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20.9.20

Perfiles psicológicos muy castizos

Presento aquí varios perfiles psicológicos o bien momentos de una misma psicología, a modo de "clichés" (a medio camino entre lo humorístico, lo ensayístico, lo psicológico y lo reflexivo).
 



¿Seré yo un poco de todo esto;
o un poco de esto y un poco de aquello;
o tal vez sea solo uno de estos caracteres
pero pueda caer en el resto de ellos,
si no me voy autoconociendo y
autocorrigiendo para no perderme?

 
Don Afeitado: trata los temas y las cosas y a las personas como trata su barbilla al afeitarse: pasa por encima quitando lo que sobresale, pero la raíz siempre queda debajo, a la que nunca consigue -ni pretende- llegar.

Don Astuto: se suele salir con la suya en las circunstancias más variopintas; tiene altas titulaciones experimentales en estas prácticas "astutas", tanto en el plano dialéctico como en el de la acción. Es muy difícil penetrar en alguna parcela de su personalidad que previamente haya decidido no mostrar o esconder o maquillar. Está hecho -casi- a prueba de balas dialécticas. Nunca se sabe del todo con quién se está.

Don Bostezo: cualquier cosa le produce hambre, sueño o aburrimiento (las tres causas del bostezo), pasando de manera intermitente -y sin aparente concierto- de un estado a otro, sin por ello comprometerse verdaderamente con algo; no llega a ser el eterno dormilón, pero poco le falta.

Don Camaleón: estar en su presencia resulta agradable en los primeros momentos, dada su gran adaptabilidad a todo tipo de situaciones, caracteres y posturas; siempre busca agradar a todo el que lo rodea, cueste lo que cueste, incluso si ha de sacrificar su propia personalidad, adaptándose a la forma de hablar y de comportarse de aquellos con los que se encuentra en cualquier momento; su mimetismo es tan perfecto que nunca se llega a saber de verdad cómo es o quién es o qué desea realmente en cada momento; es decir, su individualidad desaparece en la colectividad en aras de pasar desapercibido o bien no ser interrogado o bien dar salida a la imperiosa necesidad de agradar a todos (y a ninguno en el fondo) para sentirse bien. 


Don Clorato: deja siempre un sabor raro: las cosas que dice, las que hace, cómo se comporta, etc. (Tomado de Don Clorato de Potasa, novela humorística del cómico español Edgar Neville.)

Don Entusiasta: en toda empresa en la que se embarca pone mucho entusiasmo; logra contagiarlo a los que se le acercan y a sus colaboradores.

Don Eterno: (a) todo lo que hace se eterniza en el tiempo (positivo); (b) todo lo que dice se eterniza en el tiempo (positivo): es el primo hermano de Don Sabio; (c) toda acción que emprende ahora se eterniza hasta no se sabe cuándo (negativo); nunca acaba de hacer algo del todo, porque le lleva una eternidad...; (d) toda explicación suya se eterniza de manera inconsciente o consciente, pero nunca justificable, de modo que se torna una mezcla entre Don Pesado, Don Infumable, Don Plúmbeo y Don Idílico, mezcla que resulta absolutamente letal para sus interlocutores, que mueren en el intento de comunicarse o huyen de él atemorizados de muerte.

Don Exquisito: trata a todas las personas (y temas de que habla) con mucha exquisitez; en negativo: le falta "normalidad" (que no mediocridad); puede acabar siendo Don Sibarita.

Don Famoso: siempre es conocido por unos aquí y por otros allá; siempre es foco de atención, protagonista; quizá no sabe vivir sin ello.

Don Fulano: es conocido por muchos, pero de manera utilitaria y más bien superficial.

Don Guay: es un primo segundo de Don Perfecto y primo hermano de Don Exquisito, aunque por rama materna. Tiene propio vocabulario -diferente, por supuesto, de Don Exquisito. y siempre necesita sentirse él mismo, y hacer que los demás se sientan como él -en caso negativo, toma las de Don Idílico y se autoengaña con que todo y todos son guays o superguays-. En este sentido es familiar también de Don Famoso, solo que no es necesariamente tan famoso como él.

Don Idílico: es una mezcla de Don Sibarita y Don Exquisito (en negativo éste); también es una radicalización negativa de Don Entusiasta, de modo que se evade de la realidad o la niega para construirse un idílico paraíso, lamentablemente inexistente.

Don Infumable: todo lo que dice, lo que hace, cómo se explica o cómo afronta las cosas -especialmente en relación con otros- se torna infumable y acaba por ahogar a sus correligionarios o a aquellos que trabajan en equipo con él o incluso a colaboradores secundarios y hasta algún que otro conocido... Es una radicalización negativa de Don Pesado.

Don Instantáneo: primo de Don Afeitao. Para todo lo que hace y dice sigue siempre una de sus múltiples fórmulas -que suelen ser variaciones de la misma-: tomar la vía rápida e instantáneamente salir del atolladero; por tanto, su compromiso aparente es en verdad menos que superficial, pues no le interesa más que salir de las cosas, situaciones, relaciones, asuntos, etc., con fáciles soluciones instantáneas (fáciles de disolver y más fáciles de consumir).

Don Mengano: un paso más de Don Fulano; a él sólo llegas por segundas personas, nunca directamente.

Don Pesado: tiene tendencia a hacerse pesado o inconscientemente se torna pesado.

Don Plomo: primo de Don Pesado; más pesado que éste, aunque no tanto como Don Infumable. Sus insistencias "plúmbeas" sobre los temas que le interesan o apetecen o simplemente los pocos que sabe..., resultan en ocasiones positivas en cuanto que consigue aquello que se propone, por medio de su pesadez plúmbea; el resto de veces resulta lo que es: un auténtico plomo.

Don Perfecto: todo lo que hace le ha de salir bien; si no es así, se irrita hasta límites insospechados. Es pariente lejano de Don Idílico, por eso no se evade en un automontaje de la realidad -en caso de que ésta no responda a sus expectativas (a priori) o a sus requerimientos (a posteriori)-, sino que intenta cambiar el sino de las cosas, hasta forzarlas irremediablemente o hasta forzarse él mismo, de modo que, en un caso y en otro, lo que falta es la
naturalidad y, aún más, la libertad.

Don Positivo: aquel que cree que, de todo lo bueno, aún lo mejor está por venir.

Don Preciso: tiene muchos dones y muchas personas precisan de él; de hecho, en la lengua española existen expresiones (con sus variantes) referidas a "Don Preciso", tales como "Don Preciso ya nació" o "Don Preciso ya murió" o "Don Preciso ya se marchó" (según las circunstancias aconsejen una u otra...).




 
Don Prudencio: denota un exceso de prudencia adonde va.

Don Sabio: su sabiduría en los temas de su dominio (o en muchos otros que inicialmente uno no se imaginaría que los domina) produce que sea consultado constantemente por propios y ajenos; su pedagogía para comunicar esa sabiduría hace que no se convierta, normalmente, en Don Plúmbeo o en Don Eterno, aunque nunca está del todo exento en caer en una de esas exageraciones o radicalizaciones, como también en la de Don Famoso, etc.
 
Don Sibarita: radicalización negativa de Don Exquisito... hasta límites insospechados de refinamiento exacerbado.
  
Don Sincero: es el caso contrario a Don Astuto, del que es vecino pero nunca pariente -ni siquiera lejano-. Necesita contar siempre la verdad, sea propia o ajena, sin atender a circunstancias, pormenores, agravantes o atenuantes. No en pocas ocasiones resulta -lo que dice- con un sabor semejante al que deja Don Clorato, pariente lejano suyo. A veces, de tal exceso de sinceridad se torna algo parecido a Don Infumable, de quien es amigo, ocasionando en sus interlocutores una huida, evasión o fuga directa e instantánea.
 
Don Soñador: el carácter de Don Soñador está entre medias del de Don Idílico (exageración por exceso) y del de Don Prudencio (exageración por defecto), pues el primero se pasa de "lanzado" y el segundo no llega, por excesiva prudencia; Don Soñador, sin embargo, tiene interesantes sueños, algo arriesgados si bien es verdad, pero interesantes, al fin y al cabo..., por lo cual valdría la pena romper una lanza (o dos, ya puestos) y lanzarse a ello con arrojo y simpatía, actitudes muy propias de él.
 
Don Zutano: un paso más de Don Mengano; a él sólo llegas por terceras personas, nunca directamente ni siquiera por segundas personas; es una radicalización -en negativo- de Don Fulano y de Don Mengano.

¿Cuál eres tú -de entre todos ellos-? ¿Te atreves a inventarte otro "Don Carácter" para describir algo tuyo o de algún conocido?
 
Déjalo escrito como comentario, y luego -si deseas- lo incorporo al texto.

*     *     *     *     *

He encontrado una sorprendente similitud con estos caracteres en la Biblia (Antiguo Testamento), concretamente en el libro de los Proverbios, capítulo 9, versículos 13-18, que paso a transcribir, aunque dadas las diferencias entre las diversas traducciones que he hallado, finalmente he optado por hacer una reconstrucción del texto (ahora la literalidad no nos interesa tanto, cuanto la expresividad) y me baso en las 3 traducciones siguientes: la de la Conferencia Episcopal Española (publicada en la Biblioteca de Autores Cristianos, la BAC, de Madrid), la del breviario u Oficio de Lecturas en la Liturgia de las Horas, volumen tercero, correspondiente a la primera lectura del miércoles VI del tiempo ordinario, y la traducción de Evaristo Nieto y su equipo en la editorial San Pablo; así pues:

Doña Locura es bullanguera, impulsiva, mentecata e ignorante;
la ingenua no tiene vergüenza.
Se sienta a la puerta de su casa, en un asiento, en lo más alto de la ciudad
para gritar a la gente que pasa -a los que van derechos por el camino-:
«Jóvenes inexpertos, venid aquí».
Y a los insensatos y a los faltos de juicio, ella les dice:
«El agua robada es más dulce;
el pan a escondidas, en secreto, es más sabroso».
Pero no saben (los transeúntes y la gente que pasa por allí)
que en la casa (de Doña Locura) están las sombras de los muertos,
y que sus invitados bajan a las profundidades del Abismo.

(adición del 23 de febrero de 2014) 

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(adición del 20 de septiembre de 2020: perfil de don Camaleón, gracias a Elías Robles; fuente de la foto del camaleón: https://www.almendron.com/blog/el-camaleon-ese-desconocido/.) 

9.5.20

San Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús, hoy en "ABC" y "ABC Cultural" (9.5.2020)

En el periódico español (de tirada nacional) ABC y en el suplemento ABC Cultural de hoy (9.5.2020) he hallado dos menciones:


1) "Soledad sonora" (verso del famoso poema Cántico espiritual de san Juan de la Cruz) en el titular de la noticia al hablar del vacío que hay en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid... 

 
Arriba: titular en negrita (detalle) -- Abajo: foto, titular y noticia
Se menciona un poema de José Bergamín; pero la expresión original "soledad sonora" es de san Juan de la Cruz 
 

2) Se menciona el libro de Las Moradas de santa Teresa de Jesús en la última respuesta de la entrevista cultural a Alaska (en la última página del suplemento del periódico ABC de hoy [9.5.2020]: el suplemento ABC Cultural): 

 Arriba: última pregunta de la entrevistadora (Carmen R. Santos) y última respuesta de Alaska (quien aparece en la foto central de la página completa reproducida abajo) en la última página del suplemento ABC Cultural, en donde menciona con toda normalidad el libro de Las Moradas de santa Teresa de Jesús (del siglo XVI) junto a los actualmente famosos cómics de Marvel (siglo XX, llevados al cine en el siglo XXI)
 


11.4.17

Resurrección del Señor (noche del Sábado Santo, mañana y tarde del Domingo de Resurección y octava de Pascua): sinopsis de los 4 Evangelios


Una vez presentada la sinopsis de los 4 Evangelios (como material de ayuda o complementario) para las celebraciones del Jueves Santo (tarde [aquí] y noche [aquí]), del Viernes Santo (tarde y noche [aquí]), presento aquí lo equivalente -los textos bíblicos encajados unos con otros, cronológicamente hablando, tomados de los 4 Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan)- correspondientes a la celebración de la gran Vigilia Pascual, .«la madre de todas las vigilias» (S. Agustín), la misa del día del Domingo de Resurrección, la misa vespertida del mismo Domingo de Resurrección, así como toda la Octava de Pascua, durante cuyos días se van ofreciendo al pueblo de Dios cada uno de esos textos.


RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

SEGÚN LOS CUATRO EVANGELISTAS

(Desde la Resurrección hasta las apariciones en Galilea)


La Resurrección del Señor 
(domingo de resurrección por la mañana)


Un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella

(Mt 28,1-4 – Mc 16,1-4 – Lc 24, 1-3 – Jn 20,1)

Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a embalsamarlo. El primer día de la semana, muy de madrugada, al rayar el alba, antes de salir el sol, volvieron al sepulcro llevando los aromas preparados. Iban diciéndose: “¿Quién nos rodará la losa de la puerta del sepulcro?”. De pronto hubo un gran terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. [Las mujeres] levantaron los ojos, y se encontraron con que la piedra había sido rodada del sepulcro; era muy grande. Entraron en el sepulcro y no encontraron el cuerpo de Jesús, el Señor.
 
 

Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto

(Lc 24,12 – Jn 20,2-10)

Entonces [María Magdalena] fue corriendo a decírselo a Simón Pedro y al otro discípulo preferido de Jesús; les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Pedro y el otro discípulo, se levantaron y salieron corriendo hacia el sepulcro los dos juntos. El otro discípulo corrió más que Pedro, y llegó antes al sepulcro; se asomó y vio los lienzos por el suelo, pero no entró.
En seguida llegó Simón Pedro, se asomó, entró en el sepulcro y sólo vio los lienzos por el suelo; el sudario con que le habían envuelto la cabeza no estaba en el suelo con los lienzos, sino doblado en un lugar aparte. Entonces entró el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó; pues no había entendido aún la Escritura según la cual Jesús tenía que resucitar de entre los muertos. Los discípulos se volvieron a su casa, maravillados de lo ocurrido.

(muy importante este texto anterior: "vio y creyó"; porque la Resurrección del Señor es el mayor signo: para que creamos, para que viéndolo, creamos, como creyó aquel discípulo amado de Jesús;
el resto de cosas que vendrán después, con ser muy importantes, nacen y surgen de esta anterior:
la fe en la Resurrección... porque si no creemos, entonces... ya nos pueden contar la Biblia en verso...)


“No está aquí. Ha resucitado. Va delante de vosotros a Galilea”

(Mt 28,5-7 – Mc 16,5-7 – Lc 24,4-8)

Entraron en el sepulcro y, al ver a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, se asustaron y bajaron los ojos. Mientras estaban desconcertadas por esto, se presentaron dos varones con vestidos deslumbrantes. Pero el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les dijo: “No os asustéis; sé que buscáis a Jesús nazareno, el crucificado. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado, como dijo. Venid, ved el sitio donde lo pusieron. Recordad lo que os dijo estando aún en Galilea, que el hijo del hombre debía ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día”. Ellas se acordaron de estas palabras. [Y continuó:] “Id en seguida a decir a sus discípulos y a Pedro: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como él os dijo”.



“¡María!”. “¡Rabbuní!”

(Jn 20,11-17)

María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Contestó: “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús allí de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: “Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto, y yo iré a recogerlo”. Jesús le dijo: “¡María!”. Ella se volvió y exclamó en hebreo: “¡Rabbuní!” (es decir, “¡Maestro!”). Jesús le dijo: “Suéltame, que aún no he subido al Padre; anda y di a mis hermanos que me voy con mi Padre y vuestro Padre, con mi Dios y vuestro Dios”.


Aquellas palabras les parecieron un delirio, y no las creían

(Mt 28,8 – Mc 16,8-11 – Lc 24,9-11 – Jn 20,18)

Ellas salieron huyendo y se alejaron a toda prisa del sepulcro, porque se había apoderado de ellas el temor y el espanto, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo. Regresaron del sepulcro; con miedo y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos y contaron todo a los once y a todos los demás. Jesús resucitó al amanecer del primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios. María Magdalena fue a decir a los discípulos, a los que habían andado con él, que estaban llenos de tristeza y llorando, que había visto al Señor y a anunciarles lo que él le había dicho. Ellos, al oír que vivía y que ella lo había visto, no lo creyeron. Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas las que decían estas cosas a los apóstoles. Aquellas palabras les parecieron un delirio, y no las creían.


Jesús salió a su encuentro

(Mt 28,9-10)

De pronto Jesús salió a su encuentro y les dijo: “Dios os guarde”. Ellas se acercaron, se agarraron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: “No tengáis miedo; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”.


“Decid que sus discípulos fueron de noche y lo robaron”

(Mt 28,11-15)

Mientras ellas se iban, algunos de los guardias fueron a la ciudad y contaron a los sumos sacerdotes todo lo que había ocurrido. Éstos se reunieron con los ancianos y acordaron en consejo dar bastante dinero a los soldados, advirtiéndoles: “Decid que sus discípulos fueron de noche y lo robaron mientras dormíais. Y si eso llega por casualidad a oídos del gobernador, nosotros le convenceremos y conseguiremos que no os castigue”. Ellos tomaron el dinero e hicieron como les habían dicho. Y este rumor se divulgó entre los judíos hasta el día de hoy.


Dos de ellos se dirigían a Emaús

(Lc 24,13-35)

Aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos trece kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos; mientras ellos hablaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar con ellos. Pero estaban tan ciegos que no lo reconocían. Y les dijo: “¿De qué veníais hablando en el camino?”. Se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, llamado Cleofás, respondió: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha sucedido en ella estos días?”. Él les dijo: “¿Qué?”. Ellos le contestaron: “Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo, cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, pero a todo esto ya es el tercer día desde que sucedieron estas cosas. Por cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han dejado asombrados: fueron muy temprano al sepulcro, no encontraron su cuerpo y volvieron hablando de una aparición de ángeles que dicen que vive. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres han dicho, pero a él no lo vieron”. Entonces les dijo: “¡Qué torpes sois y qué tardos para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria?”. Y empezando por Moisés y todos los profetas, les interpretó lo que sobre él hay en todas las Escrituras. Llegaron a la aldea donde iban, y él aparentó ir más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque es tarde y ya ha declinado el día”. Y entró para quedarse con ellos. Se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces sus ojos se abrieron y lo reconocieron; pero él desapareció de su lado. Y se dijeron uno a otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Se levantaron inmediatamente, volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los once y a sus compañeros, que decían: “Verdaderamente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. Ellos contaron lo del camino y cómo lo reconocieron al partir el pan.


“¡La paz esté con vosotros!”

(Jn 20,19-23)

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”. Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros”. Después sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos”.


“Ved mis manos y mis pies.

Soy yo mismo”

(Lc 24,36-49)

Estaban hablando de todo esto, cuando Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros”. Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Él les dijo: “¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como ellos no creían aún de pura alegría y asombro, les dijo: “¿Tenéis algo de comer?”. Le dieron un trozo de pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Luego les dijo: “De esto os hablaba cuando estaba todavía con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras. Y les dijo: “Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Sabed que voy a enviar lo que os ha prometido mi Padre. Por vuestra parte quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto”.


Tomás no estaba con ellos cuando llegó Jesús

(Jn 20,24-29)

Tomás, uno de los doce, a quien llamaban “el Mellizo”, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo”. Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto”.

Ella fue a decírselo a los que habían andado con él

(Mc 16,9-16)

Jesús resucitó al amanecer del primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios. Después de esto se apareció con una figura distinta a dos de ellos en el camino, cuando iban al campo. Éstos volvieron a dar la noticia a los demás, pero tampoco les creyeron. Después se apareció a los once estando a la mesa, y les reprendió su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado de entre los muertos.


Jesús se manifestó de nuevo a los discípulos en el mar de Tiberíades

(Jn 21,1-14)

Jesús se manifestó de nuevo a los discípulos en el mar de Tiberíades. Fue de este modo: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás “el Mellizo”, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Le contestaron: “Nosotros también vamos contigo”. Salieron y subieron a la barca. Aquella noche no pescaron nada. Al amanecer, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tenéis algo que comer?”. Le contestaron: “No”. Él les dijo: “Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis”. La echaron, y no podían sacarla por la cantidad de peces. Entonces el discípulo preferido de Jesús dijo a Pedro: “Es el Señor”. Simón Pedro, al oír que era el Señor, se vistió, pues estaba desnudo, y se echó al mar. Los demás discípulos llegaron con la barca, ya que no estaban lejos de tierra, a unos cien metros, arrastrando la red con los peces. Al saltar a tierra, vieron unas brasas y un pescado sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: “Traed los peces que acabáis de pescar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, no se rompió la red. Jesús les dijo: “Venid y comed”. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: “¿Tú quién eres?”, pues sabían que era el Señor. Entonces Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio; y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que se apareció a los discípulos después de haber resucitado de entre los muertos.
 

“Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”

(Jn 21,15-19)

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Pedro le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis corderos!”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis ovejas!”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Pedro se entristeció porque le había preguntado por tercera vez si lo amaba, y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Jesús le dijo: “¡Apacienta mis ovejas!”. “Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te sujetabas la túnica con el cinturón e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás tus manos, otro te la sujetará y te llevará adonde tú no quieras”. Dijo esto para indicar con qué muerte iba a glorificar a Dios. Después añadió: “¡Sígueme!”.


Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas

(Jn 21,20-24)

Pedro se volvió y vio que lo seguía el discípulo preferido de Jesús, el que en la pascua se recostó en su pecho y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”. Pedro, al verlo, dijo a Jesús: “Señor, y éste, ¿qué?”. Jesús le dijo: “Si yo quiero que éste se quede hasta que yo venga, a ti ¿qué? Tú sígueme”. Y entre los hermanos se corrió la voz de que aquel discípulo no moriría. Y no le dijo que no moriría, sino: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, a ti ¿qué?”. Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y el que las ha escrito; y sabemos que su testimonio es verdadero.
 

Fueron a Galilea. “Id y predicad el evangelio”

(Mt 28,16-18 – Mc 16,15-18)

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean les acompañarán estos prodigios: en mi nombre echarán los demonios; hablarán lenguas nuevas; agarrarán las serpientes y, aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.


Se separó de ellos y subió al cielo

(Mt 28,19-20 – Mc 16,19-20 – Lc 24,50-53)

Jesús, el Señor, después de haber hablado con ellos, los sacó hasta cerca de Betania. Levantó las manos y los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y subió al cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Ellos lo adoraron y se volvieron a Jerusalén llenos de alegría. Se fueron a predicar por todas partes. Estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios. El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su doctrina con los prodigios que los acompañaban.


Estos milagros han sido escritos para que creáis. Otras muchas cosas hizo Jesús

(Jn 20,30-31; 21,25)

Otros muchos milagros hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Otras muchas cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, me parece que en el mundo entero no cabrían los libros que podrían escribirse.

Detalle de la Resurrección del Señor (pintado por "El Greco")

(Fuentes de las imágenes: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí; y más textos y reflexiones aquí)

17.1.14

Amor por las bibliotecas: cofres del tesoro (de libros)

Bibliotecas antiguas...

...Bibliotecas modernas...
 
Leer desde niño durante toda la vida...
...por el placer de leer, por la misión de conocer, por la responsabilidad de educar,
por el compromiso de transmitir el conocimiento adquirido a las nuevas generaciones...
...durante toda una vida...

8.1.14

"El encuentro" en el Desierto de Las Palmas


 
Pregunta-respuesta

1. ¿Qué es el Desierto de Las Palmas? Un lugar y una realidad poliédrica.

2. ¿Para qué sirve? Para hacer experiencia de retiro y, en el retiro, experimentar el encuentro.

3. ¿Cómo se usa? Con moderación, según la necesidad de cada persona/grupo y situación.

4. ¿Se puede resumir el Desierto de Las Palmas en tres palabras? Sí.

5. ¿Cuáles? “Supermercado del retiro”; “encuentro con Dios”; “naturaleza y espiritualidad”…

6. ¿De cuántas maneras se puede uno retirar en el Desierto de Las Palmas? Básicamente, de 2: en grupo o individualmente, con las características propias del grupo y de la persona.

7. ¿Qué sitios hay para poderse retirar? El Centro de Espiritualidad “Santa Teresa de Jesús”; la Casa de Oración “Santa Teresa”; el Albergue juvenil “El Carmelo”; el Albergue juvenil “Santa Teresita”; la Ermita de los Desamparados; la Ermita de Santa Teresa; la Ermita de Montserrat; la Ermita de San José y, recientemente, la Ermita del Carmen.

8. ¿Con quién hay que contactar para poderse retirar? Con las hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas si vas al Centro de Espiritualidad; con las hermanas Carmelitas Misioneras si vas a la Casa de Oración; con los religiosos Carmelitas Descalzos si vas a alguno de los Albergues juveniles o a alguna de las Ermitas del Desierto. Si vienes a retirarte libremente por el paraje, no hace falta que contactes con nadie: tú mismo…

9. ¿Para qué sirve retirarse principalmente? Para poder encontrarse con uno mismo, con los demás y con Dios.

10. ¿Qué beneficios trae retirarse así? En encuentro con uno mismo sirve, ante todo, para poder explicarse la propia existencia y, por tanto, responder las preguntas acuciantes que toda persona se hace en algún momento: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy? El encuentro con los demás sirve para el proceso de socialización y, en ámbito religioso y desde la perspectiva espiritual, sirve para el proceso pedagógico de personalización de la fe (en grupo, en confrontación con otros, etc.), verme acompañado en mi propio camino existencial, religioso y espiritual. Y el encuentro con Dios trae consigo el descubrir que no estoy radicalmente solo (pues los demás puedes desaparecer de mi vida o yo de la de ellos y sentirme realmente solo: pero Dios siempre está, siempre permanece, Dios no se muda en frase de santa Teresa de Jesús); y descubrir, por fin, que Dios ha hecho posible y me ha acompañado en los anteriores procesos: el de encontrarme a mí mismo y el de encontrar a los demás; así que en Dios lo encuentro todo y encuentro a todos, también a mí.
La Ermita del Carmen (a la izquierda), la antigua Portería Alta o del Carmen (en el centro) y la Ermita de S. Juan Bautista (a la derecha), formando el complejo de la Portería Alta del Desierto de Las Palmas (pues hubo una Portería Baja o del Mar del Desierto de las Palmas, arruinada y desaparecida en 1783, tras el incendio, la sequía y las lluvias torrenciales que asolaron todo el sitio del Desierto), actualmente en proyecto de restauración y de reconstrucción la ruina de la Portería Alta (todo ello, de la 1ª mitad del siglo XVIII).

(Texto creado a mediados de febrero de 2013, a raíz del X Seminario del Desierto, El Encuentro...)
(Para conocer algo del Desierto de Las Palmas, ver su web: www.desiertodelaspalmas.com)
(Para saber algo más y más reciente, ver el blog de la Asociación "Amigos del Monasterio del Desierto de Las Palmas": http://www.amigosmonasteriodesiertodelaspalmas.es/)

22.12.13

Paisajes... desde el tren (prosa poética)


Paisajes… desde el tren 
 
27-XII-1998 -
De Pompeya a Roma.
 
Diciembre
El diciembre…
a unos les llega en bañador
a otros, desnudas las ramas.


 
Las ramas
Unas se ayudan a otras,
las más grandes a las flacas.
Todas crecen, también las de los viñedos,
que suben gracias a esos troncos anudados
(parecen chopos grisáceos y retorcidos);
…como un tendido eléctrico enmarañado
—sin pámpanos es más fácil contemplarlo.
Una voluntad tercera, sin duda, está en medio de ellos.




El hombre
Sí… por cierto que uno de ellos me mira;
ahora son dos (también el de mi izquierda: 
se hace el despistado, pero está intrigado por lo que escribo)   
Muchos duermen, otros lo intentan
mas no lo consiguen. Pues mira:
aquí cada uno hace lo que sabe:
está el que piensa en sus negocios,
y el que duda entre un verbo en pasado
perfecto o imperfecto.    
Lo único importante
en estos impulsos del homo faber
viene a ser la autenticidad y 
transparencia.
¿Acaso es tan complicado?
 



La sencillez 
   
Estamos subiendo.
Se me taponan los oídos.
El tren, su existencia,
es mucho más sencilla:
va, viene,
trae, viaja y vuelve.
Él se deja llevar.
Sólo la caja negra registra sus acciones;
mas si le piden alguna explicación,
él sólo hace que remitir al verdadero
responsable… siempre se deja llevar;
y confía.
 
 
 
(Con imágenes de paisajes de Argentina, España y Australia.
Y con el paisaje del norte de Portugal en la mente, al escribir;
viendo desde el tren -al componer el poema- paisajes de Italia)