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20.8.17

Profecía de Zacarías: paz en Jerusalén

 La lectura primera del Oficio de Lecturas de ayer (jueves de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario -en el oficio coral católico-) traía un largo pasaje: todo el capítulo 8 del Libro del Profeta Zacarías o Profecía de Zacarías (que encontramos en el Antiguo Testamento, entre los llamados "Profetas Menores", libro que se halla entre el del Profeta Ageo y el del Profeta Malaquías -éste es el último libro de la Biblia hebrea; por tanto Zacarías es el penúltimo, tanto de la Biblia hebrea como del Antiguo Testamento para nosotros).


Para entender mejor quién es el autor y su época, qué dice en su profecía y porqué, copio dos párrafos de una introducción al Profeta Zacarías (que se hallará en la Biblia editada por la editorial San Pablo, a cargo del biblista Evaristo Martín Nieto y su equipo de colaboradores).

«Zacarías ("el Señor se acuerda") nació probablemente en el seno de una familia sacerdotal (cf. Zac 1,1; Neh 12,4.16), y ciertamente sus vaticinios tienen un marcado sello levítico. Comenzó su carrera profética unos dos meses después que Ageo (cf. Zac 1,1 y Ag 1,1.15), con el que coincidió un mes, durante el que se apoyaron mutuamente en la exhortación a reconstruir el templo. Él continuó su ministerio dos años más, entre el 520-518 a.C., durante el reinado de Darío de Persia, sucesor de Cambisés (Zac 1,1.7). Tiene, como Ageo, la preocupación por la restauración del templo; pero su preocupación principal fueron los valores morales, la pureza y santidad de vida (cf. Zac 7,5s.9s; 8,19). Se considera a sí mismo como continuador de los profetas anteriores (cf. Zac 1,4; 7,7.12).
Cronología del período del Profeta Zacarías (520-518 a.C.)
»Los autores están de acuerdo en que la primera parte del libro es del profeta Zacarías (capítulos 1 al 8). (...). En la primera parte la preocupación está en la restauración del templo (...).
»El contexto histórico de la primera parte es el de Ageo, bajo el dominio persa y con no pocas dificultades para llevar a cabo la reconstrucción del templo. (...).
»La primera parte (caps. 1-8) contiene una introducción (1,1-6), ocho visiones con sentencias proféticas a modo de comentario, (...), y un apéndice mesiánico (7,1-8,23). En ella el profeta trata de llevar un mensaje de fe y esperanza a la comunidad ante las adversidades que sufre: Dios dará la salvación, pero exige previamente la conversión. El contenido fundamental es el anuncio de la era mesiánica, que vendrá con seguridad y pronto. Se caracterizará por la reconstrucción del templo y de Jerusalén (1,16; 8,3), la vuelta de todos los dispersados (2,8; 4,5; 6,15; 7,7s), la venida de Dios a la ciudad reconstruida (8,3), el aniquilamiento de las naciones opresoras de Judá (2,1-4), la conversión de las naciones (2,15; 8,20-23), la destrucción del pecado (3,9; 5) y el establecimiento de la paz (3,10; 8,12)».
    
«Pedid la paz para Jerusalén:
"Que vivan tranquilos tus amigos,
que reine la paz dentro de tus muros
y tranquilidad en tus palacios".
Por mis hermanos y compañeros,
diré: "La paz esté contigo".
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo la felicidad»
(Sal [122] 121, 6-9)

(Jerusalén, en hebreo Yerushaláyam, tiene dentro de sí la raíz de la palabra shalom, paz; por eso es llamada también Ciudad de paz o Ciudad de la Paz) 

  
Profecía de Zacarías
Capítulo 8 (versículos 1-8)

Perspectivas de salud mesiánica
1 El Señor todopoderoso m dirigió esta palabra:
Esto dice el Señor todopoderoso:
2 «Estoy enamorado de Sión
con un amor lleno de celos,
y una gran cólera se enciende en mí a favor suyo».
3 Esto dice el Señor omnipotente:
«Vuelvo a Sión
y habitaré en Jerusalén.
Jerusalén será llamada
de nuevo ciudad fiel,
y la montaña del Señor omnipotente,
montaña santa».
4 Esto dice el Señor omnipotente:
«Ancianos y ancianas
se sentarán todavía
en las plazas de Jerusalén;
tendrán un bastón en su mano
a causa de sus muchos años,
5 y las calles de la ciudad
estarán llenas de niños y niñas
que jugarán en sus plazas».
6 Esto dice el Señor omnipotente:
«Si el resto de este pueblo juzga
que esto es imposible,
¿lo tendré yo que juzgar también
como imposible?»,
palabra del Señor omnipotente.
7 Esto dice el Señor omnipotente:
«Libraré a mi pueblo
del país de oriente
y del país de occidente;
8 yo los traeré
para que habiten en Jerusalén.
Ellos serán mi pueblo,
y yo seré su Dios
en la fidelidad y en la justicia».


¡Qué bellas imágenes utiliza el profeta Zacarías!:
    
1) los ancianos -que se sirven ya del bastón, por la muy larga edad y los achaques- que hablan tranquilamente en las puertas de las casas, en las plazas del pueblo, de la ciudad;
2) los niños que juegan en las plazas, en las calles de la ciudad y del pueblo...

Si los ancianos siguen viviendo es que ha habido un tiempo largo de paz, en el cual han perseverado pacíficamente las personas hasta llegar a su ancianidad, en paz, y pueden compartirlo con otros ancianos -llegar a la ancianidad no sería una excepción, sino la regla- y compartir tranquilamente el tiempo vivido, las vivencias de un tiempo pasado...

Si los niños juegan en la calle es que las calles y las plazas de la ciudad no están ocupadas por los ejércitos en guerra o por los bandidos o por los francotiradores... Si las calles están llenas de niños y de niñas, es que las calles están limpias de guerra, llenas de paz, y los niños las llenan de su alegría, de su jolgorio e inocencia, de su algarabía, que alegra la ciudad y da esperanza a los mayores: esos niños jugando muestran la paz de la ciudad...



«Los hijos son un regalo del Señor;
el fruto de las entrañas, una recompensa.
Como flechas en manos del guerrero,
así son los hijos de la juventud;
dichoso el que llenó de ellos su aljaba»
(Sal [127] 126, 3-5a)

 Bibliografía recomendada:
Un sencillo folleto para leer y entender el libro del Profeta Zacarías,
junto con otros profetas menores:
Cuadernos bíblicos, nº 90 - Ediciones Verbo Divino, Estella (Navarra)

11.4.17

Resurrección del Señor (noche del Sábado Santo, mañana y tarde del Domingo de Resurección y octava de Pascua): sinopsis de los 4 Evangelios


Una vez presentada la sinopsis de los 4 Evangelios (como material de ayuda o complementario) para las celebraciones del Jueves Santo (tarde [aquí] y noche [aquí]), del Viernes Santo (tarde y noche [aquí]), presento aquí lo equivalente -los textos bíblicos encajados unos con otros, cronológicamente hablando, tomados de los 4 Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan)- correspondientes a la celebración de la gran Vigilia Pascual, .«la madre de todas las vigilias» (S. Agustín), la misa del día del Domingo de Resurrección, la misa vespertida del mismo Domingo de Resurrección, así como toda la Octava de Pascua, durante cuyos días se van ofreciendo al pueblo de Dios cada uno de esos textos.


RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

SEGÚN LOS CUATRO EVANGELISTAS

(Desde la Resurrección hasta las apariciones en Galilea)


La Resurrección del Señor 
(domingo de resurrección por la mañana)


Un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella

(Mt 28,1-4 – Mc 16,1-4 – Lc 24, 1-3 – Jn 20,1)

Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a embalsamarlo. El primer día de la semana, muy de madrugada, al rayar el alba, antes de salir el sol, volvieron al sepulcro llevando los aromas preparados. Iban diciéndose: “¿Quién nos rodará la losa de la puerta del sepulcro?”. De pronto hubo un gran terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. [Las mujeres] levantaron los ojos, y se encontraron con que la piedra había sido rodada del sepulcro; era muy grande. Entraron en el sepulcro y no encontraron el cuerpo de Jesús, el Señor.
 
 

Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto

(Lc 24,12 – Jn 20,2-10)

Entonces [María Magdalena] fue corriendo a decírselo a Simón Pedro y al otro discípulo preferido de Jesús; les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Pedro y el otro discípulo, se levantaron y salieron corriendo hacia el sepulcro los dos juntos. El otro discípulo corrió más que Pedro, y llegó antes al sepulcro; se asomó y vio los lienzos por el suelo, pero no entró.
En seguida llegó Simón Pedro, se asomó, entró en el sepulcro y sólo vio los lienzos por el suelo; el sudario con que le habían envuelto la cabeza no estaba en el suelo con los lienzos, sino doblado en un lugar aparte. Entonces entró el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó; pues no había entendido aún la Escritura según la cual Jesús tenía que resucitar de entre los muertos. Los discípulos se volvieron a su casa, maravillados de lo ocurrido.

(muy importante este texto anterior: "vio y creyó"; porque la Resurrección del Señor es el mayor signo: para que creamos, para que viéndolo, creamos, como creyó aquel discípulo amado de Jesús;
el resto de cosas que vendrán después, con ser muy importantes, nacen y surgen de esta anterior:
la fe en la Resurrección... porque si no creemos, entonces... ya nos pueden contar la Biblia en verso...)


“No está aquí. Ha resucitado. Va delante de vosotros a Galilea”

(Mt 28,5-7 – Mc 16,5-7 – Lc 24,4-8)

Entraron en el sepulcro y, al ver a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, se asustaron y bajaron los ojos. Mientras estaban desconcertadas por esto, se presentaron dos varones con vestidos deslumbrantes. Pero el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les dijo: “No os asustéis; sé que buscáis a Jesús nazareno, el crucificado. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado, como dijo. Venid, ved el sitio donde lo pusieron. Recordad lo que os dijo estando aún en Galilea, que el hijo del hombre debía ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día”. Ellas se acordaron de estas palabras. [Y continuó:] “Id en seguida a decir a sus discípulos y a Pedro: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como él os dijo”.



“¡María!”. “¡Rabbuní!”

(Jn 20,11-17)

María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Contestó: “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús allí de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: “Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto, y yo iré a recogerlo”. Jesús le dijo: “¡María!”. Ella se volvió y exclamó en hebreo: “¡Rabbuní!” (es decir, “¡Maestro!”). Jesús le dijo: “Suéltame, que aún no he subido al Padre; anda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre y vuestro Padre, con mi Dios y vuestro Dios”.


Aquellas palabras les parecieron un delirio, y no las creían

(Mt 28,8 – Mc 16,8-11 – Lc 24,9-11 – Jn 20,18)

Ellas salieron huyendo y se alejaron a toda prisa del sepulcro, porque se había apoderado de ellas el temor y el espanto, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo. Regresaron del sepulcro; con miedo y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos y contaron todo a los once y a todos los demás. Jesús resucitó al amanecer del primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios. María Magdalena fue a decir a los discípulos, a los que habían andado con él, que estaban llenos de tristeza y llorando, que había visto al Señor y a anunciarles lo que él le había dicho. Ellos, al oír que vivía y que ella lo había visto, no lo creyeron. Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas las que decían estas cosas a los apóstoles. Aquellas palabras les parecieron un delirio, y no las creían.


Jesús salió a su encuentro

(Mt 28,9-10)

De pronto Jesús salió a su encuentro y les dijo: “Dios os guarde”. Ellas se acercaron, se agarraron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: “No tengáis miedo; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”.


“Decid que sus discípulos fueron de noche y lo robaron”

(Mt 28,11-15)

Mientras ellas se iban, algunos de los guardias fueron a la ciudad y contaron a los sumos sacerdotes todo lo que había ocurrido. Éstos se reunieron con los ancianos y acordaron en consejo dar bastante dinero a los soldados, advirtiéndoles: “Decid que sus discípulos fueron de noche y lo robaron mientras dormíais. Y si eso llega por casualidad a oídos del gobernador, nosotros le convenceremos y conseguiremos que no os castigue”. Ellos tomaron el dinero e hicieron como les habían dicho. Y este rumor se divulgó entre los judíos hasta el día de hoy.


Dos de ellos se dirigían a Emaús

(Lc 24,13-35)

Aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos trece kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos; mientras ellos hablaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar con ellos. Pero estaban tan ciegos que no lo reconocían. Y les dijo: “¿De qué veníais hablando en el camino?”. Se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, llamado Cleofás, respondió: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha sucedido en ella estos días?”. Él les dijo: “¿Qué?”. Ellos le contestaron: “Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo, cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, pero a todo esto ya es el tercer día desde que sucedieron estas cosas. Por cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han dejado asombrados: fueron muy temprano al sepulcro, no encontraron su cuerpo y volvieron hablando de una aparición de ángeles que dicen que vive. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres han dicho, pero a él no lo vieron”. Entonces les dijo: “¡Qué torpes sois y qué tardos para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria?”. Y empezando por Moisés y todos los profetas, les interpretó lo que sobre él hay en todas las Escrituras. Llegaron a la aldea donde iban, y él aparentó ir más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque es tarde y ya ha declinado el día”. Y entró para quedarse con ellos. Se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces sus ojos se abrieron y lo reconocieron; pero él desapareció de su lado. Y se dijeron uno a otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Se levantaron inmediatamente, volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los once y a sus compañeros, que decían: “Verdaderamente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. Ellos contaron lo del camino y cómo lo reconocieron al partir el pan.


“¡La paz esté con vosotros!”

(Jn 20,19-23)

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”. Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”. Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.


“Ved mis manos y mis pies.

Soy yo mismo”

(Lc 24,36-49)

Estaban hablando de todo esto, cuando Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros”. Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Él les dijo: “¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como ellos no creían aún de pura alegría y asombro, les dijo: “¿Tenéis algo de comer?”. Le dieron un trozo de pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Luego les dijo: “De esto os hablaba cuando estaba todavía con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras. Y les dijo: “Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Sabed que voy a enviar lo que os ha prometido mi Padre. Por vuestra parte quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto”.


Tomás no estaba con ellos cuando llegó Jesús

(Jn 20,24-29)

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”. Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto”.

Ella fue a decírselo a los que habían andado con él

(Mc 16,9-16)

Jesús resucitó al amanecer del primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios. Después de esto se apareció con una figura distinta a dos de ellos en el camino, cuando iban al campo. Éstos volvieron a dar la noticia a los demás, pero tampoco les creyeron. Después se apareció a los once estando a la mesa, y les reprendió su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado de entre los muertos.


Jesús se manifestó de nuevo a los discípulos en el mar de Tiberíades

(Jn 21,1-14)

Jesús se manifestó de nuevo a los discípulos en el mar de Tiberíades. Fue de este modo: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás “el Mellizo”, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Le contestaron: “Nosotros también vamos contigo”. Salieron y subieron a la barca. Aquella noche no pescaron nada. Al amanecer, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tenéis algo que comer?”. Le contestaron: “No”. Él les dijo: “Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis”. La echaron, y no podían sacarla por la cantidad de peces. Entonces el discípulo preferido de Jesús dijo a Pedro: “Es el Señor”. Simón Pedro, al oír que era el Señor, se vistió, pues estaba desnudo, y se echó al mar. Los demás discípulos llegaron con la barca, ya que no estaban lejos de tierra, a unos cien metros, arrastrando la red con los peces. Al saltar a tierra, vieron unas brasas y un pescado sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: “Traed los peces que acabáis de pescar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, no se rompió la red. Jesús les dijo: “Venid y comed”. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: “¿Tú quién eres?”, pues sabían que era el Señor. Entonces Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio; y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que se apareció a los discípulos después de haber resucitado de entre los muertos.
 

“Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”

(Jn 21,15-19)

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Pedro le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis corderos!”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis ovejas!”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Pedro se entristeció porque le había preguntado por tercera vez si lo amaba, y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis ovejas!”. “Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te sujetabas la túnica con el cinturón e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás tus manos, otro te la sujetará y te llevará adonde tú no quieras”. Dijo esto para indicar con qué muerte iba a glorificar a Dios. Después añadió: “¡Sígueme!”.


Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas

(Jn 21,20-24)

Pedro se volvió y vio que lo seguía el discípulo preferido de Jesús, el que en la pascua se recostó en su pecho y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”. Pedro, al verlo, dijo a Jesús: “Señor, y éste, ¿qué?”. Jesús le dijo: “Si yo quiero que éste se quede hasta que yo venga, a ti ¿qué? Tú sígueme”. Y entre los hermanos se corrió la voz de que aquel discípulo no moriría. Y no le dijo que no moriría, sino: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, a ti ¿qué?”. Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y el que las ha escrito; y sabemos que su testimonio es verdadero.
 

Fueron a Galilea. “Id y predicad el evangelio”

(Mt 28,16-18 – Mc 16,15-18)

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.


Se separó de ellos y subió al cielo

(Mt 28,19-20 – Mc 16,19-20 – Lc 24,50-53)

Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, los sacó hasta cerca de Betania. Levantó las manos y los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y subió al cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Ellos lo adoraron y se volvieron a Jerusalén llenos de alegría. Se fueron a predicar por todas partes. Estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.


Estos milagros han sido escritos para que creáis. Otras muchas cosas hizo Jesús

(Jn 20,30-31; 21,25)

Otros muchos milagros hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Otras muchas cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, me parece que en el mundo entero no cabrían los libros que podrían escribirse.

Detalle de la Resurrección del Señor (pintado por "El Greco")

(Fuentes de las imágenes: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí; y más textos y reflexiones aquí)

10.1.15

El Señor te llamó, te ha llamado, te llama

A TI (el Señor pronuncia ahora tu nombre completo; escúchalo...)

Sí, a ti, que lees esto.

El Señor te llamó (ya antes de que tú nacieras, sin tú saberlo; ni siquiera lo sabía -quizás- tu madre ni tu padre...).
El Señor te llamó al amor.

El Señor te ha llamado. Desde entonces hasta ayer.
El Señor te ha seguido llamando. Cada día y en esa circunstancia que tú bien sabes...

El Señor te llama. Él te llama HOY. A ti. Sí, a ti.
Él te llama a ti hoy por tu nombre, y te ama inmensamente...
Al pronunciar tu nombre, Él te está enviando (a evangelizar a tu familia, a crear comunión dentro de la Iglesia, a evangelizar fuera de la Iglesia, a crear unidad entre los alejados, entre los enfermos, entre los inicuos, entre los abandonados, entre los despistados, entre los olvidados, entre los desheredados, entre los abundosos, entre los conocidos, entre los desconocidos, entre los religiosos, entre los profanos...), te está diciendo la misión asignada y te envía a ella...
.
¿Te llamas Mari Paz? [ver abajo nº 1]
¿O acaso José -Josefina, Fina, Pepe, Pepita? [ver abajo nº 2]
¿O tal vez Mari Carmen? [ver abajo nº 3]
¿O puede, tal vez, que te llames Isabel? [ver abajo nº 4]


(nº 1) Él te envía -entonces- a ser PAZ, a crear PAZ y a promoverla (en hebreo, shalom; como Jerusalén, Yerushaláyam, ciudad de la paz; en latín: pax, de ahí el castellano paz; Santa María de la Paz se celebra el 1 de enero, jornada mundial de la paz, día de Santa María Madre de Dios)  

(nº 2) Él te envía -entonces- a ser JUSTO/A y ser CUSTODIO de los demás, de los débiles, de tus hijos... (en latín: Joseph; el papa san Juan Pablo II escribió una encíclica titulada Custodio de la fe, dedicada a la figura de san José, padre putatito o adoptivo de Jesús; como él, podemos ser "custodios" los unos de los otros: a tomar el cuidado del otro, espcialmente cuando más lo necesita) 

(nº 3) Él te envía -entonces- a ser JARDÍN, HUERTO FLORIDO (en hebrero Karmel, que se transcribe como Carmelo, el nombre de un monte en Israel, en Haifa; de ahí se deriva Carmen y los demás: Carmencita, Carmençoles, María del Carmen, Mari Carmen, etc.; desde el siglo XIII existe la devoción a Nuestra Señora la Virgen María del Monte Carmelo, Ntra. Sra. del Carmen o Virgen del Carmen, patrona de los marineros y de las Órdenes del Carmen y del Carmelo Teresiano; como el monte Carmelo siempre tuvo flor, estuvo lleno de vegetación, en el Antiguo Testamento aparece como símbolo de jardín o huerto florido o al menos frondoso; por eso las Cármenes y Carmelos están llamados a crear "vegetación", "alegría" entre los suyos, así como alegra a la vista un bello jardín)

(nº 4) Él te envía -entonces- a ser CASA DE DIOS (en hebreo: Isah Bet 'El, literalmente: mujer, casa de Dios; de ahí que sea femenino el nombre Isabel, Elisabeth o Elizabeth -el de Elisa y Eloísa son derivados, pero tienen otras connotaciones particulares [pues ya no aparece en estos dos últimos la palabra "bet", casa, aunque sigue apareciendo la raíz "el", apócope del nombre de Dios]-) 

¿Tienes otro nombre y quieres saber a lo que te llama Él?
Deja en "comentarios" TU NOMBRE, y te respondo con su llamada
 

18.1.14

La soledad del Desierto como encuentro

(esquema posible de disertación o profundización en el polisémico concepto de desierto-encuentro)
 
La soledad del Desierto como encuentro

 
Perspectiva histórica


1. Significados de “desierto”

1.1     En el pueblo de Israel:

a) Desierto como puesta en camino: libro del Éxodo

b) Desierto como llamada al corazón: libro del profeta Oseas


1.2     En el tiempo de Jesús: el 'desierto' de Jesús / Jesús en el desierto
 


 
1.3     En la vida religiosa cristiana:

a) El monaquismo y el eremitismo: éxodo de la ciudad al desierto
 

b) Los Padres del Desierto y las Madres del Desierto (apotegmas)

c) La idea de “ciudad”, “ciudad santa”

http://www.montecarmelo.com/apotegmas-los-padres-del-desierto-p-164.html?osCsid=ef652fo627op4avmjnq6dn4ck5http://www.bohindra.com/libros/la-voz-del-desierto/9788441401891/





Perspectiva existencial

 
1. Significados de “desierto”

1.1     Desierto natural (arena, roca, agua/hielo)

1.2     Desierto humano (humano, urbano, apostólico)

1.3     Desierto espiritual (búsqueda, inicio, desarrollo [noches], salida)




2. Soledad en “los desiertos”:

2.1     En el desierto natural:

a) Carlos Pedrós-Alió: Desert d’aigua: «fui inmensamente feliz»

b) Vicente Serrano: (desierto de roca) viajes a Tierra Santa y al desierto de Israel

c) Carlos de Foucauld: (desierto de arena) el hombre santo en el desierto norteafricano


2.2     En el desierto urbano:

a) Carlo Carretto: El desierto en la ciudad

 
b) Madeleine Delbrêl: Nosotros, gente de la calle; el desierto del apóstol
 
c) Pierre-Me Delfieux: las Fraternidades Monásticas de Jerusalén


2.3     En el desierto espiritual:

a) Juan de la Cruz: díptico Subida-Noche (noches activas/pasivas del sentido/espíritu)  
 
http://www.montecarmelo.com/espiritualidad-del-desierto-seminario-desierto-las-palmas-p-436.html

b) Thomas Merton: la búsqueda espiritual (justicia y paz) de un monje poeta-eremita (los Salmos, pan en el desierto) 
 
http://www.bac-editorial.com/ficha.php?id=13632
 

3. El Desierto espiritual como encuentro  (ver posible esquema aquí)