10.5.20

Los abrazos papales

Ya que no podemos abrazarnos a causa del coronavirus (Covid-19)
retomo la reflexión sobre "los abrazos papales", de gran significado
para el diálogo ecuménico o diálogo entre las Iglesias cristianas
(sobre todo entre cristianos católicos y cristianos ortodoxos)
que Oriente y Occidente se sigan abrazando mutuamente
aunque, por el confinamiento, aún no podamos...


En el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos... (comenzado por Paul Watson en 1905 y continuado hasta hoy -2020- en todo el mundo...), ofrezco esta breve reflexión:
 
(Reflexión sobre los abrazos entre Papas y Patriarcas ortodoxos en los siglos XI-XXI)
 
Abrazo entre el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Atenágoras I, y el Papa (Patriarca de Roma, Occidente), Pablo VI
Jerusalén ("Tierra Santa"), 1964
(910 años después del Cisma de Oriente, en 1054, en que Roma y Constantinopla se alejaron definitivamente;
previamente al abrazo, ambos líderes cristianos revocaron las sendas excomuniones que se habían dado en 1054)

Abrazo entre el Papa Francisco (Patriarca de Occidente) y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé
Jerusalén ("Tierra Santa"), 2014
Encuentro acordado por ambos, a los 50 años del abrazo entre sus predecesores, Pablo VI y Atenágoras I, respectivamente

 
1. La Ortodoxia, de acutalidad [1]
 
De todas las Iglesias orientales, la Iglesia Ortodoxa es la más importante y la que cuenta con más miembros[2]. Los últimos datos publicados dicen que las Iglesias ortodoxas cuentan, en conjunto, con unos 250 millones de fieles, siendo la Iglesia Ortodoxa Rusa, con 165 millones, la más numerosa[3].
 
La Ortodoxia oriental tiene una Iglesia especial, la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, cuya cabeza es el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (antes Bizancio, hoy Estambul), representante, cabeza simbólica, espiritual y en cierto modo organizativa de toda la Ortodoxia oriental.
 
Es una Iglesia no muy grande en número, pero sí que fue antiguamente la 2ª Roma, la Roma de Oriente...
De hecho, a partir del siglo XVI, la otra gran Iglesia, la Ortodoxa Rusa, quiso hacer de Moscú la 3ª Roma... (porque la Roma italiana era la primera, estaba claro; y la 2ª Roma era Constantinopla —todos lo sabían—; y, por tanto, la otra gran sede eclesial, la 3ª Roma, querían o quisieron que fuera Moscú...)
 
 
2. El reciente abrazo entre Francisco y Bartolomé I
 
El abrazo del Patriarca ortodoxo de Constantinopla con el Papa de los católicos representa el reencuentro de los apóstoles y hermanos Andrés (en la persona del actual patriarca Bartolomé I) y Pedro (en la persona del papa Francisco)[5].
 
Esto es tanto como decir: el reencuentro de las dos grandes Iglesias —la ortodoxa y la católica—. Ambas Iglesias fueron hermanas durante el primer milenio de la cristiandad (podríamos decir: desde el año 30, por ejemplo, [aproximado de la muerte y resurrección de Jesús] hasta el año 1054, cuando el cisma de Oriente).  
  
Encuentro y abrazo entre Francisco y Bartolomé I en el Vaticano (2013), un año antes de ir a Tierra Santa.
Este abrazo no fue tan sonado, evidentemente, pero preparó el reciente abrazo en Tierra Santa (2014).
   

3. Un milenio desde aquella separación...
  
Pero al comenzar el segundo milenio (en 1054) sobrevino la separación (como a veces ocurre entre hermanas..., pero, precisamente por ser hermanas, esa separación dura poco... y a los pocos días o a las pocas horas, alguna de ellas, si no ambas a la vez, después de reflexionar, se levantan, se ponen en camino hacia su hermana y le piden perdón: porque son hermanas y tienen un mismo Padre, que es el Dios de las misericordias, Dios del consuelo, Dios del perdón...).
 
Pero... está a punto de pasar el segundo milenio desde entonces —o sea: 1054-2054—, estamos de camino al año 2054 (total quedan 40 años hasta entonces: 2014-2054), de camino a esa fecha simbólica..., parece que ambas Iglesias se apresuran a reencontrarse, a perdonarse, a curarse las heridas producidas por la incomprensión, por el alejamiento, las sospechas, la falta de caridad...
 
Y por eso, hoy, vuelve a ser noticia la Ortodoxia.
Y vuelven a estar de moda los abrazos papales y patriarcales.


4. El valor de los abrazos

El abrazo entre un papa católico y un patriarca ortodoxo (y, en general, entre dos grandes lídderes o jefes de Iglesias) va más allá de un simple signo: supone un marcado compromiso por la unidad, la misma que Cristo quiso para los que estaban llamados a la salvación.

El papa Francisco y el patriarca Bartolomé I han puesto de actualidad a la Ortodoxia, con sus abrazos, sus gestos en Tierra Santa[6] y el mensaje conjunto que ambos hicieron público[7] con ocasión del 50º aniversario del primer abrazo entre el Papa de Roma y el Patriarca de Constantinopla, 910 años después del cisma de Oriente (1054-1964): el que se dieron Pablo VI y Atenágoras I en 1964, un año antes de finalizar el Concilio Ecuménico Vaticano II; abrazos reproducidos por los sucesores de ambos hasta hoy[8].

El Papa Benedicto XVI ya se encontró y se abrazó con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I (ver aquí). Como tantas otras cosas del pontificado de Benedicto XVI, ésta pasó desapercibida para la opinión mediática, pero no para los verdaderos observadores de la marcha de las Iglesias, y para los cristianos comprometidos de Oriente y de Occidente.

 
5. Los abrazos papales ecuménicos[9]

Los abrazos papales tiene gran significado e importancia. Hay que huir de las poses y tácticas político-estratégicas[10]; hay que evitar el «ecumenismo romántico», que podríamos llamar sentimental, traducido en un abrazo: «¡Si todo fuera tan simple como darse un abrazo!»[11]. A salvo todo ello, los abrazos papales facilitan el posterior diálogo teológico, precedido por un acercamiento de afectos, de posturas, de entendimientos[12].

Los abrazos entre los representantes de las respectivas iglesias tienen su misión, pues «nosotros jamás podremos llegar a la unidad en un congreso de teología. Hay que caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos», como ha afirmado el papa Franciso en la rueda de prensa informal que tuvo con los periodistas a bordo del avión que le llevaba de vuelta a Roma, tras el reciente viaje a Tierra Santa[13], en el que han sido muy llamativos sus abrazos con judíos y musulmanes (así como los abrazos con los líderes políticos de Israel y Palestina[14], en el Vaticano, en el encuentro realizado posteriormente a dicho viaje, siendo fruto del mismo).

Abrazos no sólo ecuménicos, sino también interreligiosos: el gesto de un abrazo papal..., viene a ser el símbolo del abrazo de 3 religiones: cristianos, judíos y musulmanes, las tres grandes religiones monoteístas, presentes en Tierra Santa (Israel, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, Egipto...): el siempre conflictivo Oriente Próximo... Un abrazo por la paz...


Como muestra, un botón. Uno de los mejores cronistas españoles del Concilio Vaticano ii, habiendo desestimado los abrazos (ubicándolos en el “ecumenismo romántico”) en su crónica de unos días antes, ahora se corrige a sí mismo con gallardía y aboga por ellos:

«La mejor noticia del día: también la Iglesia griega de Constantinopla tendrá en esta tercera sesión observadores oficiales. Hoy se ha sabido que, aparte del archimandrita Scrima, representante personal de Atenágoras, vendrán dos observadores oficiales: los profesores Romandis y Radopoulos. ¿Quién dijo que el abrazo de Jerusalén [entre Pablo vi y Atenágoras] había resultado un gesto estéril?[15] Nunca ha habido un amor estéril. Y nunca sopló el viento sin que la barca avanzase unas pulgadas. Hoy registramos con gozo el nuevo avance. Dios sea bendito. Y muchos ojos comienzan a ponerse en la reunión de Rodas, dentro de mes y medio[16]. ¿Veremos llegar ya en esta sesión a los representantes de todas las otras Iglesias ortodoxas que aún faltan?»[17]. Según el cálculo del P. Congar, hubo en el Vaticano ii hasta 98 observadores[18].
 
 
 
 




[1] La relación ortodoxo-heterodoxo, en Edward G. Farrugia (dir), Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano (en adelante: DEOC), Editorial Monte Carmelo, Burgos 2007, p. 321.
[2] Christopher O’Donnell – Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiología, Editorial San Pablo, Madrid 2001, p. 513.
[3] Ecclesia 74 (2014), p. 406.
[5] VV. AA., «Andrés y Pedro: reencuentro en Jerusalén», en Ecclesia 74 (2014), pp. 745, 747, 750-751, 773, 779. (Incluye: reportaje, varias noticias, comentarios y documentación diversa al respecto.)
[6] Cf. Ecclesia 74 (2014), pp. 825, 827, 829, 846-861; Vida Nueva n. 2.897 (7-13 de junio de 2014), pp. 1, 6, 32-33, 36-37, 40; Ecclesia 74 (2014), pp. 785, 787, 789-793, 816-822; Vida Nueva n. 2.896 (31 de mayo al 6 de junio de 2014), pp. 1, 5-6, 8-15; Ecclesia 74 (2014), pp. 745, 747, 750-751, 773, 779; Vida Nueva n. 2.895 (24 al 30 de mayo de 2014), pp. 1, 5, 23-30, 42-43.
[7] Francisco y Bartolomé I, «Peregrinación a Tierra Santa con ocasión del 50 aniversario del encuentro en Jerusalén entre el papa Pablo vi y el patriarca Atenágoras (24-26 de mayo de 2014). Declaración conjunta» (25.5.2014), mensaje publicado con otro título en el semanario religioso madrileño Ecclesia 74 (2014), pp. 847-848. A éste, ha seguido un discurso (tras el encuentro) a Su Santidad Aram I, Catholicós de la Iglesia Armena Apostólica de Cilicia, el 5 de junio pasado (sobre el título de katholicós, cf. DEOC, p. 376). Los encuentros se suceden con normalidad; y, tras ellos, los mensajes, discursos y declaración de intenciones por ambas iglesias en pro de la reconciliación, de la unidad y de la justicia (justicia-paz).
[8] «A partir del 1054 el nombre del papa dejó de mencionarse en la liturgia [ortodoxa], como signo evidente de la ruptura de la comunión (...). A pesar de los intentos de unión llevados a cabo en el concilio de Lyon ii (1274) y en el concilio de Florencia (1439), a mediados del siglo xv el cisma era total. Esta ruptura suponía un vivo contraste con la situación del primer milenio, descrita así por el Vaticano ii (...) (UR 14)» (Diccionario de Eclesiología, p. 513). Hubo una breve unión (8 años) bajo el emperador Miguel Paleólogo: cf. DEOC, p. 445. Un breve perfil necrológico del Papa Juan Pablo II (al poco de morir en 2005) redactado por el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I, aquí.
[9] También el ecumenismo se entiende como conversión; por ejemplo, la obra colectiva editada por P. Sgroi – R. Giraldo (a cura di), Ecumenismo come conversione. Omaggio a Tecle Vetrali. I.S.E. “S. Bernardino” (Quaderni di Studi Ecumenici), Venezia 2007.
[10] Cf. Hans Küng, Verdad conquistada. Memorias, Trotta, Madrid 2007 (4ª ed.), pp. 538-539.
[11] José Luis Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio. Segunda Etapa (t. 2), Propaganda Popular Católica (colección "Cosas de Dios", 19), Madrid 1963 (3ª ed.), p. 211.
[12] Sobre el ecumenismo, las Iglesias ortodoxas y otras Iglesias orientales: cf. Diccionario de Eclesiología, pp. 381-384 (cf. ib., pp. 373-392). Ver DEOC, p. 141 (monasterio de Chevetogne), 163-164 (concilios ecuménicos); 165-167, 496-497 (Congregación vaticana para las Iglesias orientales, creada en 1917), 207-209 (diálogos entre ortodoxos y católicos), 216-217 (presencia de los dominicos en Bari), 223-225 (eclesiología), 226-229; 342-343 (revista Irenikon), 347-348 (revista Istina), 488-490 (término griego "oikonomia", para entender el origen etimológico, teológico, espiritual y pastoral del "ecumenismo"), 552-555 (asociación o movimiento Pro Oriente, impulsado por el cardenal Franz König, arzobispo de Viena y gran protagonista del Concilio Vaticano II).
[13] En la revista semanal madrileña Vida Nueva n. 2.896 (31 de mayo al 6 de junio de 2014), p. 14.
[14] Sobre Palestina, cf. DEOC, pp. 516-520; y sobre Jerusalén, ver ibíd., pp. 355-359.
[15] Acerca de Pablo vi, cf. DEOC, pp. 512-513; sobre Atenágoras, ver ibíd., pp. 90-92.
[16] La I Conferencia Panortodoxa fue en Rodas, 1961; luego, la II y la III se celebraron también en Rodas, coincidiendo curiosamente con los tiempos de preparación y de celebración del Concilio Vaticano II; véase Diccionario de Eclesiología, p. 382. Sobre los ortodoxos: ver DEOC, pp. 165, 327, 449 (cuestión del catecismo ortodoxo); 43-44, 249-250, 605-606, 631 (ortodoxos en América); 80-82, 98-99, 464-465 (Asiria, Iglesia Asiria); 92 (Monte Athos); 121-122, 454-456 (ortodoxos en Bulgaria); 138-139 (en la República Checa y en Eslovaquia); 141-142 (en Chipre); 182-183, 456-458 (ortodoxos coptos); 245-246 (ortodoxos en Eritrea); 264 (en Estonia); 265-266, 294-296, 301 (en Etiopía); 283-284 (en Finlandia); 302-305, 407-408, 409-411, 458 (en Georgia); 273-277, 308-310, 458-460 (en Grecia); 325-326 (en Hungría); 351-352 (en Japón); 418-419 (en Macedonia); 438-439 (Iglesia Melquita); 540-541 (ortodoxos en Polonia); 575-576 (en Rumanía); 285, 360-361, 378, 460-461, 463-464, 576-579, 607-608, 656-658 (en Rusia); 608-9 (en Serbia); 616-617 (en el Monte Sinaí); 502-507, 612-613, 620-623; 625-626; 631-632, 655-656 (teología ortodoxa); 378, 576, 677-680 (ortodoxos en Ucrania); 691-692 (cuestión del Viejo Calendario en el seno de la Ortodoxia); 321 (la corriente espiritual ortodoxa del hesicasmo); 92, 449-461 (monaquismo ortodoxo); 54-55, 204-207 (relaciones de los ortodoxos con los anglicanos); 207-209 (relaciones de los ortodoxos con los católicos); 209-210, 508-509 (relacines de los ortodoxos con los luteranos).
[17] J. L. Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio. Tercera Etapa (t. 3), Propaganda Popular Católica (colección "Cosas de Dios", 26), Madrid 1965, p. 54.
[18] Yves Congar, Diario de un teólogo [1946-1956], ed. de É. Fouilloux, Trotta, Madrid 2004. Sobre Congar: Diccionario de Eclesiología, pp. 225-228; Juan Bosch (dir.), Dominicos que dejaron huella. A propósito de los 700 años de la Provincia Dominicana de Aragón, Edibesa, Madrid 2000; Id., A la escucha del cardenal Congar, Edibesa, Madrid 1994. Ver también La Vie Spirituelle 92 (2012), pp. 221-242. Finalmente, sobre el Concilio Vaticano II, ver DEOC, pp. 686-688.

Más información: aquí (fuente de la 2ª foto) y aquí (otro encuentro de Benedicto XVI y Bartolomé I).
 

9.5.20

San Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús, hoy en "ABC" y "ABC Cultural" (9.5.2020)

En el periódico español (de tirada nacional) ABC y en el suplemento ABC Cultural de hoy (9.5.2020) he hallado dos menciones:


1) "Soledad sonora" (verso del famoso poema Cántico espiritual de san Juan de la Cruz) en el titular de la noticia al hablar del vacío que hay en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid... 

 
Arriba: titular en negrita (detalle) -- Abajo: foto, titular y noticia
Se menciona un poema de José Bergamín; pero la expresión original "soledad sonora" es de san Juan de la Cruz 
 

2) Se menciona el libro de Las Moradas de santa Teresa de Jesús en la última respuesta de la entrevista cultural a Alaska (en la última página del suplemento del periódico ABC de hoy [9.5.2020]: el suplemento ABC Cultural): 

 Arriba: última pregunta de la entrevistadora (Carmen R. Santos) y última respuesta de Alaska (quien aparece en la foto central de la página completa reproducida abajo) en la última página del suplemento ABC Cultural, en donde menciona con toda normalidad el libro de Las Moradas de santa Teresa de Jesús (del siglo XVI) junto a los actualmente famosos cómics de Marvel (siglo XX, llevados al cine en el siglo XXI)
 


21.4.20

Intento de diálogo con el dichoso bichito...


Bichito, la que has liao... Has puesto el mundo patas arriba, literalmente. La economía mundial se ha paralizado (no digo nada de la nacional, claro, que la has dejado temblando y ya veremos cuándo se recupera o se reanima del paro cardíaco en que ha entrado). La cifra de infectados (que, para que no suene tan mal, los llaman contagiados o, aún mejor, 'positivos') es astronómica; y la cifra de los muertos (que eso suena más fuerte y se los llama fallecidos o aún 'finados') es..., ¿cómo encontrar adjetivo para describirla? Inmensa, desorbitada, excesiva... (es que has matado diez veces más que la gripe común y en un tiempo récord, que es lo que ha dejado a todos pasmados); cifra intolerable.

Ay, bichito, la que has liao... A base de agua y lejía y de lavarse las manos continuamente, que no hay otra cosa en el día que se repita tanto. Y todos confinados o encerrados o sin poder salir de casa; que para muchos eso es lo peor. Pero, claro, hay cosas mucho peores, como ser 'positivo' o ingresar en una UCI o no salir de ella... bueno, salir sí, pero ya no volver a ningún otro sitio más, nunca...

Y entre la muerte en soledad y la vida encerrada, ¿qué hacer? ¿qué decir? ¿qué orar? Sin entender...

Resulta que te has colado en nuestro mundo, en nuestras vidas, en nuestras muertes, en todo...
Ya no hay famosos, ya no hay deportistas endiosados, todos igual de humanos e igual de débiles.
Solo quedas tú dando la murga a todo el mundo, movilizando ejércitos, sanitarios, voluntarios...
Solo tú, que andas de acá para allá, en las mucosas, en los contactos, en el aire, en las gotitas...
Y seguimos restregando fuerte las manos con jabón, alcohol, desinfectante, con... ¿Con qué más?

Te has colado de manera insidiosa, sin permiso, sin previo aviso, sin autorización...
En el siglo de la globalización sin fronteras, has creado más fronteras, más temor entre unos y otros.
Desde ya los españoles ya no podremos viajar a 150 países del mundo. O sea, más encerramiento.
Y todo esto ¿de qué va?, ¿tiene algún sentido?, ¿tiene sentido que tenga algún sentido? O sinsentido

Creo que nos has puesto delante de nuestras narices (sin permiso, sin autorización, y eso molesta) el sentido de las cosas esenciales, que son pocas y muchas veces las olvidamos por ser tan esenciales:
- la soledad: nacemos, vivimos y morimos solos (¿quién nos llama a la vida, quién a la muerte?)
- el cuidado: cuidarse uno, cuidar de otros, cuidar el planeta (¿quién nos dio la tierra?)
- la creatividad: que, en los peores momentos, se llama 'resiliencia' (sobreponerse a la fatalidad)
- el encuentro: crear ámbitos de encuentro los que viven juntos (no es lo mismo juntos que unidos)
- la aceptación: aceptarse (y quererse) uno mismo, para así poder aceptar (y querer) a los otros...
- la espiritualidad: practicar la fe en espíritu, sin actos externos-públicos; experiencia de encuentro.

En realidad, bichito, puedes servir (de lo poco que puedes servir, vaya) para purificar nuestra fe.
Si nuestra fe se quedó anclada en el pasado, la azuzas para que se ponga rápidamente al presente.
Si nuestra fe se quedó en solo actos, sin experiencia de encuentro, nos quitas los actos: fe desnuda.
Si nuestra fe se ablandó en su experiencia, se enmoheció, descubres el moho y el polvo acumulado.
Si nuestra fe se tambalea ante lo inexplicable, nos redescubres el valor del milagro (¡descreídos!).

Y a los que nos sobra la palabra, nos la quitas, nos enmudeces (¡no hay derecho!)...
Para recordarnos que hay una sola Palabra y habló en eterno silencio y en silencio ha de ser oída...
Mucho ruido teníamos. Tú nos has dejado en silencio. Tanto silencio agobia. Aunque sirva para los geodestas, científicos y los que miden la tierra, el planeta, porque ahora apenas hay vibraciones en todo el planeta, y sus medidas resultan mucho más exactas ahora más que nunca...
Tampoco hemos contaminado durante estos meses. Ruido es polución. Silencio es sanidad, salud.
No sabemos qué hacer con tanto silencio. Fe silenciosa. Oración silenciosa. Sentido de la vida.
Queríamos seguir como siempre, cada uno en lo suyo, pero te colaste, bichito, y la que has liao...


23.6.19

Sobre los "convertidores"

Introducción

Permítanme los lectores autorreferirme a mi condición de guía turístico-espiritual por el país o por el continente de los conversos, Conversilandia, para profundizar en una cuestión clave en la conversión personal: ¿Quién convierte a los conversos?

Aquellas personas que han ejercido un influjo especial y determinante en el proceso de conversión al catolicismo (o de reconversión, si ya eran católicas) de otras personas, a ésas yo las llamo "convertidores".

Esa acepción de "convertidor", obviamente, no se halla en el Diccionario de la lengua española (ni en el oficial -el D.R.A.E.- ni en el oficioso -el María Moliner-) ni seguramente vaya a figurar nunca, debido al complejo de inferioridad de la sociedad española, tan anticatólica ella como incoherente en sus máximas, ya que luego se santiguan en las nuevas "catedrales" del dios-deporte ante millones de seguidores (presenciales y virtuales, por los medios de comunicación de masas) sin rechistar, ni se rompe las vestiduras cuando claman a santa Bárbara para conseguir un imposible. O es que a lo mejor necesita de reconversión esta sociedad, tan católica antaño y tan extraña hogaño, que no la reconocen ni los Reyes Católicos que la parieron. Será por cuestión de convertirse...

O a lo mejor es que ha de ser evangelizada de nuevo, porque ya no puede vivir de rentas del pasado... Haciendo recuento, veamos las evangelizaciones de la sociedad española:
- evangelización paleocristiana primera (con la conversión de los descendientes de los íberos, celtíberos, celtas, fenicios, griegos y romanos) [siglos I-IV];
- evangelización altomedieval previa a la invasión musulmana (con la conversión del rey y el pueblo visigodo) [siglos V-VII];
- evangelización en el tiempo de las tres culturas (durante la Reconquista y antes de las expulsiones de judíos y musulmanes: con el gran papel 'convertidor' de san Eulogio y los innumerables mártires cordobeses, muchos de ellos conversos) [siglos VIII-XIV];
- evangelización en la era moderna de la expansión americana y mediterránea [s. XV];
- evangelización imperial (en el tiempo del imperio español);
- evangelización en el constante período de guerras "de religión" (porque la religión, corrompida, llegó a matar) [siglos XVI-XVII];
- evangelización en medio de "las luces" críticas [siglos XVIII-XIX];
- evangelización en la decadencia primera y el decadentismo posterior [siglos XIX-XX];
- evangelización de las utopías romántica, superrealista, ingenua y anárquica [s. XX];
- evangelización existencial del existencialismo postguerras-mundiales [s. XX];
- evangelización en la era nuclear...
Y, por fin, la nueva evangelización del beato Juan Pablo II y hasta un dicasterio vaticano propio en la era de Benedicto XVI antes de su sonada renuncia.

Pero vayamos al asunto que nos trae de nuevo a estas generosas líneas, recuperando o ahondando la tradición de analizar en varias entregas alguno de los elementos fundamentales de nuestra espiritualidad católica, como en este caso lo es la conversión y, más concretamente, las influencias personales para que aquélla sea un éxito.


Comparación por oposición

Al pensar en convertidores, y gracias a las largas lecturas realizadas, me viene a la mente una pareja (o trío, por mejor decir) de ases en eso de influenciar a otros para que se conviertan: Léon Bloy, por un lado; y el matrimonio Maritain, por otro. Padrino y ahijados. Un torrente de genio y cultura (Bloy), y un torrente de bondad y sabiduría (los Maritain).





Léon Bloy (izq.)
y
los Maritain (dcha.)
 (Jean y Raisa)





¿Cómo es posible que se quisieran tanto y que aquél lograra la conversión de éstos? Algo inaudito, ciertamente. Pero para el incrédulo recomiendo la lectura de los apasionantes epistolarios entre uno y otros, publicados óptimamente por Les Éditions du Cerf (París).


Comparación por sincronía

Es lo que creo que acaeció entre el padrino Louis Massignon (converso) y el ahijado Jean-Mohammed Abd-el-Jalil (también converso). Ambos vibraban en dos tonalidades: la franciscana y la foucauldiana. Massignon fue terciario franciscano y Jean-M. Abd-el-Jalil fue fraile-sacerdote francsicano (ofm). Massignon fue arabista e iranólogo; y Abd-el-Jalil fue secretario del dicasterio vaticano para el diálogo interreligioso, evidentemente, versado y volcado en el diálogo con el Islam. ¡Cuántas conversaciones, discusiones, debates, reflexiones, buenos deseos, decepciones, bellos proyectos, logros y fracasos pudieron compartir ambos!, de lo cual solo una pequeña parte ha quedado escrita en la correspondencia entre esos conversos de mente y corazón privilegiados.

Creo, pues, que hubo sincronía entre los 2:
- sincronía en los deseos (hacia el Islam);
- sincronía en la vertiente "conversiva" (más dialógica y cultural que puramente apologética y batalladora);
- sincronía en lo eclesial (en un tiempo de cierta ingenuidad, en la que el terrorismo islámico estaba lejos de globalizarse, como hoy, y en un tiempo en el que parecería que todo el líquido amniótico era el debate de todas las propuestas de acción...).



Comparación por paradoja

Aquí estarían o cabrían bajo esta curiosa denominación o etiqueta -cuando estoy en contra de las etiquetas- los "contra-convertidores" o enemigos acérrimos de los convertidores, que, final, curiosa y paradójicamente, acaban convirtiéndose ellos mismos y terminan por ser eso mismo que antes odiaban: "convertidores".

El primero fue el apóstol san Pablo (pasó de perseguidor a convertidor). El segundo -y ahora me voy a la tradición piadosa- debió ser Poncio Pilato (que, según esa tradición, fue trasladado a Irlanda, donde se convirtió y fue enterrado bajo un venerado árbol). Del tercero, cuarto y quinto... hasta el enésimo, tengo cientos de folios escritos, que no es cuestión de meter aquí en pelotón, por el temor a ser tildado de prolijo.

En estos casos se evidencia palmariamente, se muestra a las claras, se palpa en cada gesto y actitud... el gran, inmenso, infinito y, por ello, inabarcable e indefinible poder de la Gracia. «Gracia y pecado» es el título de uno de los tratados teológicos clásicos; aquí se desmenuza en las vidas de estso auténticos santos -canonizados o no- que finalmente se dejan vencer por la Gracia (en todas sus exteriorizaciones y connotaciones). Ya lo dejó escrito Teresa de Jesús: «me forzó para que me hiciera fuerza», y esto lo dice de Dios, la muy atrevida (porque «Teresa no tiene otra palabra que decir que "Dios"», leemos en Solo Dios basta, de Maximiliano Herráiz [Madrid 1982]). Y no se equivocaba Teresa...

Jacob luchó con el ángel y digamos que quedaron en "empate técnico", llevándose cada uno lo que quería -aun sin saberlo- (el uno, Jacob, la voluntad del otro -el ángel- de hacer como deseaba; y el otro, el ángel, la promesa o el pacto, cerrado con la lucha, por el que Jacob sería Israel, continuador de la promesa y heredero de sus maravillas: ser padre de pueblos).

Así acaece desde los tiempos ante-cristianos: todo el creyente que se precie, ha de luchar con Dios; pregúntenselo si no a Jonás -existiera o no-, que es el modelo y paradigma del convertidor peleón. El diminuto libro de Jonás (en la Biblia) viene a ser El principito de la literatura sobre conversos y convertidores: un relato que tiene forma de cuento para niños pero que, asombrosamente, lo leen más los adultos que recuerdan con humor que entraron en la vida siendo niños y saldrán de ella del mismo modo; y por eso sonríen, porque se acuerdan de Jonás y piensan: «es que yo soy un poco Jonás, tan recalcitrante y gracioso, que quiero luchar con Dios pretendiendo ganarle la partida». Pero hete aquí que siempre la acaba ganando Él. Y gracias a Dios, nunca mejor dicho.

(Porque, de no ser así, no habría existido la Iglesia y, sin exagerar, no habría acontecido aún la Encarnación, principio de todos nuestros bienes; pues Dios andaría todavía viéndoselas para vencer al hombre en su empecinamiento por no convertirse [ganar la lucha contra Dios]; pero Él ya ganó a Jonás y eso nos sirve y nos alivia...)


Comparación por humor

Lo anterior nos lleva a proponer este otro grupo (característica que comparten un poco todos los grupos): el humor en el proceso de conversión, tanto de los conversos sencillos como de los conversos que acaban desempeñando el oficio de "convertidor".

He hallado numerosos casos en el ámbito protestante, estupendos ejemplos de figuras preminentes en el protestantismo que, debido a un buen golpe de humor divino -así lo interpretan ellos mismos-, se convierten en fervientes católicos y son investidos automáticamente con la toga o el birrete del 'convertidor'. Me voy a refrenar y sólo transcribo el ejemplo del comunicador Marcus Grodi, pastor presbiteriano casado, a quien Dios le gasta una broma tal, que hasta su esposa se ríe a gusto con Él de él... Dice así:
  
        «Una mañana me levanté antes del amanecer. Tomé mi diario, una silla de plegar y la Biblia y me fui a sentar en un campo al lado de mi iglesia. Era mi hora favorita, cuando los pájaros cantan y despiertan al mundo. (…). A veces observaba a los gorriones y meditaba sobre la sencillez de su vida.

Sentado en silencio en un campo cubierto de rocío esperando que se levantara el sol, leía la Biblia y meditaba sobre las preguntas que me habían inquietado y compartía mis preocupaciones con el Señor. La Biblia me aconsejaba no “apoyarme sobre mi propio entendimiento”, así que estaba decidido a confiar en que Dios me dirigiera.

Estaba pensando abandonar la pastoral y vi que tenía tres opciones. La primera era encabezar un ministerio para jóvenes en una iglesia presbiteriana grande que me había ofrecido el puesto. La segunda era dejar el ministerio y volver a la ingeniería. Y la tercera posibilidad era volver a estudiar, completando mi educación científica para abrir nuevos horizontes en mi profesión. Había sido aceptado en un programa de postgrado en biología molecular en la Universidad Estatal de Ohio. Me quedé pensando sobre estas opciones y pidiendo a Dios que me guiara. “Una voz audible sería extraordinario”, pensé sonriendo, mientras que cerraba los ojos y esperaba la respuesta del Señor. No tenía ni idea en qué forma vendría, pero la respuesta no tardó en venir.

¡Mi ensueño terminó de repente cuando un gorrión gorjeando alegremente voló sobre mí y me ensució la cabeza! “¿Qué me estás diciendo, Señor?”, grité con la angustia de Job. El trino de los pájaros fue la única respuesta. No hubo una voz del cielo (ni siquiera una risa disimulada), sólo los ruidos de la naturaleza despertando de su sueño en un campo de maíz en Ohio. ¿Fue un signo divino o sólo una observación de mi Hermano Pájaro sobre mis preocupaciones? Disgustado, agarré la silla de plegar, tomé la Biblia y regresé a casa.

Más tarde ese día, cuando compartí las tres opciones que consideraba con mi esposa Marilyn y le conté lo del incidente sucio con el pájaro, se rió y exclamó con su sabiduría habitual, “Lo que significa, mi querido Marcus, es que Dios está diciendo: ‘¡Ninguna de las tres!’ ”.

Aunque hubiese preferido un método de comunicación menos humillante sabía que nada sucede accidentalmente y que ni los gorriones ni su excremento caen a tierra sin el conocimiento de Dios. Me tomé esto como una cómica sugerencia de Dios para que permaneciera en el ministerio» (en la obra colectiva de P. Madrid, 2003: pp. 46-47).


Comparación por afinidad profesional

La poetisa Edith Sitwell, conversa por influjo
de la lectura de los sermones del también
 converso cardenal John Henry Newman.
Esto es lo que le ocurrió a Edith Sitwell leyendo los sermones del cardenal Newman. Conversa ella, converso él. Éste por haber leído mucho; ella por haberle leído a él -incluso los sermones de cuando era anglicano todavía...
 
Así es la Gracia de penetrante: se aprovecha de la rendija que le dejamos (la afinidad profesional) para entrar y hacer estragos con nuestros clichés, enfados, traumas y complejos personales, de modo que aquí se prueba de nuevo el clásico principio de que la Gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona.

Él, un literato al uso en cuanto a leer y escribir se refiere (literato eclesiásticamente hablando, claro: en teología, en homilética, etc.).
Ella, una literata en sentido lato (poetisa y crítica literaria), que buenos ratos dedicó a imbuirse de la prosa envolvente y fogosa del eclesiástico inglés, ya difunto.

Sermones decimonónicos convierten a una escritora famosa del siglo XX. Casi diez años antes de morir, Edith se convierte, y ella misma dice que fueron aquellos sermones los que obraron esa 'influencia' para que se produjera con éxito tal conversión.

*         *         *         *         *

También está el sonoro caso del escritor Chesterton y del profesor Joseph Pierce. Este llegó a ser un matón en sus años jóvenes hasta que en la cárcel leyó las obras de Chesterton, y eso le transformó de pies a cabeza; tanto es así que se ha vuelto un chestertoniano y ahora enseña literatura inglesa, comparada y sobre conversos al catolicismo; ha dado muchas entrevistas por todo el mundo, también en España.


Comparación por consanguinidad

Hay numerosos casos de conversos que acaban siendo "convertidores" de su propia familia: padres de familia que, con paciencia y perseverancia y, sobre todo, mucho amor y comprensión, consiguen -con la mediación de la Gracia- la conversión de su esposa, de sus hijos, de algunas nueras y algunos yernos, de algunos sobrinos... O también alguna hija "díscola", como pudo ser Raisa Maritain, que fue el medio para la conversión de su padre, de su madre, de sus hermanos... de su familia entera, amén de muchos otros amigos y colaboradores que pasaban por la casa de los Maritain.

Las matriarcas rusas obligadas a exiliar a Europa occidental a causa de su conversión al catolicismo son otro ejemplo palmario de 'convertidoras' por consanguinidad: con su ejemplo arrastran a la fe católica a muchos de sus familiares: hijos, hermanos, esposos, sobrinos, ahijados, protegidos, parientes lejanos... Entre ellas, las princesas o marquesas o duquesas Rostopchín, Swetchín, Shuvalov y, en especial, Golichín, entre las familias más conocidas de la aristocracia rusa católica de los siglos XVIII y XIX, principalmente (conversas, a su vez, por influjo de grandes jesuitas).

Esto desmiente el dicho plurisecular (Jesús lo menciona en el Evangelio): «No se es profeta en su tierra». Resulta que todos estos "convertidores" por consanguinidad sí que lo son. Y parece que es lo más difícil, ciertamente: el ejemplo cotidiano de las virtudes, la devoción y la entrega total a Dios, mezclado con el cariño y la acogida de sus familiares... todo ello junto ha provocado, a lo largo de la historia, que haya 'convertidores familiares', por decirlo así.

Un ejemplo diverso es el de Alfonso de Ratisbona. Digamos que no fue su familia sino sus amigos, que se sentían como de su familia (en espíritu), los que por medio de la acogida, la escucha, la bondad, la oración de intercesión, el sacrificio, la compasión, etc., lograron preparar a Alfonso para el inesperado encuentro con la Virgen María (la Milagrosa) y su conversión fulminante. Podría ser otro modo de consanguinidad: en el espíritu.

En definitiva: todo don -y el don de la conversión sobre todo- conlleva una gran responsabilidad. Para muchos, esa responsabilidad se traduce en comunicar el mismo don y en compartirlo -con la ayuda de la Gracia- con sus congéneres, sus semejantes... de modo que la conversión personal acaba siendo, de modos diversos, conversión colectiva.