigo, ocasionando en sus interlocutores una huida, evasión o fuga directa e instantánea.
 
Don Soñador: el carácter de Don Soñador está entre medias del de Don Idílico (exageración por exceso) y del de Don Prudencio (exageración por defecto), pues el primero se pasa de "lanzado" y el segundo no llega, por excesiva prudencia; Don Soñador, sin embargo, tiene interesantes sueños, algo arriesgados si bien es verdad, pero interesantes, al fin y al cabo..., por lo cual valdría la pena romper una lanza (o dos, ya puestos) y lanzarse a ello con arrojo y simpatía, actitudes muy propias de él.
 
Don Zutano: un paso más de Don Mengano; a él sólo llegas por terceras personas, nunca directamente ni siquiera por segundas personas; es una radicalización -en negativo- de Don Fulano y de Don Mengano.

¿Cuál eres tú -de entre todos ellos-? ¿Te atreves a inventarte otro "Don Carácter" para describir algo tuyo o de algún conocido?
 
Déjalo escrito como comentario, y luego -si deseas- lo incorporo al texto.

*     *     *     *     *

He encontrado una sorprendente similitud con estos caracteres en la Biblia (Antiguo Testamento), concretamente en el libro de los Proverbios, capítulo 9, versículos 13-18, que paso a transcribir, aunque dadas las diferencias entre las diversas traducciones que he hallado, finalmente he optado por hacer una reconstrucción del texto (ahora la literalidad no nos interesa tanto, cuanto la expresividad) y me baso en las 3 traducciones siguientes: la de la Conferencia Episcopal Española (publicada en la Biblioteca de Autores Cristianos, la BAC, de Madrid), la del breviario u Oficio de Lecturas en la Liturgia de las Horas, volumen tercero, correspondiente a la primera lectura del miércoles VI del tiempo ordinario, y la traducción de Evaristo Nieto y su equipo en la editorial San Pablo; así pues:

Doña Locura es bullanguera, impulsiva, mentecata e ignorante;
la ingenua no tiene vergüenza.
Se sienta a la puerta de su casa, en un asiento, en lo más alto de la ciudad
para gritar a la gente que pasa -a los que van derechos por el camino-:
«Jóvenes inexpertos, venid aquí».
Y a los insensatos y a los faltos de juicio, ella les dice:
«El agua robada es más dulce;
el pan a escondidas, en secreto, es más sabroso».
Pero no saben (los transeúntes y la gente que pasa por allí)
que en la casa (de Doña Locura) están las sombras de los muertos,
y que sus invitados bajan a las profundidades del Abismo.

(adición del 23 de febrero de 2014) 

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(adición del 20 de septiembre de 2020: perfil de don Camaleón, gracias a Elías Robles; fuente de la foto del camaleón: https://www.almendron.com/blog/el-camaleon-ese-desconocido/.) 

23.2.18

Figuras del Adviento y de la Cuaresma: JUAN, el hijo de Zacarías - JUAN, el Bautista


Juan, hijo de Zacarías


1. Una forma antigua de llamar a las personas
 
Sabemos que la sociedad judía del siglo I a.C. era machista (mucho más lo eran las sociedades de su entorno); y que la mujer no contaba mas que como una posesión de su marido, que era quien en realidad contaba: el padre, cabeza de familia agrícola o ganadera de signo patriarcal («Tu esposa será como parra fecunda en la intimidad de tu casa; tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa. Así es bendecido el varón que teme al Señor»: Salmo 128[127],3).

Esto se denotaba al llamar a las personas: se llamaba a los varones (no a las mujeres, mas que en excepciones), que eran conocidos por su filiación paterna, eran “hijos de su padre”, no “de su madre” o “de su padre y de su madre”. Por ejemplo: los apóstoles Santiago y Juan, hermanos, vienen designados como “de Zebedeo” o “los de Zebedeo”, nombre del padre de ambos, pero nunca se les llama “los de su madre” (de hecho, no se dice el nombre de su madre, ya que la única vez que aparece [Mt 20,20-21] se la denomina “madre de los hijos de Zebedeos”: solo cuenta en función de haber engendrado a 2 varones, hermanos entre sí e hijos de Zebedeo, marido de ella). Solo los exegetas dicen que era Salomé (Mc 15,40-41; 16,1), de las 3 mujeres seguidoras de Jesús.


2. Juan, el de Zacarías
 
Figura del Nuevo Testamento. Es el primer personaje humano que aparece como protagonista en algunos Evangelios, como el de Marcos (Mc 1,4) o el de Juan (Jn 1,6). (Mateo antecede la genealogía jesusana; Lucas se dirige primero a Teófilo, luego habla de Juan: Lc 1,5-25; 41.44.57-80; 3,1-22: es quien más datos da de él: nombre de su padre, Zacarías; nombre de su madre, Isabel –dar el nombre de la madre es, pues, aquí, la excepción que confirma la regla).

Pero es que Lucas se fija en especial en las mujeres: tanto en su evangelio de la infancia (Lc 1-2) como en el resto. En aquél habla de: mujer 1, mujer 2 (Isabel y María); varón 1, varón 2 (Zacarías y José); niño 1 y niño 2 (Juan y Jesús). Responde a un esquema ‘típico’, basado en varios typos, en función de la fe en Dios de cada una de esas personas (tipos de fe, modelos de fe). Centrémonos en el ‘niño 1’: Juan, el hijo de Zacarías.
 
Juan (el de Zacarías, el Bautista) es una figura de Adviento
(pero también es una figura de la Cuaresma)


Juan, el Bautista
 
3. Juan, el Bautista 
 
Normalmente es éste el nombre que le damos, el que nos es más conocido y agradable a los oídos. Pero no era su función primordial; solo es ésa la función que aparece primera en los evangelios (repetida en los cuatro), y por eso la tradición le puso ese sobrenombre: el bautista.
Pero hay “otro” Juan, el el que nació y creció sin haber nunca bautizado a nadie. Era el Juan, hijo de Zacarías. Volvamos, pues, al hilo del discurso que dejamos en el apartado anterior.


Juan (el bautista, el hijo de Zacarías), pintado por Leonardo Da Vinci

 

4. Dos Juanes (que son el mismo): el de Zacarías (Adviento) y el Bautista (Cuaresma) 
 
Digamos que la liturgia actual (postconciliar) ha creado dos personajes distintos o un mismo personaje pero diferenciado según los momentos litúrgicos. Es nuestro Juan, como vemos.
 
Para Adviento los liturgistas seleccionan unos textos donde sale Juan, pero no se hace hincapié en su función de bautizar; eso se deja para después.
En la Cuaresma –el 'después'– sí que aparece este personaje en su función más conocida, la de bautizar, para la conversión. Porque bautismo y conversión van unidos íntimamente: el de Juan es un bautismo de conversión. El de Jesús lo será en el Espíritu.

Y en Adviento ¿qué? En Adviento, Juan predica, amonesta, da testimonio; pero antes, mucho antes de eso, en Adviento Juan nace del seno de Isabel, otro personaje del Adviento, al igual que su padre Zacarías (cobra menos importancia que su mujer); Juan es niño –por un lado– y es mayor –por otro–.

Juan es anunciado, es nacido, es crecido... Juan se marcha de casa (suponemos) y se pone a predicar. Parte de eso lo tenemos en Adviento y parte lo tendremos en Cuaresma.

Los dos Juanes: Juan el de Zacarías y Juan el Bautista; uno para Adviento y otro para Cuaresma (al gusto del consumidor litúrgico).
Juan de Adviento y Juan de Cuaresma. En Adviento: nos quedamos con el Juan de Adviento: el hijo de Zacarías. Y en Cuaresma: nos quedamos con el Juan de Cuaresma: el Bautista.

 

19.12.17

Figuras del Adviento: el "resto" de Israel

Ya nos avecinamos al final del Adviento. En realidad estamos en el IV Domingo de Adviento, pero al tener esta 4ª semana de Adviento pocos días hábiles (sábado 23, domingo 24), y ya entrar de lleno en la Navidad (vigilia del domingo 24 al lunes 25, lunes 25...), viene a ser como un preludio de la Navidad, una especie de 'larga víspera' de la Natividad.

Por eso, propongo ahora una curiosa figura de Adviento, que en realidad no es una figura sino un colectivo de ellas: unas cuantas, unas muchas, bastantes..., quizá innumerables. Es el grupo englobado bajo la expresión "el resto de Israel".

¿Y quiénes formaban parte de ese resto de Israel? Los piadosos, los devotos, los temerosos de Dios, los que escuchaban la Palabra de Dios y la cumplían, los que esperaban al Mesías (aunque con ideas muy distintas y, aún, muy dispares y contrapuestas)... Entre ellos se encuentran María la Virgen, su esposo José, la pariente de María llamada Isabel, el esposo de ésta: Zacarías, el niño de ambos: Juan (luego llamado el Bautista); también, otros personajes que no aparecen ahora y que aparecerán en el tiempo litúrgico de Navidad, como el anciano Simeón, y la anciana Ana; o los pastores (aunque quizá no fueron previamente tan conscientes de la espera-venida del Señor, y solo lo fueron más tarde, cuando el anuncio del ángel... o tal vez, por ser sencillos, estaban más predispuestos...).

¿Cómo formar parte hoy de ese 'resto de Israel'? Cronológicamente hablando es imposible, claro está. Pero si 'el nuevo Israel' viene a ser la Iglesia de Cristo (la universal, toda unida), así como la Jerusalén de entonces es la Jerusalén de hoy (ciudad histórica, geográfica), pero la Jerusalén celeste es la "ciudad santa" en que viviremos en la vida eterna..., entonces, de algún modo misterioso y no del todo explicable, podemos formar parte hoy del 'resto del nuevo Israel', de la Iglesia que peregrina y que espera a su Señor (la misma que ha repetido durante todo el Adviento: «Ven, Señor Jesús» (en himnos y responsorios).

Como el Señor Jesús ya vino (venida histórica -1ª), viene cada día (venida existencial y dinámica o espiritual -2ª) y vendrá al final de los tiempos (venida teológica -concretamente 'escatológica' en cuanto que habla del 'ésjaton', que en griego viene a ser el final de este tiempo y el inicio del tiempo no cronológico sino del tiempo eterno de Dios -que llamamos 'vida eterna'-, y que mientras tanto, andamos en el tiempo cronológico, que también puede ser salvífico ['kairós'] -3ª- mientras peregrinamos en fe por el tiempo concreto de nuestra vida/existencia en la tierra y nos dejamos salvar por Dios). Como esas tres venidas se dan o se darán en nuestra Historia, podemos abrirnos en la 2ª venida, que es la más cercana para nosotros, con el fin de que espiritualmente venga Jesucristo a nuestra vida, casa, trabajo, grupo, movimiento, comunidad, ciudad, espíritu, iglesia...

Por tanto, imitando las actitudes de espera esperanzada, de paciente espera, de activa espera, como tuvieron todos y cada uno de esos mencionados personajes de Adviento que conforman el grupo del resto de Israel, imitándoles, pues, nos convertimos en el nuevo resto de Israel, que sigue esperando a su Señor, aun sabiendo que ya vino y que vendrá definitivamente; pero, por eso mismo, durante el 'mientras' (el ya pero todavía no) nos pertrechamos con las armas del Adviento (fe, alegría, esperanza, paciencia, misericordia, servicio, silencio, escucha, oración, entrega, aceptación,...). Todas estas 'armas' espirituales las hemos ido viendo o percibiendo a lo largo de las diversas 'figuras del Adviento' (desde Isaías hasta Juan -de Zacarías-, pasando por las varias perspectivas de la Virgen María). Ahora nos toca a nosotros, cada uno en particular, decidir si estamos dipuestos a ser parte...


(Fuente de la última imagen: "Oración para la víspera de la Navidad")

20.8.17

Profecía de Zacarías: paz en Jerusalén

 La lectura primera del Oficio de Lecturas de ayer (jueves de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario -en el oficio coral católico-) traía un largo pasaje: todo el capítulo 8 del Libro del Profeta Zacarías o Profecía de Zacarías (que encontramos en el Antiguo Testamento, entre los llamados "Profetas Menores", libro que se halla entre el del Profeta Ageo y el del Profeta Malaquías -éste es el último libro de la Biblia hebrea; por tanto Zacarías es el penúltimo, tanto de la Biblia hebrea como del Antiguo Testamento para nosotros).


Para entender mejor quién es el autor y su época, qué dice en su profecía y porqué, copio dos párrafos de una introducción al Profeta Zacarías (que se hallará en la Biblia editada por la editorial San Pablo, a cargo del biblista Evaristo Martín Nieto y su equipo de colaboradores).

«Zacarías ("el Señor se acuerda") nació probablemente en el seno de una familia sacerdotal (cf. Zac 1,1; Neh 12,4.16), y ciertamente sus vaticinios tienen un marcado sello levítico. Comenzó su carrera profética unos dos meses después que Ageo (cf. Zac 1,1 y Ag 1,1.15), con el que coincidió un mes, durante el que se apoyaron mutuamente en la exhortación a reconstruir el templo. Él continuó su ministerio dos años más, entre el 520-518 a.C., durante el reinado de Darío de Persia, sucesor de Cambisés (Zac 1,1.7). Tiene, como Ageo, la preocupación por la restauración del templo; pero su preocupación principal fueron los valores morales, la pureza y santidad de vida (cf. Zac 7,5s.9s; 8,19). Se considera a sí mismo como continuador de los profetas anteriores (cf. Zac 1,4; 7,7.12).
Cronología del período del Profeta Zacarías (520-518 a.C.)
»Los autores están de acuerdo en que la primera parte del libro es del profeta Zacarías (capítulos 1 al 8). (...). En la primera parte la preocupación está en la restauración del templo (...).
»El contexto histórico de la primera parte es el de Ageo, bajo el dominio persa y con no pocas dificultades para llevar a cabo la reconstrucción del templo. (...).
»La primera parte (caps. 1-8) contiene una introducción (1,1-6), ocho visiones con sentencias proféticas a modo de comentario, (...), y un apéndice mesiánico (7,1-8,23). En ella el profeta trata de llevar un mensaje de fe y esperanza a la comunidad ante las adversidades que sufre: Dios dará la salvación, pero exige previamente la conversión. El contenido fundamental es el anuncio de la era mesiánica, que vendrá con seguridad y pronto. Se caracterizará por la reconstrucción del templo y de Jerusalén (1,16; 8,3), la vuelta de todos los dispersados (2,8; 4,5; 6,15; 7,7s), la venida de Dios a la ciudad reconstruida (8,3), el aniquilamiento de las naciones opresoras de Judá (2,1-4), la conversión de las naciones (2,15; 8,20-23), la destrucción del pecado (3,9; 5) y el establecimiento de la paz (3,10; 8,12)».
    
«Pedid la paz para Jerusalén:
"Que vivan tranquilos tus amigos,
que reine la paz dentro de tus muros
y tranquilidad en tus palacios".
Por mis hermanos y compañeros,
diré: "La paz esté contigo".
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo la felicidad»
(Sal [122] 121, 6-9)

(Jerusalén, en hebreo Yerushaláyam, tiene dentro de sí la raíz de la palabra shalom, paz; por eso es llamada también Ciudad de paz o Ciudad de la Paz) 

  
Profecía de Zacarías
Capítulo 8 (versículos 1-8)

Perspectivas de salud mesiánica
1 El Señor todopoderoso m dirigió esta palabra:
Esto dice el Señor todopoderoso:
2 «Estoy enamorado de Sión
con un amor lleno de celos,
y una gran cólera se enciende en mí a favor suyo».
3 Esto dice el Señor omnipotente:
«Vuelvo a Sión
y habitaré en Jerusalén.
Jerusalén será llamada
de nuevo ciudad fiel,
y la montaña del Señor omnipotente,
montaña santa».
4 Esto dice el Señor omnipotente:
«Ancianos y ancianas
se sentarán todavía
en las plazas de Jerusalén;
tendrán un bastón en su mano
a causa de sus muchos años,
5 y las calles de la ciudad
estarán llenas de niños y niñas
que jugarán en sus plazas».
6 Esto dice el Señor omnipotente:
«Si el resto de este pueblo juzga
que esto es imposible,
¿lo tendré yo que juzgar también
como imposible?»,
palabra del Señor omnipotente.
7 Esto dice el Señor omnipotente:
«Libraré a mi pueblo
del país de oriente
y del país de occidente;
8 yo los traeré
para que habiten en Jerusalén.
Ellos serán mi pueblo,
y yo seré su Dios
en la fidelidad y en la justicia».


¡Qué bellas imágenes utiliza el profeta Zacarías!:
    
1) los ancianos -que se sirven ya del bastón, por la muy larga edad y los achaques- que hablan tranquilamente en las puertas de las casas, en las plazas del pueblo, de la ciudad;
2) los niños que juegan en las plazas, en las calles de la ciudad y del pueblo...

Si los ancianos siguen viviendo es que ha habido un tiempo largo de paz, en el cual han perseverado pacíficamente las personas hasta llegar a su ancianidad, en paz, y pueden compartirlo con otros ancianos -llegar a la ancianidad no sería una excepción, sino la regla- y compartir tranquilamente el tiempo vivido, las vivencias de un tiempo pasado...

Si los niños juegan en la calle es que las calles y las plazas de la ciudad no están ocupadas por los ejércitos en guerra o por los bandidos o por los francotiradores... Si las calles están llenas de niños y de niñas, es que las calles están limpias de guerra, llenas de paz, y los niños las llenan de su alegría, de su jolgorio e inocencia, de su algarabía, que alegra la ciudad y da esperanza a los mayores: esos niños jugando muestran la paz de la ciudad...



«Los hijos son un regalo del Señor;
el fruto de las entrañas, una recompensa.
Como flechas en manos del guerrero,
así son los hijos de la juventud;
dichoso el que llenó de ellos su aljaba»
(Sal [127] 126, 3-5a)

 Bibliografía recomendada:
Un sencillo folleto para leer y entender el libro del Profeta Zacarías,
junto con otros profetas menores:
Cuadernos bíblicos, nº 90 - Ediciones Verbo Divino, Estella (Navarra)