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10.12.20

Figuras de Adviento: María II: la Buena Esperanza

María, la Virgen de la Buena Esperanza

Si ya vimos la primera advocación mariana del Adviento, esto es, la Inmaculada Concepción de María, ahora nos toca pasar revista a la segunda y más constante advocación: María está en cinta, embarazada, por obra del Espíritu Santo, de Jesús, el que va a ser el Salvador.

A la Virgen embarazada, que no se suele ver mucho o hablar mucho de ella, se la ha llamado, tradicionalmente, la Virgen de la Buena Esperanza.
(Fuente: aquí)

En la tercera semana de Adviento se celebra la festividad de la Virgen de la Esperanza, ya que es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto. Eso es lo que se quiere expresar con «La Expectación del Parto», o «El día de Santa María» como se le llamó también en otro tiempo, o «Nuestra Señora de la O» como popularmente también se le denomina hoy.

La representación de la Virgen en la espera del parto, denominada con el nombre de Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, se volvió frecuente a fines de la Edad Media, cuando se instituyó la fiesta de la Expectación de la Virgen, celebrada el 18 de diciembre.

En las diversas culturas hallamos diferentes representaciones de la Virgen de la Esperanza, o de la Buena Esperanza, o Virgen del Parto, o Virgen de la Expectación (las variaciones y connotaciones de cada título son extensísimas). Y así la vemos ataviada con los ropajes costumbristas de cada región, país o zona subcontinental (especialmente en ámbito latino), o bien una Inmaculada Concepción pero con barriguita, es decir, indicando que la Virgen (misterio de la virginidad de María) se ha quedado embarazada "sin conocer varón" (que está en el origen del misterio de la inmaculada concepción de Jesús). Y así las representaciones se multiplican.

En Oriente, se habla del Icono de la Virgen del Signo, o Virgen del Adviento, la cual lleva en su seno a Jesús (como normalmente no se representan las tres dimensiones en los iconos, el Niño aún sin nacer aparece dentro de una circunferencia, a la altura de la barriga de María):

Dos mode-los de iconos de la Virgen del Signo o de la Virgen del Advien-to.


(Fuente: aquí, con muchos otros iconos de la Virgen, identificados en el título o pie de foto)

A veces se "carmelitaniza" la Virgen del Signo o del Adviento y la vemos como en el icono de la Virgen de la Contemplación o Virgen del Desierto de Las Palmas (Castellón, España), compuesto en la escuela iconográfica que tienen las monjas Carmelitas Descalzas de Harissa (Líbano).

Este icono representa a la Virgen del Signo con todo tipo de contenido y detalles carmelitanos: viene a ser la Virgen del Carmen, válida para todo el año litúrgico, aunque con evidente inspiración en la Virgen del Adviento, como vemos por el gesto de la Virgen y por la incrustación de la circunferencia con el Niño en el medio superior del cuerpo de María. Abajo y detrás quedan signos tan carmelitanos como la nubecilla de Elías (sobre el mar, que significaría aquí lo desconocido, el lugar de las bestias y del mal, etc., que es vencido por el advenimiento del Salvador, nacido de María Virgen), el monte Carmelo o monte de la perfección, coronado por la Cruz, con una caverna en medio, que podría ser la gruta de Elías (en la ladera del monte Carmelo) o la gruta de San Eliseo (en otra parte de ese monte) o "las cavernas oscuras del sentido" que canta san Juan de la Cruz en su Cántico espiritual; caverna que se ve enmarcada por las tres estrellas del escudo carmelitano, dos fuera de la caverna, de plata, porque indican las dos virtudes pasajeras de la fe y la esperanza, que solo nos sirven en este mundo, y una estrella de oro en medio de la caverna o cueva o gruta, que indica la virtud del amor o caridad, que es virtud eterna, también actuante en el cielo, pues dice san Pablo que el amor no pasa nunca o nunca se acaba (cf. 1Cor 13,8). De la misma manera, el árbol de la vida (o de la sabiduría), al inicio del ascenso al monte referido; el escapulario en la mano derecha de María; el escapulario que viste la misma Virgen María, con el sayal del hábito y la capa blanca-hueso, con cuatro pliegues a la izquierda y tres pliegues a la derecha (cuatro virtudes cardinales, tres virtudes teologales, siete virtudes = María, la mujer perfecta); y las inscripciones griegas de todo icono mariano en la parte superior.

Recursos para niños sobre la Virgen de la Buena Esperanza: aquí.
«Oración para el embarazo a la Virgen de la Dulce Espera» (ojo con ese blog, en que se mezclan cosas católicas, cristianas, con diversas supersticiones, amuletos y demás)
Fecha de la memoria de la Virgen de la Buena Esperanza: 18 de diciembre, justo al comenzar las ferias mayores de Adviento (por lo cual no se celebra exactamente del común de santa María, sino de los textos litúrgicos propios de esas ferias mayores, los cuales tienen presente siempre la figura protagonista de la Virgen María, que está encinta, a punto de dar a luz).
 

10.5.20

Los abrazos papales

Ya que no podemos abrazarnos a causa del coronavirus (Covid-19)
retomo la reflexión sobre "los abrazos papales", de gran significado
para el diálogo ecuménico o diálogo entre las Iglesias cristianas
(sobre todo entre cristianos católicos y cristianos ortodoxos)
que Oriente y Occidente se sigan abrazando mutuamente
aunque, por el confinamiento, aún no podamos...


En el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos... (comenzado por Paul Watson en 1905 y continuado hasta hoy -2020- en todo el mundo...), ofrezco esta breve reflexión:
 
(Reflexión sobre los abrazos entre Papas y Patriarcas ortodoxos en los siglos XI-XXI)
 
Abrazo entre el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Atenágoras I, y el Papa (Patriarca de Roma, Occidente), Pablo VI
Jerusalén ("Tierra Santa"), 1964
(910 años después del Cisma de Oriente, en 1054, en que Roma y Constantinopla se alejaron definitivamente;
previamente al abrazo, ambos líderes cristianos revocaron las sendas excomuniones que se habían dado en 1054)

Abrazo entre el Papa Francisco (Patriarca de Occidente) y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé
Jerusalén ("Tierra Santa"), 2014
Encuentro acordado por ambos, a los 50 años del abrazo entre sus predecesores, Pablo VI y Atenágoras I, respectivamente

 
1. La Ortodoxia, de acutalidad [1]
 
De todas las Iglesias orientales, la Iglesia Ortodoxa es la más importante y la que cuenta con más miembros[2]. Los últimos datos publicados dicen que las Iglesias ortodoxas cuentan, en conjunto, con unos 250 millones de fieles, siendo la Iglesia Ortodoxa Rusa, con 165 millones, la más numerosa[3].
 
La Ortodoxia oriental tiene una Iglesia especial, la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, cuya cabeza es el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (antes Bizancio, hoy Estambul), representante, cabeza simbólica, espiritual y en cierto modo organizativa de toda la Ortodoxia oriental.
 
Es una Iglesia no muy grande en número, pero sí que fue antiguamente la 2ª Roma, la Roma de Oriente...
De hecho, a partir del siglo XVI, la otra gran Iglesia, la Ortodoxa Rusa, quiso hacer de Moscú la 3ª Roma... (porque la Roma italiana era la primera, estaba claro; y la 2ª Roma era Constantinopla —todos lo sabían—; y, por tanto, la otra gran sede eclesial, la 3ª Roma, querían o quisieron que fuera Moscú...)
 
 
2. El reciente abrazo entre Francisco y Bartolomé I
 
El abrazo del Patriarca ortodoxo de Constantinopla con el Papa de los católicos representa el reencuentro de los apóstoles y hermanos Andrés (en la persona del actual patriarca Bartolomé I) y Pedro (en la persona del papa Francisco)[5].
 
Esto es tanto como decir: el reencuentro de las dos grandes Iglesias —la ortodoxa y la católica—. Ambas Iglesias fueron hermanas durante el primer milenio de la cristiandad (podríamos decir: desde el año 30, por ejemplo, [aproximado de la muerte y resurrección de Jesús] hasta el año 1054, cuando el cisma de Oriente).  
  
Encuentro y abrazo entre Francisco y Bartolomé I en el Vaticano (2013), un año antes de ir a Tierra Santa.
Este abrazo no fue tan sonado, evidentemente, pero preparó el reciente abrazo en Tierra Santa (2014).
   

3. Un milenio desde aquella separación...
  
Pero al comenzar el segundo milenio (en 1054) sobrevino la separación (como a veces ocurre entre hermanas..., pero, precisamente por ser hermanas, esa separación dura poco... y a los pocos días o a las pocas horas, alguna de ellas, si no ambas a la vez, después de reflexionar, se levantan, se ponen en camino hacia su hermana y le piden perdón: porque son hermanas y tienen un mismo Padre, que es el Dios de las misericordias, Dios del consuelo, Dios del perdón...).
 
Pero... está a punto de pasar el segundo milenio desde entonces —o sea: 1054-2054—, estamos de camino al año 2054 (total quedan 40 años hasta entonces: 2014-2054), de camino a esa fecha simbólica..., parece que ambas Iglesias se apresuran a reencontrarse, a perdonarse, a curarse las heridas producidas por la incomprensión, por el alejamiento, las sospechas, la falta de caridad...
 
Y por eso, hoy, vuelve a ser noticia la Ortodoxia.
Y vuelven a estar de moda los abrazos papales y patriarcales.


4. El valor de los abrazos

El abrazo entre un papa católico y un patriarca ortodoxo (y, en general, entre dos grandes lídderes o jefes de Iglesias) va más allá de un simple signo: supone un marcado compromiso por la unidad, la misma que Cristo quiso para los que estaban llamados a la salvación.

El papa Francisco y el patriarca Bartolomé I han puesto de actualidad a la Ortodoxia, con sus abrazos, sus gestos en Tierra Santa[6] y el mensaje conjunto que ambos hicieron público[7] con ocasión del 50º aniversario del primer abrazo entre el Papa de Roma y el Patriarca de Constantinopla, 910 años después del cisma de Oriente (1054-1964): el que se dieron Pablo VI y Atenágoras I en 1964, un año antes de finalizar el Concilio Ecuménico Vaticano II; abrazos reproducidos por los sucesores de ambos hasta hoy[8].

El Papa Benedicto XVI ya se encontró y se abrazó con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I (ver aquí). Como tantas otras cosas del pontificado de Benedicto XVI, ésta pasó desapercibida para la opinión mediática, pero no para los verdaderos observadores de la marcha de las Iglesias, y para los cristianos comprometidos de Oriente y de Occidente.

 
5. Los abrazos papales ecuménicos[9]

Los abrazos papales tiene gran significado e importancia. Hay que huir de las poses y tácticas político-estratégicas[10]; hay que evitar el «ecumenismo romántico», que podríamos llamar sentimental, traducido en un abrazo: «¡Si todo fuera tan simple como darse un abrazo!»[11]. A salvo todo ello, los abrazos papales facilitan el posterior diálogo teológico, precedido por un acercamiento de afectos, de posturas, de entendimientos[12].

Los abrazos entre los representantes de las respectivas iglesias tienen su misión, pues «nosotros jamás podremos llegar a la unidad en un congreso de teología. Hay que caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos», como ha afirmado el papa Franciso en la rueda de prensa informal que tuvo con los periodistas a bordo del avión que le llevaba de vuelta a Roma, tras el reciente viaje a Tierra Santa[13], en el que han sido muy llamativos sus abrazos con judíos y musulmanes (así como los abrazos con los líderes políticos de Israel y Palestina[14], en el Vaticano, en el encuentro realizado posteriormente a dicho viaje, siendo fruto del mismo).

Abrazos no sólo ecuménicos, sino también interreligiosos: el gesto de un abrazo papal..., viene a ser el símbolo del abrazo de 3 religiones: cristianos, judíos y musulmanes, las tres grandes religiones monoteístas, presentes en Tierra Santa (Israel, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, Egipto...): el siempre conflictivo Oriente Próximo... Un abrazo por la paz...


Como muestra, un botón. Uno de los mejores cronistas españoles del Concilio Vaticano ii, habiendo desestimado los abrazos (ubicándolos en el “ecumenismo romántico”) en su crónica de unos días antes, ahora se corrige a sí mismo con gallardía y aboga por ellos:

«La mejor noticia del día: también la Iglesia griega de Constantinopla tendrá en esta tercera sesión observadores oficiales. Hoy se ha sabido que, aparte del archimandrita Scrima, representante personal de Atenágoras, vendrán dos observadores oficiales: los profesores Romandis y Radopoulos. ¿Quién dijo que el abrazo de Jerusalén [entre Pablo vi y Atenágoras] había resultado un gesto estéril?[15] Nunca ha habido un amor estéril. Y nunca sopló el viento sin que la barca avanzase unas pulgadas. Hoy registramos con gozo el nuevo avance. Dios sea bendito. Y muchos ojos comienzan a ponerse en la reunión de Rodas, dentro de mes y medio[16]. ¿Veremos llegar ya en esta sesión a los representantes de todas las otras Iglesias ortodoxas que aún faltan?»[17]. Según el cálculo del P. Congar, hubo en el Vaticano ii hasta 98 observadores[18].
 
 
 
 




[1] La relación ortodoxo-heterodoxo, en Edward G. Farrugia (dir), Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano (en adelante: DEOC), Editorial Monte Carmelo, Burgos 2007, p. 321.
[2] Christopher O’Donnell – Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiología, Editorial San Pablo, Madrid 2001, p. 513.
[3] Ecclesia 74 (2014), p. 406.
[5] VV. AA., «Andrés y Pedro: reencuentro en Jerusalén», en Ecclesia 74 (2014), pp. 745, 747, 750-751, 773, 779. (Incluye: reportaje, varias noticias, comentarios y documentación diversa al respecto.)
[6] Cf. Ecclesia 74 (2014), pp. 825, 827, 829, 846-861; Vida Nueva n. 2.897 (7-13 de junio de 2014), pp. 1, 6, 32-33, 36-37, 40; Ecclesia 74 (2014), pp. 785, 787, 789-793, 816-822; Vida Nueva n. 2.896 (31 de mayo al 6 de junio de 2014), pp. 1, 5-6, 8-15; Ecclesia 74 (2014), pp. 745, 747, 750-751, 773, 779; Vida Nueva n. 2.895 (24 al 30 de mayo de 2014), pp. 1, 5, 23-30, 42-43.
[7] Francisco y Bartolomé I, «Peregrinación a Tierra Santa con ocasión del 50 aniversario del encuentro en Jerusalén entre el papa Pablo vi y el patriarca Atenágoras (24-26 de mayo de 2014). Declaración conjunta» (25.5.2014), mensaje publicado con otro título en el semanario religioso madrileño Ecclesia 74 (2014), pp. 847-848. A éste, ha seguido un discurso (tras el encuentro) a Su Santidad Aram I, Catholicós de la Iglesia Armena Apostólica de Cilicia, el 5 de junio pasado (sobre el título de katholicós, cf. DEOC, p. 376). Los encuentros se suceden con normalidad; y, tras ellos, los mensajes, discursos y declaración de intenciones por ambas iglesias en pro de la reconciliación, de la unidad y de la justicia (justicia-paz).
[8] «A partir del 1054 el nombre del papa dejó de mencionarse en la liturgia [ortodoxa], como signo evidente de la ruptura de la comunión (...). A pesar de los intentos de unión llevados a cabo en el concilio de Lyon ii (1274) y en el concilio de Florencia (1439), a mediados del siglo xv el cisma era total. Esta ruptura suponía un vivo contraste con la situación del primer milenio, descrita así por el Vaticano ii (...) (UR 14)» (Diccionario de Eclesiología, p. 513). Hubo una breve unión (8 años) bajo el emperador Miguel Paleólogo: cf. DEOC, p. 445. Un breve perfil necrológico del Papa Juan Pablo II (al poco de morir en 2005) redactado por el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I, aquí.
[9] También el ecumenismo se entiende como conversión; por ejemplo, la obra colectiva editada por P. Sgroi – R. Giraldo (a cura di), Ecumenismo come conversione. Omaggio a Tecle Vetrali. I.S.E. “S. Bernardino” (Quaderni di Studi Ecumenici), Venezia 2007.
[10] Cf. Hans Küng, Verdad conquistada. Memorias, Trotta, Madrid 2007 (4ª ed.), pp. 538-539.
[11] José Luis Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio. Segunda Etapa (t. 2), Propaganda Popular Católica (colección "Cosas de Dios", 19), Madrid 1963 (3ª ed.), p. 211.
[12] Sobre el ecumenismo, las Iglesias ortodoxas y otras Iglesias orientales: cf. Diccionario de Eclesiología, pp. 381-384 (cf. ib., pp. 373-392). Ver DEOC, p. 141 (monasterio de Chevetogne), 163-164 (concilios ecuménicos); 165-167, 496-497 (Congregación vaticana para las Iglesias orientales, creada en 1917), 207-209 (diálogos entre ortodoxos y católicos), 216-217 (presencia de los dominicos en Bari), 223-225 (eclesiología), 226-229; 342-343 (revista Irenikon), 347-348 (revista Istina), 488-490 (término griego "oikonomia", para entender el origen etimológico, teológico, espiritual y pastoral del "ecumenismo"), 552-555 (asociación o movimiento Pro Oriente, impulsado por el cardenal Franz König, arzobispo de Viena y gran protagonista del Concilio Vaticano II).
[13] En la revista semanal madrileña Vida Nueva n. 2.896 (31 de mayo al 6 de junio de 2014), p. 14.
[14] Sobre Palestina, cf. DEOC, pp. 516-520; y sobre Jerusalén, ver ibíd., pp. 355-359.
[15] Acerca de Pablo vi, cf. DEOC, pp. 512-513; sobre Atenágoras, ver ibíd., pp. 90-92.
[16] La I Conferencia Panortodoxa fue en Rodas, 1961; luego, la II y la III se celebraron también en Rodas, coincidiendo curiosamente con los tiempos de preparación y de celebración del Concilio Vaticano II; véase Diccionario de Eclesiología, p. 382. Sobre los ortodoxos: ver DEOC, pp. 165, 327, 449 (cuestión del catecismo ortodoxo); 43-44, 249-250, 605-606, 631 (ortodoxos en América); 80-82, 98-99, 464-465 (Asiria, Iglesia Asiria); 92 (Monte Athos); 121-122, 454-456 (ortodoxos en Bulgaria); 138-139 (en la República Checa y en Eslovaquia); 141-142 (en Chipre); 182-183, 456-458 (ortodoxos coptos); 245-246 (ortodoxos en Eritrea); 264 (en Estonia); 265-266, 294-296, 301 (en Etiopía); 283-284 (en Finlandia); 302-305, 407-408, 409-411, 458 (en Georgia); 273-277, 308-310, 458-460 (en Grecia); 325-326 (en Hungría); 351-352 (en Japón); 418-419 (en Macedonia); 438-439 (Iglesia Melquita); 540-541 (ortodoxos en Polonia); 575-576 (en Rumanía); 285, 360-361, 378, 460-461, 463-464, 576-579, 607-608, 656-658 (en Rusia); 608-9 (en Serbia); 616-617 (en el Monte Sinaí); 502-507, 612-613, 620-623; 625-626; 631-632, 655-656 (teología ortodoxa); 378, 576, 677-680 (ortodoxos en Ucrania); 691-692 (cuestión del Viejo Calendario en el seno de la Ortodoxia); 321 (la corriente espiritual ortodoxa del hesicasmo); 92, 449-461 (monaquismo ortodoxo); 54-55, 204-207 (relaciones de los ortodoxos con los anglicanos); 207-209 (relaciones de los ortodoxos con los católicos); 209-210, 508-509 (relacines de los ortodoxos con los luteranos).
[17] J. L. Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio. Tercera Etapa (t. 3), Propaganda Popular Católica (colección "Cosas de Dios", 26), Madrid 1965, p. 54.
[18] Yves Congar, Diario de un teólogo [1946-1956], ed. de É. Fouilloux, Trotta, Madrid 2004. Sobre Congar: Diccionario de Eclesiología, pp. 225-228; Juan Bosch (dir.), Dominicos que dejaron huella. A propósito de los 700 años de la Provincia Dominicana de Aragón, Edibesa, Madrid 2000; Id., A la escucha del cardenal Congar, Edibesa, Madrid 1994. Ver también La Vie Spirituelle 92 (2012), pp. 221-242. Finalmente, sobre el Concilio Vaticano II, ver DEOC, pp. 686-688.

Más información: aquí (fuente de la 2ª foto) y aquí (otro encuentro de Benedicto XVI y Bartolomé I).
 

3.12.18

Figuras de Adviento: María I: INMACULADA CONCEPCIÓN


 
La Virgen María (I): la Inmaculada Concepción

María de Nazaret, la Virgen María, Santa María, la Madre de Dios, se la llame como se la llame (son todas la misma, evidentemente), es una de las figuras principales del Adviento. Lo es también el profeta Isaías, porque anuncia remotamente al Salvador. Lo es también san Juan Bautista, porque anuncia cercanamente al Salvador. Y lo es la Virgen María porque da a luz al mismísimo Salvador, nuestro Señor Jesucristo.

a) Dos advocaciones o dos momentos de la Virgen María

Las advocaciones de Nuestra Señora son innumerables: se encuentran advocaciones marianas tanto en pueblos como en ciudades; las hallamos referidas a regiones o a países enteros, incluso para todo un continente; hay advocaciones marianas propias de congregaciones religiosas o aplicadas a ciertos oficios como patrona de los mismos.

Por su parte, el Adviento posee ciertas connotaciones marianas muy importantes a tener en cuenta para el calendario litúrgico: por un lado encontramos la gran solemnidad de Adviento que es la Inmaculada Concepción de María, de la cual vamos a hablar un poco; y por otro lado hallamos a la Virgen María en el portal de Belén, en postura única (arrodillada ante su hijo), cosa que no se registra en el resto de fiestas del año litúrgico.
b) El primer momento: la Inmaculada Concepción de María

b.1. En Oriente y en Occidente

Al concluir esta primera semana de Adviento y comenzar la segunda semana de Adviento, nos encontramos con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Es el día 8 de diciembre. En España es fiesta civil porque es la patrona del país. Y en el ámbito litúrgico para la Iglesia católica de rito latino tiene la categoría de solemnidad.

Así también las Iglesias orientales la celebran solemnemente, con la connotación positiva de la belleza y de la limpieza (tota pulchra est Maria: “María es hermosa, toda ella”) y no tanto en connotación negativa de sin-mancha, que eso significa inmaculada: in-maculada, sin mácula, sin mancha.

Tenemos, pues, que Oriente la ve en positivo; y Occidente la ve en negativo, aunque para llamar la atención de la gran acción de Dios: no tiene mancha, no tiene pecado, porque Dios le concedió este don sobrenatural. Para la Iglesia católica es dogma de fe, declarado universalmente en 1854; y dio fe de ello todo lo acaecido en Lourdes (apariciones de la Virgen, milagros, peregrinaciones…).

b.2. Porqué en Adviento

Y ¿por qué es figura de Adviento? ¿No sería más lógico haber colocado esta fiesta de la Virgen en otro lugar más lejano de la Navidad, como a nueve meses vista? No lo estimó así la Iglesia, porque seguramente habría pasado inadvertida esta fiesta y no hubiera servido de fiesta vehicular para el Adviento, como sirve en la actualidad; por el contrario, teniéndola en el tiempo de Adviento, sirve como anuncio de la Navidad.

¿Y eso cómo es? Si nos centramos en la “concepción”: María concibe a su Hijo por obra del Espíritu Santo (la Anunciación ya la celebramos hace mucho tiempo; hoy celebramos su concepción, que además es inmaculada). Por su parte, el creyente está llamado a concebir en su seno a Cristo, como María la Virgen; la diferencia es que María lo concibió sin pecado (porque recibió esa gracia especial de Dios) y nosotros lo concebimos en medio de nuestros pecados, orgullos, envidias y egoísmos malsanos. Pero el Espíritu obró en ella del mismo modo que puede obrar en nosotros, si le dejamos, y dar a luz a nuestro Salvador. Que así sea.



Fuentes de las imágenes: aquí, aquí y aquí.
Para saber más sobre la Inmaculada Concepción, ver aquí. 

12.11.16

S. Josafat: converso, monje, obispo y mártir

 
San Josafat, podríamos decir, es nuestro patrón de los conversos orientales -llamados inicial y despectivamente "uníatas" por sus cohermanos de su confesión cristiana oriental (ortodoxos, normalmente)- que, siendo cristianos no católicos de rito oriental, deciden hacerse católicos, conservando en todo sus ritos y sus tradiciones orientales. Es decir: son orientales y nunca dejan de serlo; y se hacen católicos, diciendo en toda su liturgia todo lo que antes decían, cambiando una sola línea: en vez de decir "en comunión con San Juan Crisóstomo [=el patriarca de referencia para todas las Iglesias ortodoxas] y con nuestro patriarca Fulano [aquí añaden el nombre del patriarca de su propia iglesia nacional y autocéfala: Alexis II {el anterior patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el actual se llama Kiril -ver aquí-} o Teoctist I {el anterior de la Iglesia Ortodoxa Rumana, ver aquí; el actual se llama Daniel}, etc.]"; pues bien, en vez de hacerlo así, una vez 'convertidos', es decir, en comunión con la Sede de Roma, dicen entonces: "en comunión con el Papa Francisco y nuestro metropolita Mengano [y dicen aquí el nombre del patriarca, jerarca, arzobispo, eparca, obispo, vicario apostólico o prelado católico que esté en esos momentos al frente -en activo- de su Iglesia oriental católica]". Así de sencillo. Y eso que no es nada sencillo haber llegado hasta ahí...

San Josafat se encargó en el siglo XVII de que hoy, en el siglo XXI, pudiéramos llegar a algo tan sencillo: la comunión de las Iglesias occidentales y orientales dentro de la misma Iglesia Católica: con un derecho canónico para Occidente (publicado en 1983) y un derecho canónico para Oriente (publicado hacia 1990). Con todas las tradiciones continentales, internacionales, nacionales, regionales o locales de cada Iglesia particular (no es lo mismo los católicos de rito bizantino que los católicos de rito siro-malabar, por ejemplo: aquéllos, originariamente, situados en Europa Oriental y en Medio Oriente; éstos, ubicados principalmente en cierta parte de la India cristiana...).

Pues bien, San Josafat es, por así decirlo, nuestro querido patrón de la unidad entre Oriente y Occidente. Josafat era oriental. Eso para empezar. Y llegado cierto momento, se 'convierte' en la forma nás sencilla de todas las conversiones (no contamos aquí las reconversiones de los ya católicos), es decir, la forma de la comunión con Roma: es decir, deja de estar separado de Roma (Iglesia Católica) y decide unirse a la comunión de todas las Iglesias (como era en los primeros siglos del cristianismo: todas en comunión, siendo la Iglesia de Roma la que las presidía a todas, presidía en la comunión y en la caridad). Decidió también hacerse monje, siguiendo la regla de San Basilio, por eso se llaman "monjes basilianos"; y estos monjes, podemos decir, son orientales, o sea: siguen todas las tradiciones y ritos orientales, estando en comunión con Roma. Y así, nuestro Josafat, aprendió y luego supo enseñar a conservar todo lo propio (lo oriental), para que lo católico fuera más amplio aún: no solo lo occidental -que ya tenía la catolicidad- sino también lo oriental...

Josafat ya era católico. Y monje. ¿Y qué más? Pues que se fijaron en él desde Roma para que patrocinase precisamente el acercamiento entre Oriente y Occidente; él se iba ganando ya las voluntades de unos y de otros, acercando a sus hermanos orientales a la sede occidental romana (por lo cual le llamaron "ladrón de almas", pues reconocían su suavidad y cercanía para con todos). Y fue entonces cuando lo nombraron obispo. Un obispo oriundo de la actual Ucrania (la gran Ucrania -como también lo fue la gran Polonia, en sus buenos momentos de expansión y reconocimiento)... Y ahí y así, su obra se engrandeció hasta sobrepasar los confines diocesanos o jurisdiccionales...

Claro que eso no gustó a todos. Y como siempre, surgieron algunos que le tuvieron envidia (¡qué mala que es la envidia!) y ella les llevó a acabar con la vida del converso, monje y obispo. Por eso hoy lo veneramos como mártir también. Así que el bueno de Josafat lo tiene todo. ¡Vaya ejemplar! Es un ejemplo para nosotros de entrega, de opción cultural, de suavidad, de cercanía y empatía con todos, especialmente con los hermanos más reacios y alejados... ¡San Josafat, ruega por nosotros!


Para saber más, ver aquí.
Su tumba (se ve el cuerpo momificado) está en San Pedro del Vaticano (Roma, Italia); ver aquí.  


(Publicada el 13.11.2013) (Republicada el 13.11.2016)